Ya vienen los carnavales: Historia del Carnaval en Tenerife (VII). «Los Bailes del Leal». Por Julio Torres

Los bailes del Leal fueron durante años el epicentro del carnaval. Así sonaban aquellas orquestas en los 50-60.

Con motivo del carnaval de 1956, cuatro entusiastas carnavaleros laguneros crearon un grupo que representaba la llegada de indianos al puerto de Santa Cruz de Tenerife (Indianos se les llamaba de forma coloquial al emigrante español en América que retornaba rico, una tipología social que desde el siglo de Oro se había fijado como un tópico literario.​ La denominación se extendía a sus descendientes, con connotaciones admirativas o peyorativas según el caso, era muy comun en Canarias que la gente se acercara hasta el muelle cuando llegaban los barcos de América para ver bajarse a los indianos). Desde primeras horas del martes de carnaval, después de disfrazarse en sus respectivas casas de blanco y maquillarse rostro y manos de negro, se dirigían, en un “pirata” (coche de alquiler de la época carente de licencia de transporte), desde La Laguna, al muelle. Allí representaban la parodia de que acababan de bajar de un barco recién llegado de La Habana. Lo primero que hacían los intrépidos viajeros era dirigirse a la cantina de la marquesina del muelle, donde, después de todos los saludos de rigor de los estibadores, cambulloneros,… ávidos de carnaval prohibido, comenzaban a quitarse el supuesto salitre “alojado en los gargantas” tras el largo viaja, brindando con la exquisita caña mañanera. El ritual incluía encender grandes habanos.

Tras este primer contacto con la isla, salían del muelle para visitar los “altares” del entorno “LaViña el loro”, “Los Paragüitas”, “El Atlántico”,… para así continuar diluyendo el salitre alojado en las gargantas.

indianoslaguneros1959

A la indumentaria no le faltaba ningún detalles: portaban maletas -etiquetadas con el lema “Hotel Ortigal”,“Viajes Guajiro”- cámaras fotográficas, pajizos, etc.

Más tarde tomaban una Guagua de aquellas trompudas de chapa y, a eso del mediodía, recalaban los intrépidos viajeros en La Laguna. Tomaban contacto con la ciudad en la estación de La Concepción y, de inmediato, hacían las visitas de rigor a Juan “el del Rincón”, al bar “Estación”, “el Palmero”, etc.

En las primeras horas de la tarde, como no podía ser menos, comenzaba su descenso por la calle de La Carrera, donde las visitas y los saludos eran interminables. No podían faltar las visitas a la cantina del viejo Orfeón, al “Refugio” o al “Bar Alemán”; para acabar el día, con las valijas bien llenas en el baile del Leal.

Este primer y segundo año compuso el grupo los que fueron sus promotores, Ángel Pérez, Félix Arias, Lázaro Pérez y Domingo Reyes “el practicante”.

Al año siguiente se sumó Agustín….”el del Águila” y un amigo peninsular de éste.

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