Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías del entorno de la plaza del Cristo de La Laguna: Casa Antonino y su relación con acontecimientos historicos (II). Por Julio Torres

La gente acomodada también cogio la moda de ir a Casa Antonino.
Casa Antonino: sabores y testigo de la historia
La historia de Casa Antonino no puede entenderse únicamente a través de sus fogones. Desde los años veinte y durante varias décadas, aquella casa de comidas situada junto a la plaza del Cristo estuvo estrechamente ligada a la vida del vecino cuartel de Artillería y, por su privilegiada ubicación, terminó convirtiéndose también en silencioso testigo de algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de La Laguna y de España.
El vínculo de Antonino con el mundo militar era, además, mucho más profundo que el derivado de la simple proximidad. Antonio López, verdadero nombre de quien todos conocían como Antonino, compaginaba la propiedad y atención de la casa de comidas con la regencia de la cantina de oficiales, la de suboficiales y el lugar del soldado del propio cuartel de Artillería. Su relación con los mandos y con buena parte de la tropa era, por tanto, cotidiana y directa.
Militares y vecinos compartían alrededor de Casa Antonino conversaciones, comidas y noticias. De esta manera, aquel establecimiento fue convirtiéndose en uno de esos lugares donde la pequeña historia de cada día terminaba encontrándose, casi sin proponérselo, con la gran historia.
Las carajacas y el puchero
Desde 1920, uno de los platos característicos de Casa Antonino fueron las carajacas, una preparación tradicional canaria elaborada con hígado adobado y posteriormente frito. En Antonino se servían sobre una rebanada de pan, en una presentación sencilla que hoy podríamos comparar con una especie de montadito.
Tenían, además, una particularidad que contribuyó seguramente a su popularidad: el adobo era bastante picón. Aquel sabor intenso invitaba a beber, por lo que las carajacas quedaron durante años estrechamente asociadas al ambiente de la casa, a su mostrador y a las reuniones que allí se producían.
Otro de los platos especialmente demandados era el puchero canario, comida de profunda raíz popular que ocupó también un lugar destacado entre las especialidades de Casa Antonino. Las carajacas y el puchero formaron parte de la identidad gastronómica del establecimiento y permanecieron ligados durante décadas a su memoria.
Mientras la fama de la casa crecía, también lo hacía la familia de Antonino. En 1929, Antonio López contrajo matrimonio con Lucinia Chico, natural de Araya, Candelaria. Dos años después, en 1931, nació la primera hija del matrimonio, Isabel, aunque prácticamente nadie terminaría conociéndola por ese nombre. Para familiares, amigos y vecinos fue siempre Belucha, el nombre cariñoso con el que quedaría vinculada para siempre a la memoria de la casa. Algunos años después nacería su hermano Antonio.

Octubre. El periódico “Hespérides” de fecha 20 de octubre de 1928, se hace eco de la visita del Sr. Marqués de Estella, D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja que acompañado de su séquito, visita a la isla de Tenerife y en especial el «cuartel de Artillería y el Santuario del Stmo. Cristo.
Una ventana abierta a la historia
La situación de Casa Antonino convirtió al establecimiento en una especie de palco involuntario desde el que contemplar buena parte de los acontecimientos que se sucedían en la plaza del Cristo, el santuario y el cuartel.
En 1928, desde aquella casa se pudo contemplar la llegada del general Miguel Primo de Rivera durante su visita a Tenerife. Primo de Rivera acudió al santuario y al cuartel del Cristo, de modo que su presencia se produjo prácticamente ante las puertas del establecimiento.

Plaza del Cristo de La Laguna. 1934. Asamblea Agrícola Regional.
Tres años después, el escenario político español cambió por completo.
Con la proclamación de la Segunda República en 1931, la plaza del Cristo fue escenario de los actos y celebraciones relacionados con el nuevo régimen. Nuevamente, Casa Antonino ocupaba una posición excepcional para contemplar aquel movimiento de personas y manifestaciones públicas que llenaba uno de los principales espacios de encuentro de La Laguna.
Durante aquellos años, la plaza y sus alrededores adquirieron además una intensa actividad política, social y deportiva.

Estadio de fútbol del Real Hespérides. La Laguna 1934.
Detrás del santuario se encontraba entonces el campo de fútbol del Real Hespérides, en terrenos que posteriormente serían utilizados para la instrucción de los soldados. Aquel campo, que permaneció allí desde los últimos años de la segunda década del siglo XX hasta entrada la década de 1940, no fue solamente escenario de encuentros deportivos.
Durante la República acogió grandes mítines y concentraciones sindicales. Numerosas personas se reunían allí para escuchar discursos y participar en aquellos actos políticos. Y, junto a ellos, estaban naturalmente los grandes partidos de fútbol, capaces también de congregar a una considerable cantidad de público.
Todo aquel movimiento repercutía directamente en Casa Antonino.
Antes y después de los encuentros, de los mítines o de cualquier concentración celebrada en el entorno del Cristo, buena parte de aquella gente terminaba pasando por la casa de comidas. El establecimiento fue adquiriendo así una fama cada vez mayor y se integró definitivamente en la vida cotidiana de aquel rincón de La Laguna.
El pabellón de verano de los capitanes generales
En una de las esquinas de la plaza del Cristo, junto al camino de Las Peras, se encuentra también el conocido pabellón de verano de los capitanes generales.
Entre 1935 y 1936, aquel edificio adquiriría una especial relevancia con la presencia de Francisco Franco, destinado en Canarias. Durante su estancia en Tenerife utilizó aquel pabellón situado en las inmediaciones del Cristo.
Una vez más, los acontecimientos que estaban transformando el país se desarrollaban a escasos metros de Casa Antonino. Y pronto dejarían de ser acontecimientos políticos contemplados desde cierta distancia.

