Así fue el Martes Santo en La Laguna
El casco histórico de San Cristóbal de La Laguna volvió a convertirse en escenario de recogimiento, silencio y tradición durante la celebración del Martes Santo, una de las jornadas más emblemáticas y esperadas de la Semana Santa lagunera. Las calles adoquinadas, tenuemente iluminadas y envueltas en un ambiente de solemnidad, acogieron a numerosos fieles y visitantes que no quisieron perderse uno de los días con mayor carga simbólica del calendario litúrgico.

Uno de los momentos más destacados de la noche fue la procesión de El Señor Atado a la Columna, que recorrió el entramado histórico de la ciudad mostrando su sobrecogedora desnudez, en una estampa de profunda carga espiritual y estética. El silencio respetuoso del público acompañó su discurrir, roto únicamente por el sonido grave de los tambores y el acompasado caminar de los cofrades.

Como es tradición, la imagen estuvo acompañada por el Santísimo Cristo de los Remedios y por Nuestra Señora de las Angustias, esta última una delicada talla del maestro sevillano Gabriel de Astorga, cuya expresividad y dramatismo contribuyen a intensificar la emoción del cortejo procesional.

La jornada también estuvo marcada por la salida de la procesión de Las Lágrimas de San Pedro y de Nuestra Señora de los Dolores, acompañadas por la Hermandad del Santísimo de la Concepción y la Cofradía del Santísimo Cristo del Rescate y Nuestra Señora de los Dolores. En esta ocasión, el cortejo partió desde la iglesia de Iglesia de la Concepción, uno de los templos más emblemáticos de la ciudad.
Durante el recorrido, los pasos avanzaron entre miradas contenidas, oraciones en voz baja y el respeto de un público que llenó las calles sin romper la atmósfera de recogimiento. No obstante, muchos asistentes echaron en falta la interpretación del tradicional “Recordadus et Pedro”, pieza compuesta en Nápoles por el músico lagunero Guillén, que históricamente ha acompañado este momento y que forma parte de la memoria sonora de la ciudad.

El Martes Santo volvió así a poner de manifiesto la riqueza patrimonial, artística y espiritual de La Laguna, donde la tradición no solo se conserva, sino que se vive intensamente generación tras generación. Una celebración que, año tras año, consolida a la ciudad como uno de los principales referentes de la Semana Santa en Canarias.

