Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna: «Antonio el Puntero» (II). Por Julio Torres

Casa El Puntero, la peña «“Caldisín”» y el nacimiento de las murgas laguneras
Hoy nos detenemos en Casa El Puntero, lugar de encuentro y, en cierto modo, particular «conservatorio» de algunas de las formas más antiguas y tradicionales de hablar, bromear y relacionarse de los laguneros.
Entre aquellas costumbres se encontraba el llamado hablar al berre, un peculiar juego con las palabras que consistía, básicamente, en darles la vuelta y que llegó a practicarse con notable habilidad en determinados círculos de La Laguna.
Su origen resulta difícil de precisar y podría remontarse incluso a los primeros años del siglo XX. Una posibilidad, que debe tomarse como hipótesis, es que esta forma de jugar con el lenguaje recibiera alguna influencia argentina durante las obras de construcción del Teatro Leal, desarrolladas entre 1911 y 1915.
Por aquellos años llegaron desde Argentina un ingeniero y un especialista en instalaciones eléctricas que habían trabajado anteriormente en obras ferroviarias en aquel país. Cabe la posibilidad de que trajeran consigo expresiones o juegos lingüísticos relacionados con el lunfardo y, más concretamente, con el vesre, procedimiento consistente en invertir o reorganizar las sílabas de las palabras.¹
Fuera cual fuese su procedencia exacta, lo cierto es que aquella peculiar manera de hablar arraigó en La Laguna y fue transmitiéndose y conservándose durante décadas en determinados ambientes de la ciudad.
Uno de los grupos que la practicó con especial intensidad fue la peña “Caldisín”, cuyo propio nombre constituía toda una declaración de principios: sindical, dicho al berre.
La peña estaba integrada por personas próximas a la Casa Sindical, al Sindicato Vertical y al ambiente del Movimiento, en un entorno en el que también tenía una presencia importante la Sección Femenina.
Y si hubiera que señalar una «sede» de “Caldisín” —entendiendo lo de sede con todas las comillas necesarias—, esa sería Casa El Puntero.
Por El Puntero pasó un colectivo tan significativo como variopinto de laguneros: orfeonistas y antiguos miembros del Orfeón, personas vinculadas a los coros y personajes de muy distintas procedencias que formaban parte de la vida social y cultural de la ciudad.
En aquel ambiente de reuniones, conversaciones, música, humor y camaradería comenzarían también a germinar las primeras murgas laguneras.

De “Caldisín” a las primeras murgas
Con las llamadas Fiestas de Invierno hicieron su aparición las primeras murgas en La Laguna. Entre aquellas formaciones destacó La Pechugona, fundada, entre otros, y dirigida por Luis Machado, junto a un importante grupo de componentes estrechamente relacionados también con el entorno de “Caldisín”.
La Pechugona alcanzaría uno de sus grandes hitos en 1966, cuando obtuvo el primer premio del concurso de murgas.
Para entonces, Casa El Puntero se encontraba instalada en el local que anteriormente había ocupado El Montañero, y aquel establecimiento continuaba siendo punto de encuentro de buena parte de este particular mundo lagunero.
Sin embargo, desde aproximadamente 1965 habían comenzado a surgir diferencias en el seno de La Pechugona. A comienzos de 1966, justo antes del carnaval, aquellas discrepancias terminaron desembocando en una escisión de la que nacería una nueva murga: Sol-si-do-si.

Al frente de la nueva formación se situó Santiago Puerta, «Cho Juan de las Mercedes», conocido monologuista lagunero, que se convirtió en su director y verdadera alma mater.
Junto a él estuvieron nombres como José Manuel «El Fósforo», Manolo Torres, Dacio Ferrera y José Luis «Garabote», además de muchas otras personas procedentes del mundo de las rondallas y los coros, así como integrantes o personas próximas al ambiente de “Caldisín”.
Con aquel grupo comenzó la andadura de una de las murgas que dejaría un recuerdo especialmente grato en La Laguna.
Y resulta significativo que, pese a la escisión sufrida poco antes, La Pechugona consiguiera el primer premio del concurso de murgas en las Fiestas de Invierno de 1966. Dos años después, en 1968, sería Sol-si-do-si la que alcanzaría el segundo premio del afamado concurso murguero.
De esta manera, dos grupos surgidos y alimentados, en buena medida, por un mismo ambiente social, musical y cultural pasaban a formar parte de los primeros capítulos de la historia murguera de La Laguna y de Tenerife.
Y detrás de buena parte de aquella historia aparecía, una vez más, Casa El Puntero: lugar de reunión de músicos, orfeonistas, personajes populares y gentes de muy diversa procedencia; espacio donde se hablaba, se cantaba, se bromeaba y, por supuesto, se hablaba al berre.
Un establecimiento que terminó siendo mucho más que un lugar de encuentro: un pequeño escenario de la memoria popular lagunera.
¹ El lunfardo, el vesre y el «berre» lagunero
El lunfardo es un vocabulario popular surgido principalmente en Buenos Aires y Montevideo a finales del siglo XIX, estrechamente relacionado con los ambientes urbanos y la inmigración y que posteriormente alcanzaría una gran difusión a través de las letras del tango.
Una de sus características más conocidas es el vesre, procedimiento mediante el cual se invierten o reorganizan las sílabas de una palabra. Así, por ejemplo, tango puede convertirse en gotán; café, en feca, y mujer, en jermu.
La semejanza con lo que en La Laguna se conocía como hablar al berre resulta evidente, aunque conviene no identificar ambos fenómenos como si fueran exactamente lo mismo. El lunfardo constituye un repertorio mucho más amplio de palabras y expresiones, mientras que el vesre es únicamente uno de los procedimientos empleados dentro de él.
Por ello, la posible relación con los técnicos argentinos que participaron en las obras del Teatro Leal debe plantearse con prudencia. Es posible que aquellas personas contribuyeran a introducir o reforzar en La Laguna la costumbre de invertir las sílabas de las palabras, pero debe considerarse una hipótesis sobre el origen o la difusión del «berre» lagunero, y no un hecho probado.
