Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna: «Antonio el Puntero» (VI). Por Julio Torres

Antes de continuar con los capítulos dedicados a El Puntero y adentrarnos de nuevo en las Fiestas del Cristo y en la célebre puchereta de Domingo Laguna, conviene hacer algunas precisiones que ayudan a completar la historia de aquel establecimiento y, sobre todo, a situarlo mejor en la vida cotidiana de La Laguna de aquellos años.
Es cierto que El Puntero tuvo un emplazamiento anterior al que venimos situando a partir de 1965. Estuvo también en la calle Dean Palahí, pero en otro local, y durante bastante tiempo, al parecer, antes de trasladarse al establecimiento que protagoniza buena parte de estos recuerdos.
El propio nombre de «El Puntero» tenía una explicación sencilla: su dueño era de La Punta, de Punta del Hidalgo. Y aquella procedencia no era un detalle menor, porque estaba directamente relacionada con una de las señas de identidad de la casa: el pescado fresco.
El establecimiento mantenía un suministro prácticamente diario. Cuando el estado de la mar lo permitía y las barquillas salían a faenar, desde La Punta llegaba pescado recién capturado. Había, además, una circunstancia que favorecía enormemente aquel trasiego. En la misma calle se encontraba la parada de las guaguas que comunicaban La Laguna con Las Mercedes y también con Tejina, Bajamar y Punta del Hidalgo. De esta manera, apenas entraban las embarcaciones y llegaban las capturas a tierra, el pescado podía emprender camino hacia La Laguna y terminar, todavía fresco, en El Puntero.

Estos datos me los ha facilitado Francisco Alberto Delgado, Paco para quienes lo conocemos y tratamos desde hace muchos años. Se incorporó en 1955 a la Banda del Patronato de Música de La Laguna, conocida popularmente por muchos laguneros como la Banda Municipal, aunque aquella no fuera su denominación oficial.
Paco, junto con otros músicos de la banda, fue asiduo de la casa de El Puntero. Conserva numerosos recuerdos de aquellos años y, durante una larga conversación, me relató también algunas anécdotas que iremos desgranando en próximos capítulos, a medida que vayamos llegando a los asuntos y personajes con los que están relacionadas.
Para mí, además, conversar con él tuvo un componente especialmente entrañable. Lo conozco desde muy pequeño, pues se casó con una vecina de la casa de mis padres y su figura forma parte de esos rostros que uno recuerda haber visto desde siempre. Por eso me llevé una verdadera sorpresa cuando me dijo que tenía ya noventa y cinco años. Se conserva perfectamente y mantiene una memoria y una lucidez extraordinarias. Sus recuerdos, expresados con una seguridad y una precisión admirables, enriquecieron muchísimo todo cuanto yo había podido reunir hasta ahora sobre aquella época.
Y entre esos recuerdos aparece un dato particularmente interesante para la historia que estamos contando.
El primer establecimiento de El Puntero se encontraba, dentro de la misma calle, hacia el tramo comprendido entre Tabares de Cala y Viana, y más concretamente en el número 17. Muy cerca vivía Domingo Laguna, el creador de la puchereta. Eran, por tanto, vecinos. Y aquella proximidad terminó convirtiéndose también en familiaridad y amistad, alimentada por la convivencia diaria del barrio y, por qué no decirlo, por más de un vaso de vino compartido.
Ese vínculo nos devuelve precisamente al asunto que ahora queremos retomar.
Habíamos llegado a las Fiestas del Cristo y a la puchereta de Domingo Laguna. Y debemos situarnos ya en 1966, cuando se celebra la primera puchereta en el segundo emplazamiento de El Puntero.
Pero no adelantemos acontecimientos. Mañana veremos hasta dónde llegaron los ecos de «La Puchereta» y cómo una historia que comenzó alrededor de una mesa terminó conectándose con las fiestas, la Esclavitud y hasta con la vida política de La Laguna.
