Así fue el Pregón que abrió las Fiestas de Tejina 2018

Por María del Cristo González Hernández

Comienza agosto y ya se ve movimiento en cada hogar de Tejina. Se mejoran las viviendas pintando, haciendo pequeños arreglos, acondicionando patios y azoteas para recibir a familiares y amigos.

Año tras año renace la ilusión de celebrar la fiesta, del mismo modo que lo realizaron nuestros antepasados; este es el gran valor que encierra esta celebración. En agosto, este pueblo tiene la capacidad de dividirse en tres, en tres grandes Corazones, y, al mismo tiempo, ser un pueblo unido, un solo corazón.

La fiesta de Tejina es, junto con el Auto Sacramental de los Reyes Magos, la materialización de la cultura intangible del patrimonio de este pueblo.

En 2004 tuve el honor de estar en el Congreso Internacional de Patrimonio, en Yaiza, Lanzarote. El último día, se entregaron, por primera vez, los Premios Internacionales CICOP y declararon a nuestro pueblo, Tejina, como merecedor del premio al Valor Intangible por la Fiesta de los Corazones de Tejina. Los Corazones quedaban reconocidos junto a grandes eminencias en restauración del patrimonio. Fue un momento inolvidable y significativo que me hizo reflexionar. ¿Cuáles son esos valores intangibles heredados que se renuevan cada año en el momento que levantamos nuestros Corazones como ofrenda? ¿Qué es lo que hace que un pueblo se mueva al unísono cada año? ¿Qué hace que el pueblo de Tejina se entregue a la celebración, a la generosidad, a la alegría, al compartir estas y en definitiva a la fiesta?

Como respuestas, pienso que, a lo largo de la historia, en Tejina siempre ha sido el propio pueblo el que ha dado la cara. Sus habitantes que, de manera desinteresada y sin ánimo de lucro, crearon diferentes grupos, asociaciones, cooperativas que han promovido no solo la organización de la fiesta sino la propia vertebración del pueblo; ya sea en el ámbito cultural, en el económico o en el deportivo. Aquí se reflejan los auténticos valores de Tejina, valores que llevamos dentro y que hacen que la fiesta salga adelante superando con creces los imprevistos que vayan surgiendo. Simplemente porque es una fiesta nuestra, de todos.

Si miramos nuestra historia, nuestros antepasados se abrieron camino uniendo esfuerzos e ilusiones, siempre con el afán del progreso para todos. No obstante, también se enfrentaron a dificultades, como quedarnos sin ayuntamiento. En ese avatar, la idea común que quedó entre los vecinos fue: «lo perdimos por no ser dueños de la tierra». Por ello, los tejineros concluyeron que debían hacerse propietarios para que nadie más decidiese ni el presente ni el futuro del pueblo. Muchos tejineros, a la hora de recibir la herencia de sus padres, oyeron: «esta tierra que te doy no es tuya, tampoco es mía, es un regalo que me entregaron mis padres para dárselo a mis hijos y, del mismo modo, tú tendrás que guardarla para los tuyos». Esta es la razón fundamental por la que en Tejina era tan difícil comprar tierra, y —si se vendía— era entre familia, para que esa donación no pasase a extraños.

En esa historia de pueblo, para nuestros antepasados la palabra tenía más valor que cualquier documento escrito. Viví, por ejemplo, cómo mi padre dio instrucciones a mi hermano para que pusiera la linde donde decía el vecino, sin él ir a comprobarlo. Una vez puesto el lindero, no hizo falta papel para que quedara establecido de ese modo, sirvió su palabra. También fue mi padre quien, ante la apropiación de una pared medianera, con espíritu desprendido me dijo: «¿Qué valor tiene una pared entre vecinos? Vale más la pena vivir tranquilos que discutir poruña pared».

