Tras la huella de la Iª Peregrinación tinerfeña a Roma en 1950 (XXVII).Hacia Tierra Canaria via Barcelona (II)

No les faltó tiempo a los peregrinos para invadir Las Ramblas, comprar flores y beber agua en Canaletas.

El día 7 tenemos que señalarlo con el calificativo de estupendo si atendemos al buen tiempo que durante todo él nos acompañó. ¡Día maravilloso! A las once de la mañana alcanzamos Córcega y Cerdeña, cruzando el estrecho de Bonifacio después del medio día. El mar parece un zafiro azul y el sol arde sobre él luciendo la nitidez de sus infinitos destellos.

Al terminar la jornada de hoy nos ha aspurado quien está autorizado para hacerlo que, de persistir la bonanza del tiempo, llegaríamos a Barcelona al siguiente día alrededor de las cuatro de la tarde.

El anterior cálculo fue exacto ya que, en efecto, a la hora predicha atracaba el «Plus Ultra» en los muelles de Atarazanas de la Ciudad Condal, donde nos esperaba un nutrido grupo de personas de la colonia canaria residentes en aquella población.

Antes de dispersarnos por la grán urbe, es decir, antes de desembarcar, se nos dieron dos avisos: que nuestra permanencia en Barcelona se prolongaba hasta las nueve de la noche del siguiente día 9 y que los peregrinos que deseaban ir a Montserrat dieran sus nombres para ser inscritos en la lista que se estaba confeccionando en el salón de música. Recogidas estas dos advertencias con evidentes señales de agrado, el pasaje se fue a tierra para empezar inmediatamente la visita de la Ciudad.

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