Voces canarias: Villancicos (IV): Rondalla Lo Divino de Santo Domingo Santa Cruz de La Palma

El tenor palmero Juan Antonio Nogueira interpreta el villancico «Oh dulce niño amado» junto a la Rondalla Lo Divino de Santo Domingo. Navidad Palmera Iglesia de El Salvador Santa Cruz de La Palma

Las rondallas de Lo Divino marcan la melodía de la Navidad especialmente en Santa Cruz de La Palma. Agrupaciones que recorren cada rincón del casco histórico, también escudriñan los barrios, con una historia a sus espaldas que en algunos casos supera los 60 años cargados de vivencias nocturnas. No son solo villancicos, forman una parte de la esencia más genuina de la fiesta y, a la vez, un auténtico vivero del que se nutren, del que incluso han nacido, las principales formaciones de una capital con una rica trayectoria musical.

En la capital, las iglesias se han tenido que adaptar a las prioridades de los fieles, a los nuevos tiempos, colocando las ceremonias a horas más tardías. Eso sí, la parroquia de San Francisco mantiene las misas de los sábados y los domingos en ese período a las siete de la mañana. El resto de días, las programa a las ocho de la tarde. Son, con seguridad, de los encuentros en los templos que más fieles concentran, debido, en gran medida, al interés que despiertan los propios villancicos.

Desde la rondalla más antiguas, como es la de El Salvador, aunque San Francisco es la que más años se ha mantenido de forma ininterrumpida a lo largo de los últimos 62 años, hasta las más modernas, Estrellas de Belén o los divinos del Kiosco Eliseo, se mueven de forma sigilosa entre las calles de la ciudad. Evitan el ruido. No desean alterar el descanso con su presencia. Solo con su música y sus voces, lo que durante décadas les ha permitido encontrar el calor de los vecinos, acostumbrados por estas fechas a abrir sus ventanas o incluso tener preparados aperitivos en el interior de sus domicilios (son los más amantes de la tradición) o premios que entregan dentro de sobres para agradecer lo que algunos entienden como el comienzo de la Navidad, a la que en verdad siempre se le ha cantado en diferentes formatos a lo largo de múltiples países.

El nacimiento de Lo Divino se une directamente a aquellos estudiantes palmeros que marcharon a estudiar a La Laguna y que rondaron las calles de la Ciudad de los Adelantados a finales de los 40 o principios de los 50 del siglo pasado. Quizás fue una forma de disfrutar la noche con lo mejor que sabían hacer: tocar y cantar los «cuatro» villancicos de la época. Fue el germen de la primera rondalla: El Salvador.

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