SAN BENITO ABAD 2017. Por José Alberto Díaz Domínguez

foto: Romería Regional de San Benito Abad 1961
La fiesta es una invención propiamente humana. Son los seres humanos los que inventaron las fiestas y las fiestas, en cierto sentido, nos educan para la vida, nos proporcionan lecciones sobre lo cotidiano y lo excepcional, nos inventan también como individuos y como pueblo. Las fiestas forman parte del ámbito de lo humano porque toda fiesta es un tapiz de símbolos que se refieren a la vida de todos. Ocurre también con las fiestas en honor a San Benito Abad, una de las convocatorias más sentidas y populares de La Laguna y de toda Tenerife, y cuya romería cuenta con la participación de miles de personas. Unas fiestas tan entrañablemente unidas a este municipio que ya son una seña de identidad lagunera. Casi no es una exageración afirmar que quien no ha participado en San Benito Abad no ha sentido enteramente La Laguna ni conoce todos los rincones de su hermoso y rico espíritu.
La prueba de la vitalidad de las fiestas de San Benito Abad es el altísimo nivel de compromiso e implicación de los vecinos en su organización, en su renovación, en su ornamento. La sienten como propia sin dejar de entender en ningún momento que es de todos. La multiplicación de actos e iniciativas en la calle, la modificación del recorrido de la romería, la dinamización de los festejos, en definitiva, ha sido objeto de debate, pero se ha decidido y consensuado gracias a todos y con el apoyo de todos: agricultores, ganaderos, parroquia y fieles, voluntarios, entidades y asociaciones y el Ayuntamiento. Las fiestas de San Benito Abad y su magnífica romería, la romería canaria por antonomasia con título de regional, la romería de los barcos, las cintas y la carreta del trigo, tienen en la preservación de las tradiciones su razón de ser; pero no se traiciona su espíritu, sino todo lo contrario, cuando desde el respeto se abre a nuevos actos, a nuevas participaciones, a potenciar su carácter abierto, acogedor, confraternizador.
Las fiestas de San Benito Abad tienen como esencia de su simbología, como su más profundo significado, la exaltación y la plenitud de la vida, relacionada con los rituales asociados a la recogida de las cosechas. Es así el San Benito lagunero, el santo por antonomasia de los campesinos, porque ya en los albores del nacimiento de nuestro municipio, allá por 1532, ante la pérdida de las cosechas, el antiguo Cabildo sacó por sorteo su nombre, prometiendo hacerle tres fiestas en el año. Es por ello que San Benito es el santo de las mieses y de los labradores. Es el momento por tanto de celebrar y agradecer las cosechas, conseguidas con duro esfuerzo. Es el momento más luminoso y gozoso del año, cuando al compartir el hecho religioso y festivo, combinado con las canciones y bailes, ritos y tradiciones, dan la medida de la madurez y la prosperidad de una comunidad integrada y confiada en su futuro. Para nosotros esa comunidad es La Laguna, es Tenerife, es toda Canarias, de cuyas ocho islas nos visitan en estos quince días de fiestas, encuentros y reencuentros. Las fiestas de San Benito son un gozoso recordatorio de todo lo que hemos sido y de todo lo que, con trabajo, confianza y solidaridad, podremos ser. Y a los setenta años de aquel 1947 en que se impulsaron los festejos y la romería cuya tradición hemos heredado, consolidados en los siguientes años, no está por demás hacer mención de las personas que la hicieron posible, y dedicarles un recuerdo.
¡Viva San Benito Abad!
Alcalde de La Laguna
