UNA HACIENDA, UN SANTO Y UNA ROMERÍA (I). Por Julio Torres Santos

Una foto icónica del antiguo barrio y su patrón a hombros de los vecinos (c. 1955). Foto: CJT.
Hace ya tiempo que pasó a formar parte indisoluta de nuestros recuerdos, junto al santo abogado protector de las sementeras de Tenerife y su romería regional. Hoy ocupa el número 98 de la Avda. Lucas Vega, pero antes se erigía, solitaria y desafiante, entre tierras de labranza.
Atendiendo a su morfología y materiales de construcción, López Trujillo (2019) establece la edificación del inmueble en el siglo XVIII para servir como almacén agrícola; pero la hacienda en la que se asentaba data de mucho antes.
Entre 1511 y 1513, los regidores de la Isla pusieron en marcha un plan de repartimientos de tierras para viñedo y trigo en las zonas de San Lázaro y Geneto. Práctica- mente todas las datas se conceden en dos tandas: en la segunda mitad de 1611 y en 1613. Como consecuencia de ello, «en la zona de San Benito como incluso en el propio San Lázaro se van a levantar algunas casas de pequeños propietarios, pero también de personas de cierta relevancia socioeconómica»38. Es por lo tanto en la segunda década del siglo XVII donde se sitúa la fundación de nuestra hacienda. Toda la zona exterior que rodeaba la ciudad estaba ocupada por grandes propiedades de tierras de cultivo, en la que se intercalaban pequeñas edificaciones de tipo funcional, vinculadas con la actividad agraria que se desarrollaba en la zona.
En la hacienda se cultivaba trigo, pero también vides. Con toda probabilidad, estas últimas se utilizaron para la elaboración de aguardiente, producción que alcanzó un gran auge en Tenerife precisamente durante el siglo XVII, ya que se consideraba de mayor calidad y valor que el traído de otras islas. Conocida como «aguardiente de orujo» o «aguardiente de hollejo» era apreciada por su sabor y aroma, siendo una alternativa popular al ron, de ahí florecimiento de las destilerías artesanales de aguar-
«Plan de la Ciudad de La Laguna de Tenerife». Anónimo, 1814. Real Sociedad Económica de Amigos del País.
diente entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Y es que las edificaciones anexas a las haciendas solían contar con destilería propia.
Es posible que contara no solo con un almacén para el trigo, sino también con calderas para destilar aguardiente –generalmente dos–, fuera el objetivo de la fábrica de la casona, pues contaba, inicialmente, con dos plantas totalmente diáfanas.