Con todo, a lo largo del tiempo, Tejina ha propiciado hitos sobresalientes. ¿Cómo surge nuestro actual Instituto de Enseñanza Secundaria? Son nuestros progenitores, los que se poen manos a la obra saliendo a pedir, casa por casa, obteniendo de esta manera el dinero necesario para la adquisición del solar. El propietario del mismo, consciente de la empresa que se perseguía, colaboró también reduciendo el valor de venta del solar. De este modo, los vecinos consiguieron y entregaron a la Administración del Estado el solar, iniciándose los trámites para su construcción. Nunca fue fácil. Hasta conseguir la luz en este centro fue una larga batalla de tejineros que duró siete largos años. Esta anécdota y suena incomprensible tratándose de una obra pública, de un lugar dedicado a la enseñanza de los jóvenes.

ledo decir hoy, orgullosa como tejinera, que el empuje los vecinos propició disponer de instituto. Del mismo do, fueron también los propios vecinos los que crearon sociedad de la música en Tejina, a partir de la donación I solar y del trabajo de nuestros mayores. Asimismo, ron ellos los que crean comunidades de regantes ¦a obtener el agua de riego, cooperativas que habrían facilitar el comercio de los productos del pueblo, etc.

los avatares de nuestra historia, según se recoge en «noticias históricas de la párroquia de San Bartolomé Tejina», Leopoldo de la Rosa Olivera, son los vecinos, ito con el párroco, tos que crean el Arca de Misericordia, ada el 5 de marzo de 1662, cuyo fondo inicial se ó con donaciones de los vecinos y del propio párroco. 1664 ya se había construido la primera casa panadera un solar donado a la entidad por una vecina, doña cbina Westerling. Esta institución tuvo dos siglos de ~, empezando a decaer a mediados del siglo XVIII.

forma de actuar es, sin lugar a duda, el antecedente la fundación de la Cooperativa Agrícola de cheros de Tejina, y podría ser, de la misma forma, ursora del ansiado mercadillo del agricultor, de la 3 comercial abierta y demás iniciativas de los vecinos. Tejina, en definitiva, se vive, heredado de viejo, un imiento que sorprende desde fuera. Un sentimiento se vive en situaciones como que al Corazón viene, no se convoca. La hora y los días están blecidos: para hacer las tortas, para ir por la rama, confeccionar el Corazón, etc. Durante la fiesta se cómo los miembros de los tres Corazones se unen ir juntos al monte a retirar la rama. Que no se te a, cuando los Corazones estén en la plaza atentar cualquier forma a uno de ellos, porque se producirá I ulsa y defensa unánime de cualquier miembro de los tres Corazones; vuelve a recuperarse la unión. La Ofrenda de los Corazones puede remontar sus orígenes, no necesariamente en forma de corazón, dado que siempre ha sido una manera de dar gracias, en las festividades religiosas, con los productos de la tierra. Ya desde el siglo XVII, se nombra en las mencionadas «noticias históricas de la Parroquia de Tejina», Leopoldo de la Rosa Olivera: «lo fértil del suelo, la abundancia de aguas, su cercanía a La Laguna. La riqueza de Tejina la producía el cultivo de la vid y el de la huerta; plataneras, higueras y otros árboles». Tejina, junto con Valle de Guerra, fue, en este momento histórico, la zona de regadío de la capital de la Isla, La Laguna.

Cuando levantamos los tres Corazones en la Ofrenda, lo que estamos haciendo es renovar ese compromiso de mantener esos valores heredados: la palabra, la generosidad, la colaboración, la participación, la capacidad de celebrar y el compartir. En definitiva, el vivir la Fiesta en primera persona, como quien la ha hecho posible, y no como un espectador a la espera de algo por venir.

El patrimonio intangible heredado como pueblo, tiene que encontrar el camino para preservar el derecho de las generaciones futuras. Por eso, hoy quiero materializar en este pregón esos valores que resguardamos, de los que debemos ser conscientes porque son los que conforman la esencia de este pueblo, la capacidad de transmitir nuestra identidad. Tejina tiene el derecho de manifestarse como pueblo propio, porque su antigüedad tiene 500 años y porque fue fundado como tal a pesar de ser anexionado a un municipio mayor, La Laguna. Con todo, fue una fusión coyuntura! que nunca afectó a nuestro sentimiento como pueblo. El reconocimiento de un pueblo lo da su propia historia, por ello las generaciones futuras necesitan conocerla.

Desde aquí hoy, convoco a levantar este año la Ofrenda con la ilusión y esperanza de no fallar a nuestros antepasados. Tendamos la mano, como hicieron ellos, a nuestras asociaciones, que se materializan en todos y cada uno de los actos de la fiesta.

Esta fiesta es el compromiso de un pueblo, consciente de que el devenir del mismo es responsabilidad de cada uno y de todos y, como dicen nuestros padres, «voy a gozar la misa», gocemos nuestra Fiesta.

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