Fotos, coplas y poemas a La Laguna en septiembre: Al Teide. José Tábares Bartlett

AL TEIDE
Oh! pirámide inmensa, abrupta roca,
Teide inmortal, cuya soberbia altura
en las regiones de las nubes toca,
y hundes tu planta en la caverna obscura!
Pasan por ti veloces las edades
y no te arredra su voraz aliento,
se amasan sobre tí las tempestades
y nunca el rayo conmovió tu asiento.
Antes el alba, que el oriente pinta,
te envía sus primeros arreboles;
su postrimer fulgor la tarde extinta,
todo su brillo los nocturnos soles.
El ancho mar, que te contempla á solas,
por llegar á tu base hincha su seno,
y sacuden su crin las blancas olas
como indócil corcel esquivo al freno.
¡Qué magnífica y grave es tu grandeza!
Te ofrece su homenaje, atleta rudo,
nuestra madre común, Naturaleza,
y lo recibes inmutable y mudo.
¡Ay! de la cima de tu ingente cumbre
miran mis ojos el confín lejano;
del sol naciente á la rojiza lumbre
una alfombra de oro, el occeano…
Y vislumbrantes, de belleza suma,
á trechos, y á tus pies diseminadas,
como Venus nacidas de la espuma,
lucen las siete ninfas Fortunadas,
que en las célicas ondas del ambiente,
envían hasta aquí con tenue vuelo,
un diluvio de besos á tu frente
entre aromas y músicas del cielo.
¡El cielo!, ¡Tu dosel! ¡Como se inflama
en luminosos átomos que aspiro!
¡Qué explendente y sublime panorama!
¡Cuan absorto con éxtasis yo miro
la luz del éter fulgurante y viva
que irradia Febo, en tu región suprema!
Abajo, el mar y tierra en perpectiva
con su flora y espumas: ¡Qué poema!
Mas oye: al par del dulce arrobamiento
que abisma mis sentidos en la calma
del paisaje asombroso, también siento
por indagar tu ser inquieta el alma.
¡Cuántas veces la ciencia gigantea
que el pensamiento y la verdad aduna,
lia recorrido el mundo de la idea
por inquirir tu origen y tu cuna!
¡Vano empeño quizá! ¿Yace vedado
á la razón, como insondable abismo?
¿Fuiste, tal vez, del África lanzado
al impulso de horrendo cataclismo;
y en justa indignación, ardiendo en saña
furibundo y audaz, con loca ira,
un infierno creastes en tu entraña,
de satánico ardor soberbia pira?
¿O de las aguas del famoso Atlante
surgiste magestuoso, de improviso,
para decir al pobre navegante:
—Aquí empieza y acaba el paraiso?—
¡Cuántos secretos tu existencia encierra
volcánico peñón! Acaso sabes
la historia primitiva de la tierra,
sus glorias y catástrofes más graves!
Sé viste, ha tres centurias prolongadas,
lidiar en lid vertiginosa y fuerte
las tropas de Castilla, denodadas,
con tu raza feroz, que halló la muerte.
Y entonces, tú, que contemplaste en torno
la hecatombe fatal, mostrando alarde
de invencible poder con tu ígneo horno,
¿qué hacías impertérrito? ¡Cobarde!…
Hasta ese mar que sin cesar socava
tu firme base, y sus espumas riza,
hubieras abrasado con tu lava,
convertido los campos en ceniza;
que, al fin, el invasor es un tirano,
y es la defensa de la patria amante
santa explosión de impulso soberano
más que tu propio vértice gigante.
Sé vistes en el siglo más glorioso
de la moderna Edad, cruzar las velas
del semidiós del piélago anchuroso,
del ínclito Colón las carabelas.
No el viento que á sus naves impulsando
llevaba el nauta; el de la fe, fecundo,
y al tornar á la patria de Fernando
trajo á sus quillas adherido un mundo.
Mas, cesa, inspiración: sus alas pliegue
mi musa varonil; y á tu ancha falda
árido monte, venturoso llegue
al descender por tu riscosa espalda.
Ya la bruiíia tus cúspides ganando
te ciño con cendales de alcatife;
voy tus senderos rústicos dejando…
Quédate… ¡Adiós, titán de Tenerife!
Mi tosco acento, que á los aires fío,
vibra en mi númen: la emoción lo crea;
y sólo á tu grandeza, el canto mío
de justa admiración tributo sea.
