Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna «Antonio el Puntero» (XVI). Por Julio Torres

Prueba de la arquería a las puertas del «Puntero».
Una Navidad hecha entre todos
Si contemplamos en su conjunto aquellas iniciativas, comprenderemos mejor el verdadero significado de la peña «Caldisín». No se trataba solamente de un grupo de amigos que se reunía para comer, beber y conversar, sino de hombres capaces de transformar sus ideas en realidades mediante la colaboración de numerosos laguneros. Unos aportaban conocimientos técnicos; otros, materiales; algunos dedicaban sus horas libres al trabajo manual, mientras los niños participaban con la ilusión propia de su edad. Los comerciantes y las instituciones contribuían, desde sus respectivos ámbitos, a que aquellas iniciativas pudieran llevarse a cabo. La Obra Sindical de Educación y Descanso y el Ayuntamiento aparecían como organizadores oficiales, pero buena parte del impulso y del trabajo nacía de aquellas reuniones informales de la peña.
Y es precisamente esa dimensión humana la que merece ser recordada, porque las primeras arquerías de La Carrera y Herradores, la estrella de Belén y el nacimiento monumental de la plaza de la Catedral no fueron solamente elementos decorativos, sino también el resultado de una manera de entender la convivencia ciudadana. Resulta entrañable pensar que algunas de aquellas decisiones se adoptaran en una casa de comidas situada en el entorno de la Catedral, mientras Antonio atendía a sus clientes, servía el vino y preparaba los platos que tanta fama dieron a su establecimiento. Allí, los integrantes de «Caldisín» discutían sobre las próximas fiestas, la necesidad de conseguir materiales, la organización de los trabajos, la búsqueda de colaboradores y la manera de resolver los problemas que inevitablemente surgían. No todo serían acuerdos inmediatos; seguramente habría opiniones encontradas, propuestas que no prosperaban y discusiones que terminaban con alguna broma, pero lo importante era que las iniciativas salían adelante.
De Casa del Puntero a las calles de La Laguna
Y cuando llegaba diciembre, La Laguna comenzaba a transformarse. Las calles de La Carrera y Herradores se iluminaban con aquellas arquerías, la estrella de Belén anunciaba la proximidad de la Navidad y el monumental nacimiento de la plaza de la Catedral se convertía en uno de los lugares más visitados. Detrás de cada una de aquellas realizaciones había nombres y apellidos, algunos conocidos y otros que el paso del tiempo ha ido borrando de la memoria colectiva. Por eso resulta justo recordar a Andrés Galván, José Manuel «Fósforo», Severiano «Chachi», Cristóbal «el Electricista», Fariña «el Pintor», Miguel Palmero, Tomás Morales, Juan «Pitera» y Juan Ríos Tejera, «Juanito Cabeza», así como a los trabajadores de Transportes de Tenerife, a los electricistas que colaboraron sin cobrar por su trabajo y a aquellos niños laguneros que, después de salir de la escuela, pintaban bombillas para iluminar las calles de su ciudad. Todos ellos fueron, de una manera u otra, protagonistas de aquellas Navidades.