Embarque tropas en el «Marqués de Comillas» . Santa Cruz. Guerra civil 1936.
Julio de 1936
La sublevación militar contra el Gobierno de la República, iniciada en julio de 1936, cambió radicalmente la realidad de España y también la vida que rodeaba al cuartel del Cristo. Desde allí comenzaron a salir las primeras expediciones de oficiales, suboficiales y soldados destinados a participar en la guerra.
Para Casa Antonino, aquellos hombres no eran desconocidos ni simples uniformes que abandonaban el cuartel. Muchos habían sido clientes habituales; algunos eran amigos y compañeros de largas jornadas. Habían comido y bebido allí, habían conversado alrededor de sus mesas y habían formado parte de la vida cotidiana de Antonino y su familia.
Por eso, las noticias que posteriormente comenzaron a llegar desde la Península tenían en aquella casa una dimensión especialmente humana. En noviembre de 1936 llegaron las noticias de la terrible suerte sufrida por la batería de Brotóns en la Casa de Campo, con numerosas bajas entre mandos y tropa.
Pueden imaginarse lo que aquellas noticias significaron en Casa Antonino.
Los nombres de los fallecidos tenían rostros conocidos. Eran hombres que hasta poco tiempo antes habían formado parte del paisaje cotidiano del cuartel y de la casa de comidas. Cada información que llegaba del frente atravesaba directamente la vida de familias, compañeros y amigos.
Casa Antonino, situada casi en el corazón formado por la plaza, el santuario y el cuartel, vivió aquellos acontecimientos de una manera especialmente intensa. Entre sus paredes debieron sucederse las conversaciones, las esperas, las noticias y también los silencios de quienes aguardaban información de aquellos que habían partido.
La guerra se encontraba a miles de kilómetros y, al mismo tiempo, entraba cada día por la puerta de aquella casa de comidas.
Después de la guerra
Terminada la Guerra Civil, Casa Antonino continuó formando parte inseparable de la vida del Cristo durante los años cuarenta.
En 1947 se produjo otro acontecimiento de enorme importancia para Tenerife: la consagración como obispo de Domingo Pérez Cáceres. En torno a aquellos años surgió también la célebre puchereta, cuya historia forma parte de otro episodio de esta misma memoria y que terminaría incorporándose igualmente a la tradición gastronómica vinculada a Antonino. https://lalagunaahora.com/ventas-bodegas-tabernas-y-dulcerias-del-entorno-de-la-plaza-del-cristo-de-la-laguna-la-puchereta-de-casa-antonino-al-casino-de-la-laguna-por-julio-torres/
El establecimiento seguía siendo mucho más que un lugar donde comer.
El cuartel continuaba a su lado, el santuario seguía atrayendo fieles y visitantes y la plaza mantenía su condición de espacio fundamental de encuentro para los laguneros. Mientras tanto, las carajacas, el puchero y posteriormente la puchereta continuaban saliendo de los fogones de una casa que ya formaba parte del paisaje humano del Cristo. Y todavía habría de contemplar Casa Antonino otra visita que quedó marcada en la historia de aquel entorno.

Franco vuelve al Cristo
En octubre de 1950, Francisco Franco regresó a Tenerife y visitó el santuario del Cristo de La Laguna.
Habían transcurrido casi quince años desde aquellos meses de 1936 en los que su presencia había quedado vinculada al pabellón de los capitanes generales y al ambiente militar que rodeaba la plaza.
España era entonces un país muy distinto al que Antonino había contemplado desde su establecimiento durante los años de la República y el comienzo de la Guerra Civil.
Pero Casa Antonino seguía allí.
Seguían sus fogones, sus clientes y aquella relación inseparable con el cuartel, el santuario y la plaza. Continuaban también algunos de los sabores que habían acompañado al establecimiento desde sus primeros tiempos: las carajacas, el puchero canario y, más adelante, la puchereta.
Durante tres décadas, Antonino y su familia habían visto pasar ante las puertas de aquella casa de comidas militares y civiles, futbolistas y aficionados, sindicalistas y asistentes a mítines, fieles que acudían al santuario, soldados que partían hacia la guerra y autoridades que visitaban la ciudad.
La historia había pasado, literalmente, por delante de su puerta.
Y Casa Antonino había permanecido allí, observándola desde uno de los rincones más singulares de la plaza del Cristo.
Todavía quedaban años de historia. Los cincuenta traerían nuevos tiempos, nuevos clientes y nuevas vivencias, hasta llegar a 1964, cuando Antonino realizó el primer traspaso de la casa de comidas y el establecimiento pasó a otras manos pero siempre conservando el nombre y las carajacas.
Pero esa será ya la siguiente parte de nuestra historia.
