Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna «Antonio el Puntero» (XII). Por Julio Torres

Habíamos dejado el pasado mes de septiembre la casa de comidas de «Antonio el Puntero», con el compromiso de regresar en noviembre para recordar aquellas reuniones que, entre vasos de vino y los más diversos platos de la cocina tradicional, se celebraban con el propósito de preparar la decoración de la ciudad y organizar los actos festivos de Navidad y Reyes. Aquellas celebraciones figuraban oficialmente como organizadas por la Obra Sindical de Educación y Descanso y el Ayuntamiento de La Laguna. Sin embargo, detrás de buena parte de los preparativos, de las iniciativas y del entusiasmo que hacía posible su celebración, se encontraba, en realidad, la peña «Caldisín».

Y es que Casa del Puntero, como hemos venido contando en anteriores capítulos, era mucho más que una casa de comidas. Era un lugar de encuentro, de conversación y de pequeñas conspiraciones festivas, de esas que no pretendían cambiar el mundo, sino conseguir que La Laguna luciera sus mejores galas cuando llegaban las fechas señaladas del calendario. Allí, entre platos de pescado, vasos de vino y animadas tertulias, se hablaba de los asuntos de la ciudad y se gestaban iniciativas que, con el paso de los años, terminarían formando parte de la memoria colectiva de varias generaciones de laguneros.

Los hombres de la peña «Caldisín»

Entre los integrantes de aquella singular peña se encontraban Andrés Galván; José Manuel, conocido por «Fósforo»; Severiano, «Chachi»; Cristóbal, «el Electricista»; Fariña, «el Pintor»; Miguel Palmero; Tomás Morales; Juan, «Pitera»; y Juan Ríos Tejera, popularmente conocido como «Juanito Cabeza». A ellos se sumaban los hermanos Antonio e Ito, quienes, además de desempeñar sus responsabilidades como guardias municipales, participaban activamente y con verdadero entusiasmo en cuantas iniciativas se emprendían en beneficio de la ciudad, convirtiéndose en colaboradores habituales de muchas de aquellas actividades festivas. Todos ellos, junto a otros muchos entusiastas cuyos nombres también merecerían ser recordados, formaban un grupo de hombres de diferentes oficios y ocupaciones, unidos por la amistad, el buen humor y, sobre todo, por una especial disposición para dedicar parte de su tiempo y esfuerzo a engrandecer las fiestas y tradiciones laguneras. En aquellas reuniones, celebradas alrededor de las mesas de Casa del Puntero, no faltaban las bromas, las discusiones animadas ni, naturalmente, los vasos de vino y los sabrosos platos que salían de la cocina de Antonio. Pero, entre conversación y conversación, también se tomaban decisiones y se alcanzaban acuerdos de notable importancia, algunos de los cuales acabarían materializándose en iniciativas que dejaron una huella imborrable en la memoria de la Navidad lagunera.

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