FIESTAS PATRONALES DE LA VERDELLADA EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DE LOURDES PREGÓN 2018 (III). Por Juan Manuel Castañeda Contreras

Pero qué nos dice la historia. Pues, por ejemplo, que en 1654 tenemos un documento por el que Juan Hernández Crespo da a tributo a Juan Pérez Pan y Buena Gana, vecino de La Laguna, “…toda la tierra que tengo i me toca i perteneze en el barranco de los Molinos, que es lo que ai desde la entrada del camino que ba a los balles para abajo, aguas bertientes, hasta un salto que está donde naze el agua del Drago …”.
Así tenemos que nuestro barranco se denomina de Gonzalianes, de la Carnicería, de La Verdellada, de los Molinos, e incluso del Drago. Y es esta denominación de los Molinos la que tiene que ver con otro de los hitos del patrimonio histórico que se conservan en La Verdellada. Esos hitos son los molinos y el horno de cal que conservan parte de su estructura a lo largo del barranco, y a la que se debe su nombre más antiguo, tal como aparecen en los documentos que hemos citado.
Los molinos de agua. De ahí la denominación del barranco que hemos visto, al menos desde el siglo XVII, y que deben su existencia al importante cauce del barranco en aquella época. Las concesiones de explotación de estos molinos fueron elementos esenciales para la producción de alimentos derivados de los distintos cereales, producción que era importante en la zona y en el valle de Aguere. Uno se sitúa en la zona del barrio del Timple, y el otro, mejor conservado, se encuentra prácticamente a la altura de la vía que cruza hacia La Verdellada.
Vean si era importante esta industria de la molienda, que el antiguo Cabildo ya desde fechas muy tempranas como 1502, llegaba a prohibir que se sacara ni trigo ni cebada de la isla. También en 1503 el diputado del antiguo Cabildo Lope Fernández, se hizo eco de que las panaderas de la villa de Santa Cruz, así se dice, se habían quejado que dar diez onzas de pan les era de grandes pérdidas, porque subían aquí a esta villa, o sea a La Laguna, a moler el trigo. Vete tú a saber así, si el pan que comían en Santa Cruz era de harina molida en los molinos de La Verdellada.
El otro elemento, también de carácter industrial es el horno de cal. En esta zona hay datos que refieren que se desarrolló la primera gran industria que se instaló en La Laguna tras la conquista, la de la elaboración de la cal, materia prima necesaria en la construcción de edificios antaño. Se plantea incluso que es en el barranco de La Verdellada, o de los Molinos, donde se encuentran los restos del que se considera “horno de cal” más antiguo de La Laguna, y quizás de Tenerife. Sabemos que desde los colectivos vecinales siguen empeñado en realizar una recuperación integral de estos molinos, y se trabaja para su puesta en valor. Es un proyecto muy interesante y que merece un esfuerzo para su conservación definitiva.
Otro elemento del patrimonio que consideramos forma parte de nuestro acervo histórico en este barrio es la conocida como casa del Barco. Es en este caso, a diferencia de los anteriores ejemplos, una propiedad privada. Es una edificación de carácter rural, de las tradicionales canarias que contiene un aljibe que serviría para los regadíos de las fincas y huertas, y que aún conserva. Su denominación como casa del Barco viene a cuento de la conversión de la vivienda en una especie de merendero, y la colocación en lo alto del árbol cercano, que aún subsiste, de un barco, tipo velero con dos mástiles, como espacio de mirador, y que aparece en fotografías de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Este barco ha desaparecido, pero la denominación de la subsiste. La edificación se encuentra en la actualidad bastante deteriorada.
A este patrimonio arquitectó-nico se ha sumado otro elemento que de no mina mos del patrimonio industrial. Se trata del molino de viento que también pervive, utilizado para elevar el agua del aljibe. Fueron estos molinos producidos por la industria norteamericana desde finales del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, y además y bajo licencia se fabricaron por todo el mundo. La introducción de la electricidad los fue desplazando de manera paulatina, y hoy este molino de viento es el único que queda en La Laguna. Cuando se proyectó en los años 90 el ensanche de la avenida de La Salle, se incluía la demolición de este inmueble, pero el movimiento vecinal, como en otras muchas ocasiones, luchó para preservar el patrimonio de su barrio, y consiguió salvar la edificación.
