Tras la huella de la Iª Peregrinación tinerfeña a Roma en 1950 (XXVI).Hacia Tierra Canaria via Barcelona (I)

El magnífico trabajo de Trujillo Cabrera nos dice: «Mi diario acusa nuestra salida de Nápoles a bordo del «Plus Ultra» a la una de la tarde del día seis de Noviembre. No falta ningún peregrino.
La mañana fue muy bien aprovechada por todos, pues mientras tinos terminaban el conocimiento de la población visitando sus monumentos más notables, otros, sobre todo ellas, las señoras y señoritas, adquirían en los comercios napolitanos los objetos que más parecían necesitar o los que le sugiriera el capricho y veleidad del momento.
A las doce, como todos los días, dio comienzo el almuerzo a bordo con el primer turno y cuando lo empezaba a hacer el segundo, el «Plus Ultra» se hizo a la mar en viaje de regreso a Canarias, vía Barcelona.
No pudimos ver el golfo de Nápoles sino a través del prisma poético; como lo encontramos al llegar, estaba al salir: quietas sus aguas, sereno el ambiente atmosférico, luz brillante de un sol que a raudales se desplomaba sobre montañas y parques, sobre pueblos y caseríos, sobre islas y continente, sobre el inmenso mar azul. Me hubiera agradado verlo también, aunque se me suponga por ello dotado de un gusto atrabiliario, en su aspecto trágico: con ondas rizada? y entre celajes de nubes sacudidas por el viento.
No tardamos en perder de vista a Nápoles, pero durante toda la tarde seguimos contemplando, cada vez con menor claridad y precisión a medida que nos distanciábamos, los contornos y relieves de sus islas adyacentes, de su Vesubio, de sus montañas en cadena. Puesto el sol, todo había desaparecido, recogiéndonos entonces al interior de nuestro buque para reanudar aquella apacible y familiar vida de a bordo que ya todos conocemos.
Finalizada la velada de la noche el pasaje desciende a los camarotes para entregarse al descanso arrullado por el monótono tac tac de las máquinas.
