VIRGEN DE CANDELARIA: PATRONA DE CANARIAS TODO COMENZÓ CON UNA MUJER Y (II)

D. Juan Artíles Sánchez  
Vicario de la Diócesis de Canarias
Síntesis del pregón de las fiestas del Pino, año 2004

 
Otra Imagen de María, cuidada y protegida por la providencia divina y la naturaleza, durante muchos años, en lo alto de un pino, tal vez antes que Benedicto XIII creara el 7 de julio de 1404 la diócesis del Rubicón, quizá coincidente con la supresión del obispado de Telde, aguardó su aparición para más adelante ¿1481?, según Miranda Naranjo, inmediatamente después de la conquista, ¿1483?, según el canónigo García Ortega, no indican fecha de su aparición Ignacio Quintana-Santiago Cazorla. En cualquier caso, ésta la podemos situar entre 1481 y 1483, aunque, como dice Diego Henríquez, cuando ellos llegaron a merecer la fortuna de su dichosa presencia, avia ya mas de cien años que aparecía en el Pino. ¿ Imagen dejada por los obispos de Telde antes de que se suprimiere este obispado?. No sabemos el número de años que estuvo la Imagen de la Virgen expuesta al intemperie e inclemencias del tiempo, al frío, a las lluvias, al calor, por qué no, también a alguna que otra tormenta. A esta Imagen le pudieron pasar dos cosas: que quedara milagrosamente intacta ¿por qué no? o también que sufriera los deterioros propios de las inclemencias ambientales, como a cualquier otro elemento natural hubiera sucedido en las mismas circunstancias. En este último caso, la Imagen se encontraría necesitada de retoques, y pudo haber pasado a la Península para su restauración.

 

El pino sí que era un prodigio. Sobre ser eminente, de ramos muy frondosos, y su tronco de una circunferencia de cinco brazas y media, tenía en la primera distribución de sus gajos un círculo de culantrillo de pozo tan fresco y tan lozano como si estuviese en un peñasco regado de algún manantial. De este frondoso círculo nacían dos árboles dragos, cada uno de tres varas desde la raíz a la copa, y en medio de ellos, se dice, estaba la santa imagen, sobre la peana de una piedra, cuya calidad no pudo averiguarse nunca. Al pie de aquel pino corría una fuente. Lo cierto es que unos fenómenos naturales desvelaron a los nativos la presencia de esta Imagen misteriosa en lo alto de aquel Pino.

Avisan al obispo Frías, residente ya en Las Palmas de G. Canaria. El prelado sube hasta Teror, explora el árbol misterioso y, ¡sorpresa¡ encuentra una Imagen de la Virgen de 104 centímetros de altura, con un niño en sus brazos y rostro sonriente. El obispo la toma en sus manos pontificales, le limpia el polvo, la besa en la frente o en la mano, o en la frente y en la mano, ¿por qué no también en sus pies?, la mira detenidamente, mientras todos los presentes fijan, en silencio, sus miradas en ella, y todos de rodillas oran ante la Sagrada Efigie, que sostiene el prelado, apretándola contra su corazón de pastor. Es otra imagen de la misma Mujer que la de la Cueva de Candelaria: es María. La Iglesia, recién llegada a esta isla, la proclama patrona de la diócesis, y desde entonces esta Mujer asume un nuevo apellido, el de la Virgen de Teror primero, y desde 1622, el de la Virgen del Pino. Esperó la Virgen para registrar este su nuevo apellido el momento histórico en que la Iglesia de Jesús sentara su sede definitiva en la isla de G. Canaria para ofrecérsele como patrona y auxiliadora.

