Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2018 (y VIII). Por Rosario Álvarez Martínez

(…) Y dejamos al Cristo en su recorrido procesional para volver como al principio al baúl de mis recuerdos y vivencias personales de lo que ha sido para mí esta hermosa, serena y noble ciudad de La Laguna, que ha sabido como ninguna otra conservar su pasado y adaptarse a los nuevos tiempos. De ella puedo decir muchas cosas, pues mientras escribo estas líneas se me agolpan en la mente más que recuerdos concretos sensaciones y sentimientos que me hacen revivir mis largos paseos por los caminos de la vega, que he recorrido tantísimas veces en busca de paz, sosiego o simplemente de contacto con la naturaleza, con los árboles de hoja caduca que me muestran el paso de las estaciones, con el mundo rural de los campos de trigo o de los establos de vacas que aún existen, de los frutales o de las zarzamoras que crecen sobre las paredes de piedra de sus huertas. Pero dejando al margen esa prolongación verde de la ciudad que tanto me gusta y con la que siempre sueño cuando estoy inmersa en la vorágine de una gran ciudad -me sirve de consuelo la verdad mientras hago mías las palabras del poeta Francisco Izquierdo “Laguna de Tenerife, cómo te llevo en el alma…-, dejando al margen, repito, esta zona verde, el casco de La Laguna me atrapó desde mis tiempos estudiantiles para el mundo de la investigación histórica.
Y es quesi bien Santa Cruz fue para mí la ciudad que me inició y me condujo por las sendas de la música clásica, con su Conservatorio, Orquesta Sinfónica, grupos de cámara, etc, amén de otra serie de instituciones y sociedades, La Laguna fue la ciudad que me zambulló en el mundo de la investigación histórica, con sus numerosos archivos y entidades científicas. Mi contacto temprano con el Instituto de Estudios Canarios me dio la oportunidad de conocer a muchos notables investigadores de diversos campos, tanto humanísticos como científicos, de los que aprendí mucho, especialmente de su director de inicios de los ochenta don Enrique RomeuPalazuelos, hombre muy culto, de exquisito trato, que me brindó la oportunidad de organizar tertulias musicales en la Casa de Ossuna, rememorando otras de épocas pretéritas. Por ese tiempo conocí también la Real Sociedad Económica de Amigos del País, con su espléndida biblioteca antigua instalada en apretados anaqueles antes de pasar a los actuales compactos-, que tan solo con el olor de los libros viejos forrados de pergamino, se despertaba el apetito de abrirlos, consultarlos y de pasar entre ellos largas horas. Asistíallí también a algunos actos en el contiguo salón presidido por un retrato de Carlos III que nos transportaba a épocas pretéritas.
También recuerdo mis visitas casi diarias al convento de las Catalinas mientras duró la restauración del órgano germano del siglo XVII u otras al vecino cenobio de las Claras, las tardes en el archivo de la Concepción rodeada de legajos, extrayendo de sus libros de fábrica todos los datos referentes a la música mientras su párroco de entonces, el fallecido don Segundo Cantero, atendía las consultas de sus feligreses. Todo ello me arrastraba a conocer La Laguna por dentro sin tener que levantar los tejados para hacerlo, como el protagonista de la novela de Vélez de Guevara El Diablo Conjuelo.
Y qué decir del Archivo Diocesano en su ubicación anterior del Seminario, en el que compartía conocimientos y comentarios con su director de entonces don Julio Hernández y con un grupito de investigadores que han seguido en la brecha y se han convertido en auténticos historiadores del arte y también en mis amigos, mis amigos de los archivos los llamaba, con los que celebraba cada hallazgo con regocijo. Aquellos tiempos fueron para mí hermosos, a los que se sumaron aquellos que pasé en la hemeroteca de nuestra Universidad consultando prensa para otro tipo de trabajos o en el Archivo Histórico Provincial, primero instalado en Santa Cruz y luego ya en La Laguna, junto a la Universidad. Nadie se imagina la felicidad que puede proporcionar un archivo.
Y mientras tanto, aprendí del siglo XVII, o las tardes en el archivolas Catalinascriterios, otras no lo han sido tanto.e comenzaron mhos de los que estnta conocer a historiadores del pasado como fray Alonso de Espinosa, Núñez de la Peña, Viera y Clavijo y José Rodríguez Moure, o más recientes como Elías Serra Rafols, Buenaventura Bonnet, Leopoldo de la Rosa, Manuela Marrero, etc.y quedé encantada con los cronistas y memorialistas como José de Anchieta y Alarcón, Lope Antonio de la Guerra y su sobrino Juan Primo de la Guerrao José de Olivera, quienes con su lenguaje directo, su frescura de ideas, sus reflexiones sobre los diferentes acontecimientos que van refiriendo, contribuyena que su vida sea nuestra vida, a que traspasemos nuestras fronteras temporales y como en un viaje en el tiempo, nos situemos en esas épocas pretéritas, que desde nuestro horizonte actual hemos idealizado.
Sí, para mí La Laguna no solo es una ciudad histórica, primera capital del Archipiélago con sus numerosos edificios nobles de puertas blasonadas, de iglesias y conventos y de plazas recoletas, sino que es la ciudad de los historiadores, de los cronistas y memorialistas que nacieron, vivieron o murieron en esta ciudad yque, orgullosos de su historia, sintieron la necesidad no solo de narrar los hechos del pasado, sino de ser notarios de su tiempo, con la conciencia clara de que había que dejar memoria de todo lo que fuera digno de reseñar. Es solo conociendo el pasado y analizando el presente como se puede avanzar hacia el futuro.Cuidémosla para que este tesoro, que es de todos los isleños, nunca desaparezca.
Y ahora tan solo me resta pregonar estas fiestas en nombre del Señor Alcalde, que para eso he venido esta tardeaquí, y quiero hacerlo como se hacía en el siglo XVI, aunque tenga que hacerlo en espíritu y me falte el caballo, el clarín y los redobles de tambor, desde esta plaza del Adelantado en la Villa de Abajo, luego desde la de la catedral, antigua de los Remedios, y por último delante de la torre de la Concepción en la Villa de Arriba:
Se avisa a hombres y mujeres, niños y niñas, vecinos y visitantes, que las fiestas de septiembre van a comenzar con diversiones de todas clases, ventorrillos, conciertos, verbenas y parrandas, actos culturales y deportivos y el día catorce la solemne procesión, quema de los fuegos de la torre y del risco y la tradicional entrada.
Felices fiestas a todos y muchas gracias por su atención
