Pregón a caballo de las Fiestas del Smo. Cristo de La Laguna 2021

A la grupa de Emperador, un bello caballo hispano-árabe castaño claro, es decir, lo que los entendidos llaman “de capa color cáscara del castaño madura”, con los extremos muy oscuros o negros, como en este caso, Sara Expósito Hernández voceó el pregón a caballo de las fiestas del Smo. Cristo de La Laguna 2021.
Sin duda un momento relevante para la historia de las celebraciones septembrinas, no solo porque se recupera este acto tras treinta y seis años de ausencia, también y sobre todo porque por primera vez pregona una mujer, la joven jinete de Emperador, acostumbrado ya a su peso y a su hábil dirección.
Vistió Sara a la usanza renacentista, con traje de terciopelo color azul añil, de pantalón de farolillo, y medias blancas. Como capa y tocado, dos prendas propias de la ciudad de La Laguna del siglo XVII (lámina del labrador de Alfred Diston): capa parda de paño y sombrero negro de ala tendida.
Emperador también lució elegantemente guarnecido, con pelero del color institucional de La Laguna, ribeteado con flecos dorados, sobre el que se había estampado el escudo de armas que la reina doña Juana concedió a la entonces “villa de San Cristóbal”, según real cédula de 23 de marzo de 1510. Brillaba bajo el solo su pelaje, con sus crines cuidadosamente acicaladas y su característica marca blanca tipo Star en la parte frontal de la cabeza.
Llegó la hora. El alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, entregó el pergamino con el pregón a la pregonera, ya cabalgada sobre Emperador. Sonó la llamada de atención de la trompeta y redobló el tambor, entonces Sara comenzó a vocear el pregón que escribiera al efecto Enrique Romeu Palezuelos, conde de Barbate: “Oigan, oigan, atención. De parte del Señor Alcalde se hace saber…”. Escoltaban a Sara un paje, una trompeta y un timbal, todos vestidos a la usanza del siglo XVI.
Terminado este primer pregón, la comitiva subió la calle Carrera, pasando por la Casa del Corregidor, Casa de la Alhóndiga, Casa Alvarado Bracamonte o de los Capitanes… hasta la iglesia matriz de la Concepción, deteniéndose en los lugares convenidos para volver a vocear el pregón. Por la tarde, se repitió la escena, esta vez recorriendo la calle Herradores hasta Heraclio Sánchez. La pandemia que padecemos aconsejó prudencia y disgregar el acto en dos partes. En todos los casos, tras la llamada a la atención de la pregonera, se hacía el más absoluto silencio. Miraban los niños extasiados y los mayores complacidos. Al finalizar el último redoble de tambor, unos y otros irrumpían en clamorosos aplausos.