Testigos de este patronazgo: Garantes de este patronato son todos los prelados canarios, entre los que descuellan Vázquez de Arce, artífice de la unión de la pequeña ermita santuario a la iglesia catedral, mediante la constitución sinodal 136, año 1514, y Corrionero, promotor de la primera hornacina para la histórica Imagen, la que embelleció con una lámpara que él mismo costeó siendo ya obispo de Salamanca. Todos los obispos, durante cinco siglos, han venido solemnizando con sus presencias pastorales las fiestas veraniegas del Pino ; y también dan fe de este patronazgo abundantes hechos probatorios: la coronación de su Imagen por el obispo Cueto, 7 de septiembre de 1905; consagración de su iglesia por Mons. Marquina, 30 de agosto de 1914; título de basílica para su santuario, 12 de enero de 1916; bajadas de la Imagen de la Virgen a Las Palmas capital; y sobre todo lo testifica la respuesta popular de creyentes y no creyentes, peregrinos todos hacia el santuario del lugar de la aparición.

Fue el obispo Joaquín Lluch y Garriga, quien, a nuestro entender, sufrió confusión y olvido involuntario entre los dos apellidos marianos canarios. Fue aquí en Teror,-se reponía de una larga enfermedad,-donde escribe una exhortación episcopal a sus diocesanos, fechada el 8 de septiembre de 1866. En ella hace referencia a la Virgen del Pino: Como veréis por la fecha, esta Carta os la dirigimos desde la Villa de Teror, en donde existe el Santuario dedicado a la Santísima Virgen del Pino, cuya antigua y devotísima imagen, dice, hace ya siglos es objeto de la veneración de los piadosos canarios. Sin embargo, el prelado no divisó esta advocación para patronato de la diócesis de Canarias. Lo que sí hizo, con la advocación de la Candelaria, al narrarla como protectora, o lo que es lo mismo, patrona sobre el Archipiélago: María, escribe, tomó ya posesión de las Afortunadas antes de que en ellas se predicara el Evangelio de su Divino Hijo, apareciendo a los antiguos Guanches de Tenerife en su portentosa imagen de Candelaria.

Lo correcto hubiera sido si, a la vez que evocaba la advocación de la Candelaria para la protección sobre el Archipiélago, hubiera atribuido la advocación del Pino al patronazgo de María sobre la diócesis de Canarias. Omisión que Lluch y Garriga institucionalizó más tarde cuando solicitó de la Santa Sede se confirmara a María bajo la advocación de la Candelaria patrona de las dos diócesis. La intención del prelado fue buena: evitar la duplicidad de advocaciones marianas como patronas de un mismo pueblo. Petición confirmada más tarde por la Santa Sede en rescripto, fechado el 12 de diciembre de 1867: Su santidad, acogiendo benignamente las preces dirigidas y elevadas a su conocimiento por el infrascrito Secretario de la Congregación de Sagrados Ritos, se ha dignado confirmar como Patrona Principal de ambas diócesis la Purificación de la Santísima Virgen María.

Su sucesor inmediato, Mons. Urquinaona, gran devoto de la Virgen del Pino, consciente de la confusión de su antecesor, en sus escritos no hizo siquiera una sola vez mención, que yo haya encontrado, de la Virgen bajo la advocación de la Candelaria como Patrona de la diócesis de Canarias, siendo así que el reconocimiento pontificio de este patronazgo era muy reciente.

Eso sí, cuando firmaba cualquier documento que tuviera fecha 2 de febrero, lo terminaba haciendo siempre referencia al patronazgo de María, bajo la advocación de la Candelaria, sobre el Archipiélago  Canario: Dado en nuestro Palacio Episcopal de Las Palmas de Gran Canaria en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen, Patrona en este misterio de estas siete islas a 2 de febrero de 1873; y en 1876 al finalizar otra pastoral suya: En la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora, Patrona, en este Misterio, de todo el Archipiélago Canario, a dos de febrero…; y en 1877 hace lo mismo: …En la fiesta de la Purificación de Ntra. Sra. Patrona de este Archipiélago, a 2 de febrero; y en 1878 al terminar otra de sus exhortaciones : …En la fiesta de la Purificación de Nuestra Sra., Patrona de estas islas, a 2 de febrero.

