Relatos por Finados (I): La cueva de Achbinico un lugar esotérico. Por Julio Torres

La cueva y su entorno son un asentamiento guanche, probablemente de carácter estacional y, por lo tanto, ligados a la ganadería. Según Fray Alonso de Espinosa, los aborígenes la llamaban Achbinico, que algunos autores traducen como ‘el lugar del trasquilo’ o ‘he aquí el derrame’.

También según Espinosa, los guanches trasladaron la imagen de la Virgen de Candelaria desde la cueva de Chinguaro, donde había permanecido «más de treinta o cuarenta años», a la de Achbinico por mediación de Antón Guanche, quien les reveló la verdadera identidad de la talla. Ésta sería trasladada en 1526 a su nuevo santuario (donde posteriormente se construirá la basílica); a partir de este momento comienza a denominarse el lugar como Cueva de San Blas, pues quedó bajo la advocación de dicho santo.

En las diversas excavaciones arqueológicas realizadas se han encontrado elementos de la vida doméstica guanche tales como fragmentos de cerámica, industria lítica o restos alimenticios.

Entre los hallazgos cabe destacar el de una gran área de combustión situada en el interior de la cueva, en el lateral derecho, en una posición destacada al encontrarse en el lugar más elevado de la misma. Este espacio singular estaba constituido por diversos hogares planos con diámetros en torno a los 45 cm y abarcaba una superficie de 5 m². Las capas de cenizas encontradas y sometidas al examen del carbono 14 dan una antigüedad de más de tres mil años.

Todo ello establece que aquí se mantenían fuegos encendidos simultáneamente, siendo visibles desde el exterior, algo parecido a los templos de las vestales de la antigua Roma. Entre los restos recuperados en estos hogares se han encontrado huesos de oveja y cabra. Al parecer, el hecho de tener la cueva un carácter sagrado desde tiempos muy antiguos justifica que tras la conquista los guanches dispusieran a la Virgen precisamente en esta cueva y no en otro lugar.

Y es que algunas fuentes afirman que los guanches creían y adoraban a una deidad femenina que Espinosa identificó como Chaxiraxi (que significaría la “Madre Tierra”, “Madre Naturaleza”, “La que carga el firmamento”) y a la que le rendirían culto en determinadas cuevas, a modo de templo (como la cueva santa de Añaco o la de Achbinico). Hay también evidencias documentales de la existencia bajo la protección de la diosa de un rebaño sagrado compuesto de más de seiscientas cabras, que tenía su zona de pastoreo exclusivo en, hoy, Igueste de Candelaria, estando castigado con la pena de muerte cualquier pastor que osara introducir rebaños ajenos en los pastos sagrados. Existía en dicho rebaño la figura del Carnero Sagrado destinado al sacrificio.

La relevancia ritual de los fuegos permanentemente encendidos en la cueva de Achbinico se ve reforzada por la existencia muy cerca de la misma de grabados rupestres. Se cree que durante los primeros días de agosto, el sol del amanecer penetraba en la cueva iluminando el lugar en el que fue ubicada la Virgen. La potencia energética del lugar es reiteradamente destacada por expertos en telurismo y hermetismo.

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