El último de los elementos que les citamos como parte indisoluble del acervo patrimonial histórico material de La Verdellada es la Cruz de Marca. En los calendarios litúrgicos se señalan tres festividades dedicadas a la Cruz. El 3 de mayo como la Invención, el 16 de junio la fiesta del Triunfo, y por último está la del 14 de septiembre, que es la fiesta de la Exaltación, y que se celebra en La Laguna con especial devoción desde el siglo XVI en honor al Cristo.
Así la devoción a la Cruz tiene especial trascendencia en Tenerife, y ello se traduce de manera singular en la presencia de la misma en la toponimia, en el paisaje y en el calendario festivo. Las cruces se colocan para señalar lugares donde había ocurrido algún hecho o acontecido una desgracia, y esta costumbre se mantiene en nuestros días. La festividad del 3 de mayo, y el enrame de esos símbolos, es una tradición de gran arraigo. En La Laguna son singulares, por ejemplo, la Cruz de Piedra, cuyo origen se hunde en el siglo XVI; o las capillas de cruces que se conservan en la geografía del conjunto histórico.

En La Verdellada está la Cruz de Marca , quecumple , como curiosamente ocurre con el grabado rupestre, todas las condiciones que su nombre indica por su ubicación. Está a la llegada o entrada de la ciudad desde el antiguo Camino Real viniendo desde Santa Cruz, o a la salida de la población en sentido contrario.Y la pervivencia de su denominación nos habla de una función delimitadora. Esta es la marca, este es el lugar, por lo tanto aquí se ubica la Cruz.
Su presencia es muy antigua y estaba originalmente colocada de manera aislada, hasta que en 1879 se construyó la capilla que hoy la alberga. Esta capilla, que fue rehecha en los años 50 del siglo XX, ha pasado por diversas vicisitudes hasta su consolidación definitiva. La propia cruz también ha sufrido diversos avatares, unos por ignorancia, otros por actos vandálicos, que hicieron desparecer el antiguo madero. La actual Cruz es de una gran sencillez, a diferencia de la original de tea que se dice estaba incluso tallada. Hoy en día, en La Verdellada, se mantiene la tradición del enrame de la Cruz por el 3 de mayo.
Pero todo este patrimonio histórico y cultural tangible o material no se hubiera conservado, no habría llegado hasta nosotros sin un elemento fundamental, sin un patrimonio inmaterial o intangible de especial importancia: las personas.
Las personas son las verdaderas custodias, transmisoras y valedoras del patrimonio. Las personas que a lo largo de los años han construido este barrio de La Verdellada, son las verdaderas protagonistas de su propia historia. Años y años de lucha y trabajo, años de construir futuro y avanzar en la esperanza de un mañana mejor, de luchar por legar a las personas que vienen detrás un espacio de convivencia y de solidaridad. Ese es el verdadero patrimonio de La Verdellada.
Tal es así que el movimiento vecinal surgió muy tempranamente en La Verdellada. Desde los primeros asentamientos en esta zona, que hemos visto que ya se denominaba La Verdellada al menos desde el siglo XVIII, hasta el desarrollo de los años 50 y 60, los verdeños han ido construyendo una comunidad cohesionada para velar por sus intereses y por su futuro.
En 1959 nacía la “Sociedad de Vecinos del Barrio de La Verdellada”. Próxima a cumplir sesenta años de existencia, ha conocido todo un proceso de transformación de su barrio, y ha sido uno de los motores para el desarrollo del mismo. Su fundación se sustentaba en la idea de mejoras muy primarias para La Verdellada, ya que sus primeras reivindicaciones ante las autoridades municipales se centraron en conseguir una red de agua potable, una línea que trajera al barrio la electricidad, o conseguir una correcta alineación de las calles para un adecuado desarrollo urbanístico.
