EL TERCER VIZCONDE DEL BUEN PASO
Por Julio Torres Santos
Don Juan Primo de la Guerra y del Hoyo nació en La Laguna en la bella casa que construyó su padre en la entonces llamada calle del Agua o de las Canales del Agua, el viernes 9 de junio de 1775.
¿Quién fue el III Vizconde del Buen Paso?
Acorde con la nunca bien ponderada “moda” imperante en la época de dejar constancia escrita de sus avatares, Juan Primo de la Guerra nos legó un diario merced al cual podemos recuperar parte de nuestra historia.
Don Juan Primo de la Guerra y del Hoyo nació en La Laguna en la bella casa que construyó su padre en la entonces llamada calle del Agua o de las Canales del Agua, el viernes 9 de junio de 1775.
Su padre, don Fernando de la Guerra, Coronel del Regimiento de Forasteros desde 1765, ocupaba una elevada posición en la sociedad isleña, siendo calificado de “instruido hasta la filosofía” por José de Viera y Clavijo, su contertulio en las ilustradas reuniones de don Tomás de Nava. Su madre, doña Juana del Hoyo, era hija única del famoso primer vizconde del Buen Paso, según Leopoldo de la Rosa Olivera, “bien conocido por sus volterianas ideas y chispeantes aventuras”. Cuenta Antonio Ruméu de Armas que su casa fue lugar de reunión de una de las tertulias cultas de finales del s. XVIII y comienzos del XIX. Se educó, pues, el autor del Diario en el ambiente de una familia no sólo situada en el más elevado escalón de la sociedad isleña de su tiempo, sino también destacada por su cultura (las menciones a los distintos cargos ocupados por su padre, su tío y su hermano son numerosas, así como a la cultura de sus progenitores).
Don Juan Primo se muestra, a través de su Diario, no sólo como asistente interesado a las tertulias literarias de la isla, sino también como lector curioso de cuantas obras llegaban a sus manos, tanto en latín como en castellano, francés e inglés. Sin embargo, su actuación en la vida pública fue sumamente limitada. Cuando Santa Cruz sufrió el ataque de la escuadra inglesa, el comandante general don Antonio Gutiérrez encomendó a un grupo de paisanos de La Laguna, mandados por el marqués de Villanueva del Prado y por don Juan Primo de la Guerra -que entonces contaba 22 años- , que cubrieran el murallón de la caleta de la Aduana y lugares vecinos. Precisamente los ingleses asaltaron este murallón y, ante la notoria superioridad de los atacantes, tuvieron que retirarse. Esta modesta intervención sólo le valió el nombramiento para un modesto mando, más honorífico que otra cosa, el de castellano o gobernador del fuerte de San Carlos, en el Puerto de la Cruz. También cuenta Leopoldo de la Rosa que nunca logró ingresar como oficial ni en el ejército ni en las milicias insulares debido a su carácter extremadamente apasionado y violento. Tampoco fue miembro de las Real Sociedad Económica de Amigos del País -de la que su padre fue uno de los fundadores y primer censor- , ni de ningún otro cuerpo insular.
Don Juan Primo de la Guerra sólo sintió inclinación por una dama, doña Vicenta de Casa-Cagigal, pero todos sus intentos se vieron frustrados.
Esperamos que con esta pequeña reseña quede satisfecha la curiosidad suscitada en Tejina por el personaje.

