Poemas y fotos por «Finados» (VII)

A misa a las Catalinas pasando por el Ayuntamiento. La Laguna 1900.

El poeta Dylan Thomas, que falleció a los 39 años tras una carrera fulgurante, defendió en este poema que había que mirar a los ojos a la muerte y “no entrar dócilmente en esa noche serena” en la que muere la luz:

No entres dócilmente en esa noche serena.
La vejez debería arder y festejar al acabar el día,
bramar, bramar contra la muerte de la luz.

Aunque los sabios acepten al final la oscuridad
porque de sus palabras no nacen truenos, ellos
no entran dócilmente en esa noche serena.

Hombres buenos que lloran con la última ola por el brillo
con que sus tenues logros danzarían en una verde bahía,
braman, braman contra la muerte de la luz.

Hombres intrépidos que cazaron y cantaron al sol en su vuelo
y comprenden, ya tarde, el duelo que sintieron a su paso,
no entran dócilmente en esa noche serena.

Hombres severos, cerca de morir, que ven con claridad cegadora
cómo ojos ciegos llamean como meteoros y disfrutan,
braman y braman mientras muere la luz.

Y tú, padre, allí en tu triste cumbre,
maldíceme, bendíceme con tus feroces lágrimas, te ruego.
No entres dócilmente en esa noche serena.
Brama, brama contra la muerte de la luz.

Dylan Thomas

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