Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna: «Casa el Montañero» (Epílogo). Por Julio Torres

Los cadáveres fueron trasladados a la parroquia de San Juan Bautista de La Laguna, que fue utilizada como morgue. Las honras fúnebres se celebraron en la Catedral de La Laguna, presididas por el obispo Luis Franco Cascón. Foto: Barrio de San Juan. La Laguna 6 de mayo de 1965.
A finales de 1964, la historia de «Casa El Montañero» comenzó a llegar a su fin
Por aquellos meses se desarrollaban en Los Rodeos unas importantes obras de ampliación del campo de vuelos. El crecimiento del aeropuerto exigía grandes movimientos de tierras, maquinaria pesada y numerosos trabajadores. Entre las empresas que intervenían en aquellos trabajos se encontraba la del conocido contratista tinerfeño Luis Díaz de Losada.
La obra ofrecía nuevas posibilidades de empleo y Manolo decidió dejar la casa de comidas. Entró a trabajar en Los Rodeos como engrasador de la enorme maquinaria utilizada en las labores de explanación.
Aquel cambio de oficio significó, en la práctica, el final de una época.
Las obras habían comenzado en el otoño de 1964 y suponían una de las actuaciones más importantes realizadas hasta entonces en el aeropuerto. Con un importe superior a los 275 millones de pesetas, el proyecto contemplaba la prolongación de la pista en aproximadamente mil metros, además de las necesarias obras de explanación y acondicionamiento de los terrenos.

Un acontecimiento ocurrido pocos meses después permite confirmar que, para entonces, Manolo ya había abandonado Casa El Montañero.
El miércoles 5 de mayo de 1965, mientras trabajaba en Los Rodeos, se produjo el accidente del Super Constellation Santa María de Iberia
El aparato, un Lockheed L-1049G Super Constellation con matrícula EC-AIN, realizaba el vuelo IB-401 entre Madrid y Tenerife. Aquella tarde, la niebla cubría Los Rodeos y las condiciones meteorológicas dificultaban seriamente la aproximación al aeropuerto.
Tras intentar frustrar la maniobra de aterrizaje, el avión golpeó maquinaria situada en las proximidades de la pista, cayó en los terrenos cercanos y terminó destrozado e incendiado en el barranquillo de La Centinela.
El periódico vespertino La Tarde, al informar del suceso, mencionó expresamente una «máquina excavadora». Era maquinaria perteneciente a las obras de ampliación que se estaban ejecutando en aquellos momentos.
El accidente dejó treinta y dos fallecidos y dieciseis supervivientes y pasó a formar parte de la larga y, en ocasiones, trágica historia del aeropuerto de Los Rodeos.

Las dos fotografías que acompañan este relato muestran el mismo avión en circunstancias radicalmente distintas. En una aparece el Santa María antes del accidente; en la otra, sus restos después de la tragedia del 5 de mayo de 1965.

Aquel suceso pertenece a otra historia y solo se cruza tangencialmente con la de Casa El Montañero. Sin embargo, proporciona una referencia cronológica de enorme valor: cuando ocurrió el accidente, Manolo se encontraba trabajando en las obras del aeropuerto.
Por tanto, en mayo de 1965 la vieja casa de comidas ya había dejado atrás su actividad.
No conocemos el día exacto en que se sirvió allí la última comida ni cuándo se cerraron sus puertas por última vez. Probablemente tampoco hubo una despedida. Como ocurrió con tantos pequeños establecimientos de aquellos años, su final debió de llegar de una manera mucho más sencilla: un cambio de trabajo, una puerta que dejó de abrirse y una actividad que no volvió a continuar.
El local permaneció cerrado durante algunos meses, probablemente menos de un año. Todo parecía indicar que aquella pequeña casa de comidas de la calle Deán Palahí había llegado al final de su historia. Pero, en realidad, solo concluía una etapa.
Pasado algún tiempo, por aquella misma puerta entraría otro hombre, un personaje que acabaría dando una nueva vida al establecimiento y cuyo nombre permanecería en la memoria de varias generaciones de laguneros.
Se llamaba Antonio.
Aunque, con el paso del tiempo, casi nadie lo recordaría simplemente por su nombre. Para todos sería Antonio «el Puntero». Con él comenzaría una etapa diferente y una historia que dejaría su propia huella en aquel rincón de La Laguna.
Pero esa es otra historia.
