La Elección de la Romera Mayor de las Fiestas y Romería Regional de San Benito Abad 2026 fue una gala para la historia. Por Julio Torres
Hay acontecimientos que, cuando concluyen, dejan la sensación de haber asistido a algo extraordinario. Así me ocurrió el pasado sábado durante la elección de la Romera Mayor de las Fiestas y Romería Regional de San Benito Abad, una gala que, a mi juicio, pasará a ocupar un lugar destacado en la historia de esta entrañable tradición lagunera.
Desde 1992 he tenido el honor y la enorme responsabilidad de formar parte, casi ininterrumpidamente, del jurado encargado de elegir a la Romera Mayor. Son más de tres décadas contemplando la evolución de un acto que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder la esencia que lo convirtió en uno de los símbolos más queridos de las fiestas de San Benito.
Quizá por esa experiencia acumulada puedo afirmar, con pleno convencimiento, que la gala de este año ha sido una de las mejores que he presenciado. Fue una ceremonia dinámica, elegante, emocionante y perfectamente estructurada. Todo fluyó con naturalidad, demostrando que cuando existe un gran equipo humano trabajando con ilusión, el resultado alcanza cotas de excelencia.
Mientras observaba el desarrollo del acto no pude evitar una reflexión que va mucho más allá de una gala: nadie es imprescindible para que las cosas funcionen. Las instituciones, las tradiciones y los grandes acontecimientos permanecen porque detrás de ellos siempre hay personas capaces de asumir responsabilidades, aportar nuevas ideas y mantener vivo el legado recibido. La grandeza de San Benito reside precisamente en esa capacidad de renovarse sin perder su identidad.
La calidad de las aspirantes fue sencillamente extraordinaria. Cada una de ellas representó con orgullo nuestras tradiciones, luciendo unas indumentarias de enorme riqueza patrimonial y etnográfica, cuidadas hasta el más mínimo detalle. La puesta en escena fue majestuosa, elegante y emotiva, alcanzando un nivel difícil de superar y demostrando el excelente momento que vive este certamen.
Mención especial merece la impecable labor de Elvis Sanfiel, quien condujo la gala con profesionalidad, cercanía y sensibilidad. Su presentación aportó ritmo, elegancia y emoción, convirtiéndose en uno de los grandes aciertos de la noche y contribuyendo decisivamente al brillante desarrollo del espectáculo.
También deseo felicitar al Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna por el cuidado y el cariño con el que protege este acto, consciente de que no se trata únicamente de elegir a una Romera Mayor, sino de preservar una de las tradiciones más representativas del municipio. La gala del sábado, correspondiente a la 70.ª edición del certamen, fue un magnífico ejemplo de ese compromiso con nuestro patrimonio cultural.
Esta efeméride invita igualmente a mirar hacia nuestros orígenes. Conviene recordar que la primera Romera Mayor fue Mari Carmen Laínez Cerdeña, elegida en 1957, iniciando una historia que, casi siete décadas después, continúa escribiéndose con el mismo orgullo, la misma emoción y el mismo profundo sentimiento de identidad lagunera.
Quienes tuvimos la fortuna de vivir esta gala sabemos que no fue una edición más. Fue una noche que engrandece la historia de San Benito Abad y que demuestra que nuestras tradiciones siguen plenamente vivas cuando se organizan con respeto, ilusión y excelencia. De esas noches que, con el paso de los años, todos recordaremos como una de las grandes páginas de las Fiestas y Romería Regional de San Benito Abad.

