Tascas, Bodegas, Casas de Comidas y Tabernas en la historia lagunera: El Café Castillo, o «Las Tortillas», y José Luis López Vázquez

Por la izquierda sentados: Luis «Pipeta», Juan Leston, Luis Humberto y Pepe Gámez, de pie Antonio Calimano. La Laguna 1971.
Por Julio Torres Santos
«Café Castillo». Ese fue el nombre que recibió, allá por 1944, el establecimiento situado en la esquina de las calles Herradores y Núñez de la Peña, un local que con el paso de los años también sería conocido por los laguneros como «El Pipeta» o, sencillamente, «Las Tortillas».
Al acceder por la calle Núñez de la Peña, lo primero que encontraba el visitante era una amplia barra en forma de U. Junto a ella había un pequeño recinto ocupado por cuatro o cinco mesas de madera con bases de hierro, de tipo cuadrado. La primera estaba situada junto a la puerta-ventana que daba a Núñez de la Peña, desde donde podía contemplarse el ir y venir de la calle.
El «Café Castillo» era especialmente frecuentado por los comerciantes de La Carrera y de Herradores. En las frías noches del invierno lagunero encontraban allí refugio y conversación, además de una de las especialidades de la casa: el chocolate caliente acompañado de aquellos inolvidables «laguneros».
Para mí, desde mis años de instituto, aquel establecimiento se convirtió en lugar habitual de desayunos y meriendas y, sobre todo, en punto de encuentro con distintas generaciones de laguneros. Más tarde, ya en mi etapa de empresario, continué siendo fiel cliente de sus bocadillos de tortilla, de las copas y, cómo no, de aquellas largas tertulias que parecían no tener prisa por terminar.
Fue precisamente una de esas tardes, a mediados de los años ochenta, cuando al entrar en el local me encontré con una escena que todavía hoy recuerdo perfectamente.
No daba crédito a lo que estaba viendo.
Allí, en la barra de «El Pipeta», estaba José Luis López Vázquez.
Y lo más sorprendente era que ninguno de los parroquianos parecía haberse percatado de su presencia. Al menos hasta que yo se lo hice notar a Pepe Gámez.
José Luis esperaba pacientemente el cortado que Luis le estaba preparando mientras entretenía la mirada en los llamados «tranvías», aquella curiosa —y casi antropófaga— denominación que recibían unos gruesos dulces de crema y hojaldre que los estudiantes devoraban por las tardes.
De inmediato le comuniqué a Pepe la identidad de tan ilustre visitante. Todavía recuerdo cómo se le iluminó la cara a mi desaparecido amigo Gámez, ferviente admirador del gran actor español.
Cuando Pepe se acercó a saludarlo, descubrimos además la extraordinaria cordialidad de José Luis López Vázquez. Su trato fue exquisito y cercano. Nos preguntó de qué estaban hechos los rosquetes y los tranvías y, ni corto ni perezoso, decidió probar un rosquete de batata.
Lo degustó allí mismo mientras conversaba con nosotros con absoluta naturalidad, como un parroquiano más de aquella tarde en «El Pipeta».
Durante un rato desapareció el gran actor de cine, teatro y televisión que todos conocíamos. Allí estaba simplemente José Luis, compartiendo conversación, curiosidad y un rosquete de batata en la barra de un bar lagunero.
Nos dejó el recuerdo imborrable de un gran actor y, sobre todo, de un gran caballero.
El recordado Café Castillo cerró definitivamente sus puertas en 2009. El viejo establecimiento dio paso a los nuevos tiempos y aquel espacio que durante más de sesenta décadas había acogido desayunos, bocadillos de tortilla, copas, estudiantes, comerciantes y tertulias pasó a albergar una tienda de «Bimba y Lola», que en la actualidad tampoco ocupa aquel celebre local
También las tertulias laguneras fueron languideciendo poco a poco.
Hoy me queda el recuerdo de aquella tarde y de tantos momentos vividos entre aquellas paredes. Ya no están Pepe Gámez ni José Luis López Vázquez. Tampoco existe Luis el propietario de aquel «Pipeta» en el que uno podía entrar cualquier tarde y encontrarse, inesperadamente, con uno de los grandes actores españoles tomando un cortado y probando un rosquete de batata.
Aquella Laguna pertenece ya a otro tiempo.
Pero mientras permanezcan los recuerdos, algo de ella seguirá vivo.