Fue el Cabildo Catedral de Canarias el que inició en 1914 los trámites para, manteniendo los dos apellidos marianos, situarlos, sin menoscabo del uno por el otro, respetando la advocación de la Candelaria para el Archipiélago y la del Pino para la diócesis de Canarias. En una de sus actas se lee: no siendo por otra parte necesaria las identidades de patrono diocesano y provincial (el archipiélago era entonces una sola provincia), ni común a las dos diócesis el motivo de devoción tradicional, por ser local de Tenerife la de la imagen de Candelaria, es justo que esta Diócesis tenga patronos distintos y que lleve ese título la advocación de mayor popularidad y devoción más acendrada y común cual es, sin duda, la de la Virgen del Pino. A nuestro parecer los capitulares, en esta ocasión, tampoco atinaron con el origen último del patronazgo de la Virgen del Pino sobre la diócesis de Canarias. La causa última estuvo, estaba, está y estará, en el hecho mismo de coincidir la aparición de su fiesta Imagen en Teror con la fijación de la residencia episcopal en esta isla, en el Real de Las Palmas de G. Canaria, cuando la diócesis todavía no tenía patrona, aunque sí patrón, S. Marcial. La Imagen de la Virgen del Pino en manos del obispo Frías fue todo un rito o solemnidad contractual de proclamación de María bajo la advocación del Pino patrona de la diócesis canariense rubicense. Hubo de pasar cuatrocientos años para que el Papa confirmara este patronazgo a iniciativa del Cabildo Catedral y a peticiones adheridas del obispo Marquina y de la Universidad Pontificia de Canarias. En rescripto calendado el 16 de abril de 1914, lo confirma en estos términos: Ex speciali Indulto S.S.D.N. Pii Papae X S.Rituum Cong. Electiomen B. M. V. in Patronam Pincipalem Dioeceseos Canariensis per Rmn. Episcopum et Capitulum factam aprobavit et ratam habuit, festumque patronale in Nativitate ejusdem B.M.V. die 8 Septembris celebrari mandavit. El rescripto no abroga por tanto el decreto pontificio de 1867, sólo lo deroga. Es decir: mantiene el patronazgo de María bajo la advocación de la Candelaria para el Archipiélago y la Diócesis de Tenerife, y deja sin efecto este patronazgo para la diócesis de Canarias, confirmando para ésta el patronazgo de María bajo la advocación del Pino. El Archipiélago y la Diócesis son instituciones jurídicas, políticas y eclesiásticas, distintas, susceptibles ambas de dos patronos diferentes, aunque no siempre con idéntico rango litúrgico. La misma diócesis de Tenerife reconoció el papel singular de María bajo la advocación del Pino sobre la Iglesia en Canarias con un gesto que le honró de regalarle a este su santuario un cáliz el día de la coronación canónica de la Imagen del Pino, año 1905, con esta inscripción: Diócesis de Tenerife a la Virgen del Pino de Teror en su coronación.

No son pues dos patronas, no; es una sola, María; pero con dos presencias o apellidos: el de Candelaria para el Archipiélago Canario y el del Pino para esta Iglesia particular o Diócesis de Canarias.

Unidad archipielágica: En 1792, Antonio Gutiérrez, capitán general de Canarias, escribía: La situación aislada de esta provincia que debe reputarse por una sola familia con siete alojamientos. Sí, formamos una sola familia, la familia canaria. María, como madre, no quiere que su patronazgo con sus dos apellidos o advocaciones sea motivo de división entre sus hijos isleños. Es muy de alabar el hermanamiento acordado entre las dos villas marianas, la de Candelaria y la de Teror, y entre los dos santuarios, el del Pino y el de Candelaria. Es hora de superar el llamado pleito insular y de vivir nuestra unidad canaria. Que la Canarias política y económica no destruya nunca la Canarias social.

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