Semana del Carnaval Cultural de La Laguna: La Laguna no es ajena a la fiesta donde el mundo se pone del revés

En la foto un grupo de costureras de La Laguna disfrazadas de marineritas en los carnavales de 1928. Tenemos identificadas a la tercera de izquierda a derecha Lola Padrón y la quinta Modesta Victoria Martín Martín, madre de Gerardo Guerra propietario de la fotografía. Nos hemos permitido colorear cosa que sabemos no gusta a los puristas…
Durante unos días al año, las ciudades cambian de piel. Las calles se llenan de disfraces, música y color, y la rutina deja paso a la risa, la sátira y el exceso permitido. El carnaval no es solo una fiesta: es una expresión cultural milenaria que, bajo distintas formas, se repite en decenas de países y resume como pocas celebraciones la relación entre sociedad, tradición y libertad.
El origen del carnaval se pierde entre ritos antiguos y celebraciones populares vinculadas al calendario religioso. Antes de la Cuaresma —tiempo de contención y recogimiento en la tradición cristiana—, el pueblo se concedía un periodo de desahogo: comer, bailar, burlarse del poder y romper, aunque fuera por unos días, las normas establecidas. De ahí nace esa idea que todavía define al carnaval: el mundo al revés, donde cualquiera puede ser otro y donde la crítica se disfraza de humor.
Pero el carnaval también es música, ritmo y trabajo colectivo. Detrás de cada desfile hay meses de ensayos, de diseño de vestuario y de construcción de escenografías. Comparsas y agrupaciones funcionan como auténticos talleres culturales donde se transmiten saberes, se refuerzan lazos vecinales y se mantiene viva una tradición que pasa de generación en generación, y La Laguna no es ajena a la cultura que emana del carnaval.
Más allá del espectáculo, el carnaval cumple una función social profunda: crea comunidad. En un tiempo marcado por la prisa y la vida digital, estas fiestas siguen siendo un espacio de encuentro físico, de ocupación del espacio público y de celebración compartida. Durante unos días, la ciudad deja de ser solo un lugar de paso y se convierte en un escenario común donde todos participan.
Esta semana el carnaval continúa con su representación cultural en La Laguna. El Carnaval lagunero, entre la tradición y la modernidad, sigue recordando algo esencial: que las sociedades también necesitan reírse de sí mismas, mirarse en el espejo de la sátira y, de vez en cuando, permitirse el lujo de vivir sin máscaras… precisamente llevándolas puestas.
