Pregón de Navidad, La Laguna 2024 (IV), Yaiza López Landi

Como Patrimonio de la Humanidad, este año en su 25 aniversario,  La Laguna atesora siglos de historia, de intercambios culturales y de tradiciones que han contribuido a forjar nuestra identidad.

Es una ciudad  (los que estamos aquí lo sabemos bien), que respira memoria, pero que también mira al futuro con orgullo.

Una ciudad que tiene por derecho propio, la mención de capital cultural de Canarias, y en estas fechas, se convierte en el corazón palpitante de la Navidad en nuestro archipiélago.

Pero vamos a retroceder.

Como ocurrió en el resto del mundo, en La Laguna, la tradición de los Nacimientos comenzó en las iglesias y conventos, para instalarse después en los palacios de la nobleza y alta burguesía, hasta llegar a los hogares más humildes.

Puesto que La Laguna fue residencia habitual de conquistadores, hacendados, comerciantes y sede de numerosas iglesias y conventos, es una de las ciudades canarias que cuenta con mayor tradición en la elaboración de belenes.

Dado que fue Francisco de Asis el iniciador de esta tradición, no es de extrañar que las primeras referencias a nacimientos en La Laguna correspondan al convento Francoscano, conocido por todos como convento del Cristo. De allí data, entre los gastos extraordinarios del año 1644, un gasto de trece reales en el Nacimiento.

El belén comenzó a popularizarse en los hogares laguneros durante el siglo XIX, un momento en el que, gracias a la producción en serie de pequeñas figuras en talleres de ciudades como Murcia, Granada, Barcelona y Olot, las familias pudieron acercar esta tradición a sus propios hogares.

Esta democratización del belén supuso un acercamiento de la religión y la cultura a todas las esferas sociales, permitiendo que muchas familias representaran el nacimiento de Jesús en un rincón especial de sus casas. Con el tiempo, estos sencillos belenes domésticos se convirtieron en verdaderos espacios de encuentro familiar, en los que la fe y el arte popular se fundían en un gesto sencillo pero cargado de significado.

Entre los espacios más emblemáticos para el belenismo en La Laguna, destaca el Convento de Santa Clara, hogar, no solo de las hermanas Clarisas a las que si me permiten, quiero hacerles especial mención, sino de figuras que datan de entre los siglos XVI (16) y XIX (19), elaboradas con materiales como madera, papelón, vidrio, textil o serrín encolado.

Figuras que no solo representan las escenas bíblicas, sino que también son testimonio de la artesanía y la habilidad de aquellos que las crearon, y son consideradas verdaderas joyas del patrimonio cultural.

Las hermanas clarisas han mantenido con esmero estas figuras, lo que nos permite, al visitarlas, contemplar y sentir la conexión entre los habitantes de La Laguna de antaño y de hoy, expuestas en el Museo de Arte Sacro Santa Clara de Asís.

Y seguimos con la vista atrás.

La Laguna también fue cuna de grandes figuristas, esto es, artesanos en la elaboración de figuras, como se ha encargado de reivindicar el investigador Julio Torres Santos (agradecimiento), rescatando para nuestra historia nombres como los de Doña Candelaria Bello, que creó escuela, autora de las figuras de uno de los belenes costumbristas canarios más representativos, expuesto permanentemente en La Real SOciedad Económica AMigos del País de Tenerife; sin duda estamos ante otra mujer que seguramente sólo por ser mujer, se quiso borrar de la historia.

Y también hablamos y recordamos a Doña Concha Hernández Afonso, las hermanas María, Pilar, Candelaria y Amparo Solís, que propiamente no hacían figuras, sino que las vestían o restauraban; y ya más recientemente, Agustín Guerra, y por supuesto, el polifacético y querido artista Luis Dávila.

La vida, con sus giros inesperados, me dio un regalo que nunca podré olvidar: el privilegio de servir a esta extraordinaria ciudad como concejala en el área de cultura en el mandato anterior.

