Conocida también como Retablo de la Natividad del Señor o del Nacimiento, se trata de un relieve de grandes dimensiones (20,5 cm x 170’5) en madera tallada y policromada. Tuvo su primer emplazamiento en un altar, lo que le confería su auténtico carácter de retablo, pero al estar actualmente ubicado en el lateral que queda frente a la puerta principal de la Iglesia de Ntra. Sra. de Los Dolores en La Laguna, ha pasado a tener una función meramente decorativa. Se atribuye su realización al escultor y retablista Lázaro González de Ocampo.
Orlando González González ofrece una detalla descripción del mismo:
La composición, estructurada en dos planos (el terrenal, centrado en la figura de la Virgen y el Niño, y el celestial, dominado por la figura del ángel), recoge el momento en que la Virgen y San José muestran el recién nacido a los pastores. La cabeza de la Virgen sirve de punto central para distribuir el resto de las figuras, todas en alto relieve. Viste una llamativa túnica, decorada combinando tonos rosas y dorados. Su rostro, de facciones suaves y delicadas,está dirigida hacia un punto bajo.
El Niño presenta una fisonomía serena en la que destacan su cabello rubio y ojos azules. Sus dedos juguetean con la manta que lo arropa, adornada con florecillas verdes y rojas, y con flecos realizados en tela encolada.
La túnica de San José está decorada con ornamentos florales, resaltando los dorados, rojos y verdes. Su brazo izquierdo, de bulto, sostiene la vara florida, móvil.
En el pesebre se utiliza la policromía para ‘imitar el veteado de la madera, los clavos de los travesaños y las pajas.
Las carnes de estos tres personajes aparecen claras y sonrosadas, diferenciándose así, y en las vestimentas, de los demás. Los pastores presentan carnaciones cobrizas. A los pies del pesebre hallamos un elemento cargado de naturalismo: la cesta llena de huevos.
El rompimiento de gloria está estructurado por angelitos entre nubes, dispuestos en semicircunsferencia. En sus doradas alas cortas, el plumaje se remarca con líneas verdes y rojas.
Las pinturas del fondo del retablo, combinadas con los relieves, son un recurso empleado por el artista para conseguir diferentes planos, así como perspectiva y profundidad. En ellas hay que resaltar el esfumado, la suavidad del dibujo, y las grácil es posturas de los representados.
Para este autor, citando a Alfonso Trujillo “los elementos arquitectónicos de la obra parecen estar más relacionados con el manierismo que con el barroco, aunque este segundo estilo parece más definidor”. Asimismo, opina que el precedente de este retablo “habrá que buscarlo en el relieve del mismo tema de Montañés”.

