Las Elecciones de hace 42 años (I)
El 15 de junio de 1977, más de dieciocho millones de españoles acudieron a las urnas en libertad, por primera vez desde las elecciones a Cortes en febrero de 1936. El resultado electoral fortaleció la joven democracia, perfiló un sistema de partidos homologable a cualquier país europeo y, sobre todo, facilitó que el nuevo Congreso iniciara un proceso constituyente capaz de dotar al país de una Constitución basada en el consenso.
Para llegar a aquella jornada electoral, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, al frente de un ejecutivo de penenes, debió pilotar con habilidad y firmeza un proyecto de transición democrática que tuvo que sortear importantes dificultades, especialmente la legalización del Partido Comunista (PCE) en la Semana Santa de 1977.
Recogiendo los principios de la Ley de Reforma Política, aprobada en referéndum el 15 de diciembre de 1976, el Gobierno Suárez negoció con las fuerzas políticas los principios básicos del Decreto-ley de 23 de marzo de 1977, que reguló las tres primeras elecciones generales -1977, 1979, 1982- y que en lo sustancial tuvo continuidad en la sucesiva legislación electoral española. El Congreso de los Diputados estaría formado por 350 diputados, elegidos por un sistema de escrutinio proporcional siguiendo el método D’Hondt, que favorece las candidaturas mayoritarias. Para evitar la fragmentación partidista que impidiera articular mayorías estables se estableció un mínimo del 3% de los votos para entrar en el reparto de escaños, y un mínimo de 2 escaños para cada una de las 52 circunscripciones provinciales –excepto Ceuta y Melilla que solo tenían uno-. Estos mínimos reforzaban las candidaturas más votadas. De hecho, en un gran número de circunscripciones –las menos pobladas y con menos representantes-, el sistema funciona como si fuera mayoritario, y prácticamente sólo obtienen representación los dos partidos más votados.
El Senado se constituiría con 207 electos, más 41 designados por el Rey. Elegidos por un sistema mayoritario limitado; los electores solo podían votar a un máximo de tres candidatos –se elegían cuatro por cada una de las circunscripciones provinciales peninsulares. En Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla el número de senadores electos era menor. De hecho, el Senado –cuya existencia exigieron los sectores más conservadores- se convirtió en un refugio para una parte de los dirigentes provenientes del franquismo.
El diseño del sistema electoral fue uno de los logros del primer Gobierno Suárez. Descartado el escrutinio mayoritario puro, al estilo inglés, defendido por Fraga, y desnaturalizando el sistema proporcional exigido por el PSOE, los técnicos gubernamentales –dirigidos por Landelino Lavilla y Miguel Herrero Rodríguez de Miñón- consiguieron reequilibrar las espectaculares diferencias de población que existían entre las 52 circunscripciones y disponer de un instrumento que junto a una atractiva oferta política de centro pudiera conseguir mantenerles en el poder (…).
