“Oigan todos”…pregones en La Laguna desde el siglo XV. Por/Julio Torres Santos

El 8 de junio de 1509 la entonces “villa de San Cristóbal” acuerda solicitar armas a la Corona, lo que se le concede según real cédula de 23 de marzo de 1510. Hablamos del conocido como “escudo de doña Juana”, que este año se plasma por primera vez en los gallardetes que ondean como parte de la decoración festiva en honor al Cristo de La Laguna.
La concesión de tal honor contó con la pertinente ceremonia pública para pregonarlo y regocijarse. Después de leerse la R.C. en el cabildo celebrado en la ermita de San Miguel, el 31 de mayo de 1510, el 2 de junio se proclamaba públicamente. Como aún no existía edificio consistorial, se dispuso “un paño de figuras” en la pared de las casas del Adelantado, en la “plaça real” de la villa, en el que figuraban las armas recién asignadas. El folio 2º del Cuaderno 1º de testimonios de RR.CC y privilegios constata que el acto se desarrolló del modo acostumbrado: el escribano fue leyendo la real cédula y el pregonero, Francisco Díaz, lo repitió en voz alta para que llegase a oídos de los allí congregados.
Es este uno de los muchos momentos en los que se requirió la intervención del pregonero, indispensable para hacer público y notorio todo lo que se quería hacer saber a la población; pero no fue el primero: Juan Negro ya ejercía como tal el 9 de julio de 1497, es decir, meses antes de la “creación” del Ayuntamiento.
El 20 de octubre de 1497 es la fecha fijada por muchos historiadores para el arranque de la actividad municipal; hasta entonces, como afirma Rodríguez Moure, “es evidente que el Cabildo [de modo indistinto, Ayuntamiento, Concejo o Justicia y Regimiento] no tuvo verdadera y real existencia”. Sin embargo, otros, como Rodríguez Yanes, formulan “ciertos reparos” a tal datación. Y es que en 1496 Fernández de Lugo ya había nombrado como su teniente al caballero Hernando de Trujillo y a Francisco Corvalán como alcalde mayor…, pero, como faltan folios en el primer libro de actas, ha de aceptarse tal fecha como buena.
Entonces, para desarrollar sus múltiples competencias (más que las actuales), el Ayuntamiento procedía cada año al nombramiento de una serie de cargos: procurador mayor, tenedor de municiones, diputados de Corte, diputados de fiestas, diputados de Indias, guarda mayor de montes y alcalde de aguas (otros, como el personero no eran miembros del Regimiento). Para su funcionamiento, la corporación también requería de oficiales municipales como el aguacil mayor, el alférez mayor, el fiel ejecutor, el escribano mayor…y el pregonero.
Al mencionado Juan Negro le sucedieron otros, como un tal Bartolomé en 1502; en julio de 1503 un individuo llamado Juan; en 1505 pregona Francisco Muñoz; en 1506, Matías…Los pregones habituales se hacían los domingos después de la misa mayor, junto a la iglesia.
A principios del siglo XVI hallamos cómo el Ayuntamiento trata de reducir gastos, disminuyendo, por ejemplo, el sueldo del pregonero. Así los 4.000 maravedíes abonados en 1508 al pregonero Macías, se reducen a los 1.000 que se asignan a Francisco Díaz en 1510; de ahí que en la segunda mitad del siglo los pregoneros complementaran tal oficio con otros como el de repeso de la carnicería o el de atambor general. En las primeras décadas del siglo XVII su sueldo aumenta a 3.000 mrs., ascendiendo paulatinamente, hasta que en 1640 es de 5.280 mrs.
La figura del pregonero a caballo recorriendo las principales calles de la Ciudad se hizo habitual para dar a conocer los festejos en honor del Smo. Cristo de La Laguna. Para las fiestas de 1930, informa La Gaceta de Tenerife de que:
«A las nueve de la noche tuvo lugar el originalísimo pregón anunciador de las fiestas, que fue presenciado por numerosa concurrencia. La marcha de la comitiva la abrían fuerzas de la Batería de Montaña de La Laguna. Seguían otros heraldos a caballo, y entre ellos el encargado de hacer el pregón, que decía así:
«¡Ciudadanos, oíd!—En voz y nombre de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de San Cristóbal de La Laguna y de su Excmo. Concejo…»
Pormenorizaba La Gaceta de Tenerife cómo el pregonero anunció todos los «actos culturales», y los «festejos populares», proclamando que la Entrada del Smo. Cristo «superará este año a cuantas en los mejores se haya hecho». Y para finalizar, el pregonero exclamó: “¡Loor a Dios! ¡Ciudadanos: salud y albricias!”
El último de esos pregoneros de las fiestas septembrinas fue Jorge Tabares García, que ejerció como tal en el trienio 1981-1984, sustituyendo a Arístides Tabares Tejera. Jorge volvió a leer su pregón en el programa de Onda Sol Radio, La Cirila, que en 2002 dirigió José Antonio Afonso del Castillo y en el que el que escribe era colaborador habitual. Aún conservo la grabación.
Entonces se leía un pregón con texto del especialista en Historia de Canarias y gran divulgador de la misma, Enrique Romeu Palazuelos, conde de Barbate (1906-2001). El pregonero lo voceaba desde el balcón principal del ayuntamiento, el mismo antiguo balcón desde donde se hicieran las proclamaciones y pregones, modificado en 1822 en la reforma del arquitecto Juan Nepomuceno Verdugo Da-Pelo. Después recorría las principales calles de la Ciudad, acompañado de tambores y trompetas, a modo de heraldos.
Después de 36 años sin pregonero a caballo, el 27 de agosto de 2021 ejerció como tal Sara Expósito Hernández, por lo tanto, por primera vez una mujer. De la mano del concejal de Fiestas, Badel Albelo, con la recuperación de su pregón a caballo, las Fiestas del Cristo y la ciudad de La Laguna están, sin duda, de enhorabuena.
