Fotos y poemas laguneros. «La Laguna 1953». Juan Pérez Delgado (Nijota) (1890-1971)

Unos aman La Laguna
por su perfume pretérito
sus casonas y su vega,
su recato y su silencio,
su intensa vida docente,
su místico arrobamiento,
su perfil aristocrático,
su carácter, su misterio,
sus tertulias académicas,
sus cenáculos poéticos…
Pero nosotros que somos
unos hombres muy modernos,
a La Laguna de ahora
rendimos cuito sincero.
Si en la acuática laguna
de los frailes de San Diego
volaban sobre la fronda
los halcones cinegéticos,
ahora vuelan avionetas
y bimotores ligeros.
Ya nadie va a San Benito
dando un tranquilo paseo;
es más cómodo ir en guagua
por sólo unos treinta céntimos.
Ya de las viejas cocinas
la leña y carbón huyeron,
ya no hay que hacer la comida
con carbón de pino y brezo;
ahora, en un santiamén,
le hacen a usted un puchero
con llamas de gas butano
metido en tubos de hierro,
o con gasolina base,
llena de octanos frenéticos,
o en ligeros y ruidosos
infiernillos petroleros.
Y en San Roque, si la luna
baña el histórico cerro,
un potente radio-faro
la eclipsa con sus destellos,
Y abajo en escaparates
de abastecidos comercios,
ante la luz fluorecente
cierra sus ojos el queso.
Ya no hay tertulias poéticas
ni velados galanteos;
ahora hay cine en muchos sitios
y Cupido ya no es ciego,
pues circula fácilmente
y hace gala de su intento
en la más céntrica calle
o el más visible paseo.
Así es La Laguna actual
con lo práctico y moderno,
y así la amamos nosotros,
los hombres de nuestro tiempo.
¿Qué es eso de la leyenda,
mi distinguido Ateneo?
A mí de me usted chalets,
aun mejor, rascacielos,
con neveras y gramolas
llenas de discos sintéticos,
con «haigas” en el garaje
y mucho aparato eléctrico
y montones de divisas
parcidas por el suelo.
¡Dejemonos de leyendas
y de arrumacos poéticos!
¡Qué Dácil, ni qué Castillo!
¡Qué amor, ni que niños muertos!