Una ciudad rica en historia, arte y tradiciones, que no solo destaca por la belleza de sus calles, sus monumentos y su legado patrimonial, sino, sobre todo, por las personas que la habitan.

Ellas son el alma de La Laguna, quienes con sus sueños, su creatividad y su pasión, llenan cada rincón de vida.

Ese camino, que comenzó aquí, marcó un antes y un después en mi vida. Y hoy, desde el ámbito parlamentario, sigo llevando conmigo el aprendizaje de esos años y el compromiso inquebrantable de defender nuestra cultura, nuestra identidad y nuestras tradiciones.

Porque creo firmemente que la cultura no es solo un legado del pasado, sino una herramienta para construir el futuro. La voz de nuestro pueblo, la raíz que nos une y el faro que nos guía en tiempos difíciles.

Sin embargo, vivimos días complicados para la cultura en Canarias.

Es nuestro deber no solo celebrarla, sino luchar por ella, para que nunca deje de ser el alma vibrante de estas islas. Y en ello, desde La Laguna somos un ejemplo.

Tuve la fortuna de estar al frente de esta área en un periodo que recuerdo con enorme cariño. Rodeada de un equipo humano excepcional, con el que compartí grandes retos y aprendizajes, y también tuve la suerte de conocer a personas extraordinarias que han dejado una huella imborrable en mi camino.

Una etapa en la que trabajamos con un objetivo claro: hacer que La Laguna brillará aún más, recuperando y reforzando sus tradiciones culturales que son el alma de nuestra ciudad.

Queríamos que La Laguna siguiera siendo un faro cultural, un lugar donde el arte y las costumbres no solo sobrevivieran, sino que permanezcan vivas y vibrantes.

Es en este contexto donde comenzó mi historia con el belenismo lagunero, más allá de mis habituales recorridos navideños por los belenes de la ciudad.

Era un tiempo de reconstrucción, de esfuerzo colectivo. Estábamos atravesando una pandemia que estaba dejando profundas huellas en todo el mundo, y para la cultura, aquella etapa fue especialmente difícil.

Mantener a flote este sector parecía una tarea titánica, en un momento en que la incertidumbre lo envolvía absolutamente todo.

Sin embargo, la cultura es un salvavidas, nos salvó  y nos salva. Y de aquel periodo salimos reforzando, aún más la idea de que la cultura no es un lujo sino un bien de primera necesidad. Ese faro que guía nuestras vidas.

Y cómo esas circunstancias llegaron de forma arrolladora, llevando a penas unos meses al frente, fue así, como tuvimos que empezar a trabajar en la  mejora del concurso de belenes que se estaba organizando desde el ayuntamiento.

Y fue así como fui conociendo de cerca todo el trabajo y dedicación que hay detrás.

Un día, con ilusión, ganas y esperanza, nos sentamos con un grupo de hombres y mujeres,  el colectivo Amigos del Belén de La Laguna.

Un grupo de personas amantes del belenismo que llevaban por aquel entonces más de 5 años realizando belenes y luchando por mantener esta tradición. Hoy siguen trabajando, empujando y creando auténticas obras de arte como las que hemos podido ver en esta ciudad, pero también en el parlamento de Canarias en 2022 o el inaugurado ayer en Presidencia del Gobierno.

Nos reunimos para acercar ideas, soñar juntos, para compartir nuestras aspiraciones y discutir nuestras inquietudes.

Fue en ese momento cuando comenzamos a trazar un camino, un viaje en el que este mismo pregón, en el lugar en el que estamos hoy, era uno de los sueños que deseábamos hacer realidad.

Y al igual que la Navidad, esas primeras reuniones fueron mágicas. Había una conexión especial, una energía que empujaba hacia adelante. Y a partir de ahí, día a día, mes a mes, sin importar qué estación del año era, con la firme determinación de hacer posible lo que tanto anhelábamos.

Yaiza López Landi

Diputada en el Parlamento de Canarias y exconcejala de Cultura del Ayuntamiento de La Laguna

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