Curiosidades e historia de la cuaresma y la Semana Santa lagunera: La “Quema del Judas”

La “Quema del Judas”, evento con el que terminaba la Semana Santa, se celebraba tradicionalmente en todas las comunidades de Canarias y, aunque en un principio tenía lugar en Sábado Santo, más tarde pasaría al Domingo de Resurrección. Según Galván Tudela este ritual se incorporó desde la colonización de las islas y, aunque con distintas peculiaridades según los pueblos, se relaciona con la dramatización de un acontecimiento bíblico, en el que a su vez el pueblo debe ser liberado, erradicar sus pecados, mediante la destrucción, a través del fuego, de Judas, que simboliza valores negativos tales como la tiranía, la envidia, la traición, la falsedad, la hipocresía,…
Aunque, como hemos dicho, existen diferencias según los pueblos, en todos los casos se trataba de un monigote de grandes dimensiones, generalmente confeccionado con paja o ramas secas, sobre la base de una estructura de palo, que solía vestirse con ropas viejas, aprovechando lo que se tenía a mano. Según el nivel de control eclesiástico se incorporaban otros elementos, tales como una bolsa con las doce monedas, voladores en los bolsillos, un gato simbolizando el demonio, etc. En cualquier caso, su confección estaba ligada a la imaginación y a la creatividad de los más jóvenes (sólo chicos o también chicas, según las zonas, pero siempre solteros o solteras), lo que justifica que fuera a escondidas, pues se intentaba sorprender. Una vez confeccionado, el ritual consistía en “procesionarlo” por las calles, habitualmente haciéndole burlas o entonando coplillas, como ésta que aún pervive en Arucas:
Queremos pan,
queremos vino,
queremos a Judas
colgado de un pino,
con un letrero que diga:
te colgamos por asesino
Actualmente este ritual se celebra, con peculiaridades, en Montaña Cardones y Bañaderos (Arucas), en Valleseco, Teror, Firgas, Moya, Agüimes y Guía en Gran Canaria, y en Taganana, en Tenerife. Pero también se celebró, hace ya siglos, en La Laguna.
En La Laguna, se quemaban en realidad dos Judas, uno en la iglesia de la Concepción y otro en la de San Agustín, existiendo, pues, una rivalidad entre ambas parroquias. Domingo Barbuzano relata lo acaecido en la Pascua de Resurrección lagunera de 1752.
En el mes de abril de ese año, los vecinos de la Villa de Arriba confeccionaron “un sofisticado Judas, vestido al siglo XVIII, con casaca roja y medias blancas, y una lengua que le salía fuera de la boca unos veinte centímetros”. Pero las inclemencias del tiempo no acompañaron, y el Domingo de Resurrección comenzó a llover, amenazando con empapar al Judas, lo que hacía crecer, según transcurría el tiempo, los nervios del Beneficiado, que ordenó que lo protegieran debajo de una de las ventanas de la torre de la Concepción. No obstante, el Judas salió en procesión, aunque ésta sólo dio la vuelta alrededor de la iglesia, sin llegar a la de los Remedios, lo que sin duda acrecentó la rivalidad entre las dos parroquias. Terminada la procesión, el Judas pudo arder, y el espectáculo “guardaba una sorpresa, pues apareció la silueta de Judas y el diablo montado sobre sus hombros, en una actitud de ahorcarlo, saltando sobre él y levantándose.” Sin embargo, el Judas de la iglesia de San Agustín, en el que las doce monedas de su bolsa se habían sustituido por voladores, no pudo arder, pues la lluvia había empapado sus pajizos huesos. Aquel año triunfaron, pues, los vecinos de la Villa de Arriba.
La Quema del Judas es, pues, un ritual, a caballo entre lo pagano y lo religioso, una tradición que forma parte del patrimonio cultural de la Ciudad de los Adelantados, que merece la pena rescatar de ese injusto baúl del olvido.
