Poemas y fotos por «Finados» (I)

«Sólo lo que se pierde es adquirido para siempre», escribió el dramaturgo Henrik Ibsen. La ausencia (y la presencia) de aquellos que se han ido quedando por el camino es el motivo central del Día de Todos los Santos, las vidas que vivieron y la huella que dejaron. Porque «después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida», como aseguraba Mario Benedetti.
A propósito de este día hemos reunido para ustedes una breve selección de poemas cuyas voces dialogan con la muerte, la aceptan, la maldicen o se enfrentan a ella intentando ganar tiempo. Así lo hace el protagonista de ‘El enamorado y la muerte’, un romance anónimo medieval:
Ilustración medieval del siglo XIV
Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
−¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
–No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
–¡Ay Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
–Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.
–¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
–¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.
–Si no me abres esta noche
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
–Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
–Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
