Enrique Martín Núñez «KIKE» en el Gran Premio Automovilístico Ciudad de La Laguna 1967

Hoy tenemos una oportunidad de conocer más sobre La Laguna y su prueba de velocidad celebrada en un circuito urbano en 1967. Algo realmente increíble, un vídeo único

Téngase en cuenta que en el decenio 1962-1972 se organizaron en Tenerife 21 pruebas de velocidad en circuitos urbanos, muchos con carácter internacional y valederas para los Campeonatos de España de la modalidad, lo que conllevaba, en estos casos, máquinas muy potentes y pilotos oficiales que no se arrugaban un ápice cuando derrapaban entre los bordillos de las calzadas. Y si calculamos un mínimo de tres mangas disputadas en cada prueba, serían más de sesenta las carreras en circuitos urbanos celebradas en zonas acotadas de Santa Cruz, La Laguna, Puerto de la Cruz y Güímar.

Uno de los pilotos participante fue Kike Martín, el que fuera co director de Los Sabandeños.

Para Julio Fajardo, amigo personal y cofundador, entre otros con Kike, de Los Sabandeños nos dice en unos artículos dedicados a Kike que: Para KIKE la vida tuvo siempre un sentido deportivo; no solamente en el espíritu de hacer las cosas por «amor al arte «, tan alejado ahora de lo que es el deporte profesional, sino en la competitividad que ponía en todas y cada una de sus actividades.

KIKE tenía, en su habitación de soltero, gran cantidad de emblemas, de banderines, de trofeos y de signos y utensilios inequívocos de haber practicado deportes tan diversos como el hockey sobre patines o el esquí acuático.

Su vida se desarrolló como dentro de una gran factoría de producción deportiva; hasta en su participación en Los Sabandeños, que podría entenderse finalmente como algo inequívocamente profesional, en KIKE tenía un sentido de cumplimiento de cánones y de normas, de técnicas y de actitudes que difícilmente podrían entenderse si no es asimilándolas al sometimiento a una disciplina deportiva. Pero sobre todas las cosas, lo más reseñable fue su condición indiscutible de entregarse a una noble competencia sin la persecución de objetivos materiales. En KIKE la satisfacción por lo bien hecho era el pago más importante a sus esfuerzos, no importándole en absoluto la compensación material a la que la moral burguesa confunde frecuentemente con el éxito. En KIKE no existía más ambición que la que proviene de la competición deportiva. Por esto, cuando se compró un coche lo convirtió inmediatamente en un auto de carreras. Le cambió el volante por otro que tuviera mayor adherencia, le puso unas cubiertas de mayor capacidad, instaló varias bocinas de diferentes sonidos, le añadió unos faros especiales, frenos de mayor alcance y escape libre. Se compró un casco, un mono, unos guantes, unas gafas, unos zapatos, y todo aquello que se debe incorporar a la vida de un automovilista porque KIKE no se compró un coche sino que se convirtió, de la noche a la mañana, en un experto y abnegado piloto.

A partir de ese momento KIKE se apuntó a todas las competiciones con su Austin 1100.

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