XXXII Recital Folklórico de Navidad 2018. Universidad de La Laguna
Del 17 diciembre al 21 diciembre de 2018
Facultad de Educación. Calle Delgado Barreto
San Cristóbal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife 38200 España + Google Map
Llega la Navidad y siempre hay un toque de ilusión que se presiente y se respira por mal que puedan ir las cosas, una magia que nos envuelve y nos transforma de nuevo en niños, recordando el calor de la mesa familiar y aquel juguete que nos hizo tan felices aquella mañana.
Y como de recordar se trata y de no apagar esa llama encendida del pasado, que nos sigue dando luz en el presente, me relata mi madre sobre su infancia, cuando la Navidad llegaba a las cuevas de La Caldera en el Sur de Tenerife y el inconfundible olor a carne de baifo, gallina o conejo, alimentaba el ambiente, así como los rosquetes, galletas y bizcochones del horno de “Benito el Cojo”. Eran tiempos felices y la tranquilidad se endulzaba algunas tardes al olor del café con azúcar quemada de Seña Vitoria, sentada en la puerta de la cueva.
Cada cueva un hogar, y todos en familia celebraban la Nochebuena el 24 de diciembre, gente trabajadora y humilde que no dudaban en abrir la puerta y ser generosos con el vecino. Las familias se reunían y hacían parrandas, y la noche del 31, después de cenar salían a cantar villancicos y Años Nuevos, recuerda mi madre un grupo de gomeros y chasneros que llegaban calladitos a las puertas y allí dedicaban estrofas a los niños y a los mayores, como estas que cantaban en la puerta de mi abuela María Antonia y mi abuelo Avelino:
“Señora María
maestro Avelino,
nos abrió la puerta
nos invitó a vino”“Maestro Avelino
un gran caballero,
un hombre formal
de los plataneros”“Nos abrió la puerta
y con mucha fama,
le ha dado un duro
a Manolo Armas”“A la niña Rosa
del cielo le baja,
una muñequita
vestida de maga”
Les abrían la puerta y se les invitaba a dulces y a una copa de vino o de anís y allí se pegaban un rato tocando. Y así, de puerta en puerta, se pasaban la noche al son de guitarras, timples y botellas de anís. Y eso, que fue allá por los años 50 del pasado siglo, debería seguir vivo en nuestra memoria, sin dejar que caiga en el olvido, porque cada cuevita de La Caldera y de cualquier lugar de nuestra amada Tierra Canaria, era un Portal de Belén, donde nacían y morían los mesías de nuestra Historia, de nuestro legado cultural y la estrella que los alumbró a ellos, sigue alumbrando hoy con más fuerza que ¡Feliz Navidad!

