LA LAGUNA ROBADA (I). Por Miguel Ángel García Baute

Donde está la Plaza de más de 11.000 m2.

¿Dónde está La Laguna? ¿Qué ha sido de ella? Antes de profundizar en la cuestión hago una reflexión para los partidarios del progreso mal entendido que tanto ha perjudicado a esta ciudad.

El progreso en un primer término es aquel que se basa en la idea de transformación social, arquitectónica y comercial de una comunidad con el objeto de adecuarla a un mejor uso de sus recursos, “la acción de ir hacía delante” que establece la RAE, el perfeccionamiento de la vida comunitaria. La aplicación de este concepto en La Laguna nos deja otra definición inusual: “ Transformación social, arquitectónica y comercial de una comunidad con el objeto de enriquecer a una élite económica que favorece y protege sustancialmente a otra élite de carácter político cuyo objetivo íntimo es el lucro personal y el de sus allegados y acólitos. No debemos olvidar además la enfermedad de megalomanía provinciana que afecta, como si de una plaga medieval se tratase, a tantos políticos de la Comunidad Autónoma de Canarias. El resultado inmediato de esta nueva definición de progreso resulta en establecer la primacía de los intereses comerciales (ficticios, personales y, generalmente poco respetuosos con el entorno en todas sus dimensiones) sobre los intereses sociales y generales de la sociedad. También en la utilización del ideal progresista adaptado al gusto y los objetivos personales del cargo público de turno; un ideal diseñado, producido y vendido a través de una eficaz campaña de participación ciudadana en la que el ciudadano no participa de otra cosa que no sea de las comilonas de romería, eventos musicales para jóvenes muy puestos en últimas tecnologías pero socialmente incultos, mitines reconvertidos en ceremonias de adoración al candidato electoral y apoyos municipales a la tercera edad que consisten en garantizarles “un patio de juegos” con cierto sabor nostálgico en la creencia de que dicho perfil de población sabe poco o nada de asuntos sociales y políticos. No soy en absoluto un “enemigo del comercio” si éste garantiza la igualdad social, el reparto de la riqueza, el respeto al medio ambiente y los derechos civiles entre otras cosas ¿Alguna vez el comercio ha logrado cumplir un compromiso así? Respondan ustedes mismos a esta pregunta. Sin un control normativo y social que verdaderamente funcione la respuesta es evidente.

El progreso es un concepto, una idea, lo que se haga con ella es el resultado de su aplicación práctica, y es en este punto donde surgen los problemas.

La Laguna es una ciudad de pasado colonial con una atractiva historia, si este factor clave se menoscaba y se vende al mejor postor la ruina y el desastre están servidos. Pero también es una lugar habitado por vecinos, cuyas familias forman parte de una tradición histórica y de un entorno propio y característico que hace posible que La Laguna no sea una mera extensión metropolitana (eso si, coqueta y entrañable dicen algunos…) de la gran urbe; un barrio antiguo digamos. No es el reino de las boutiques y las tiendas de recuerdos para turistas, es un lugar en el que residen personas que, al menos en su mayoría, quieren vivir el sueño de una ciudad que antaño fue hermosa,

culturalmente rica y, sobre todo, carismática. No es posible conservar tales virtudes si La Laguna es agredida a través de la arquitectura urbana. Hablo de la vergonzosa reforma de la importantísima Plaza del Cristo, llevada a cabo por una alcaldesa apasionada de la destrucción y el saqueo histórico. El obsesivo exilio de los patos a un estanque en el Parque de la Constitución que es todo un esperpento, ya que, según parece cometieron algún delito y ahora palidecen en una zona más apartada y, temo que un tanto descuidados. La construcción del Parque de La Vega, un monumento a la estupidez ¿Es un parque recreativo familiar o un parque deportivo? Ambos conceptos de diseño no caben en la misma área. Ahora mismo es una simple instalación deportiva a la que ya no acude el que desea pasear entre cursos de agua y vegetación y tomar un helado o una bebida caliente. Es un erial rodeado por una pista de competición y unas canchas como las que se encuentran en cualquier barrio de la periferia. Está muy bien que la ciudad cuente con un parque deportivo con cabida para el fomento de la actividad física de los ciudadanos, pero éste no era el lugar para hacerlo; se destruyó un parque destinado a ser un vergel, un enclave medioambiental para el descanso y el encuentro social para crear una instalación deportiva más, porque parece que La Laguna no cuenta ya con suficientes instalaciones de este tipo. A todo esto hay que sumarle todas las casas históricas desaparecidas, catalogadas o no, demolidas tras un intencionado abandono para construir en su lugar un edificio moderno que nada tiene que ver con la estética tradicional de la ciudad. Casas de gran valor arquitectónico que sólo conservan la fachada exterior, por dentro ya no queda nada de su antiguo esplendor. Farolas grotescas que no se identifican con el caso antiguo. En definitiva cientos de reformas desafortunadas de las que ya se ha hablado en la prensa y enclaves históricos desaparecidos. Para terminar sirva uno de los mayores atropellos urbanos en La Laguna, el edificio de los Juzgados en la Plaza del Adelantado. No contentos con acabar con el emblemático edificio del antiguo mercado de la plaza, edifican al lado un monstruo repelente, un injerto imposible de integrar en el entorno que ninguno de esos maravillosos políticos laguneros supo evitar para la ciudad. Dicho sea, a pesar de que algunos de ellos suele visitar con frecuencia las instalaciones de dichos juzgados.

La última barbaridad es la edificación de un velatorio-tanatorio o vaya usted a saber que cosa, en la zona de la Plaza del Cristo de La Laguna ¿Serán capaces los laguneros de defender un lugar tan importante para su comunidad, no sólo desde un punto de vista religioso si no también cultural y tradicional? Hablaré de ello en una segunda entrega de este artículo si a ustedes les parece interesante y, sobre todo necesario lo que aquí expongo.

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