Así eran las fiestas navideñas en La Laguna de mediados del siglo XX

Estación del antiguo tranvía de Tenerife en la plaza del Dr. Olivera en La Laguna. 

En aquellos años no existía la gripe aviar y los gallos convivían con las gallinas en azoteas y casas de campo. Formaban parte natural de la vida cotidiana y también de la mesa. Hoy han desaparecido de aquellas comidas tan recordadas: el arroz amarillo, los conejos en salmorejo, la carne de cochino o de cabra en sus múltiples versiones. Aquellas cenas familiares han sido sustituidas por langostinos, gambas y jamón, productos que entonces no solo eran un lujo, sino que muchos ni siquiera habían visto.

En la actualidad, la cena de Reyes puede encargarse a un catering y no es necesario pasar días enteros en la cocina. ¡Cuánto trabajaron aquellas madres de entonces! Jornadas interminables, sin ayudas ni comodidades. Eso sí, también han cambiado los regalos: hoy predominan las botellas de alcohol extranjero, relegando a un segundo plano aquellas garrafas de vino de “Barbado” o de La Matanza, tan propias de la tierra.

Los barrios de casas terreras han desaparecido. En su lugar se alzan edificios de varias plantas cuyos vecinos viven ahora “acojonados” con el recibo de Unelco por el consumo de los ascensores. Las reuniones espontáneas, los cantos compartidos entre vecinos y la vida comunitaria casi han quedado en el recuerdo.

Los belenes domésticos, por fortuna, empiezan a recuperar protagonismo, gracias a la labor de la concejalía de Cultura, los cofrades y muchos particulares comprometidos con la tradición. En contraste, el Papá Noel hinchable —ese personaje barato adquirido en tiendas de “todo a un euro”— aparece y desaparece sin pena ni gloria: se compra, se coloca y se tira, sin el cuidado y el cariño con que se guardaban las figuritas del Belén año tras año. Por suerte, va desapareciendo de balcones y fachadas.

El Día de los Santos Inocentes ya no se celebra como antes. Apenas queda alguna que otra noticia inverosímil sobre políticos que, con solo conocer la realidad que vivimos, resulta fácil identificar como la auténtica inocentada.

La Nochevieja mantiene aún dos formas de celebración. Los mayores continúan reuniéndose en familia, mientras que los jóvenes optan por las macrofiestas. Y ¡vaya con Dios lo que cuesta! Cotillones donde se paga caro por beber y bailar, porque en la comida, directamente, les clavan.

Y llega la Cabalgata de Reyes. Antes, Sus Majestades eran solo tres personajes, sencillos y cercanos. Hoy, con eso de los cargos de confianza y los puestos específicos, no llegan solos, sino acompañados por un séquito que también forma parte del espectáculo.

También te podría gustar...