Pregón de Navidad, La Laguna 2024 (II), Yaiza López Landi

La Navidad en La Laguna no es simplemente una celebración; es un relato vivo, un tapiz de emociones, recuerdos y tradiciones que nos recuerdan quienes somos y nos invita, año tras año, a compartir lo más valioso: – la oportunidad de mirar a nuestro alrededor (háganlo) y sentirnos parte de algo más grande (lo sienten), de una sociedad que, a través de sus costumbres, mantiene vivo el espíritu navideño como una luz que nunca se apaga.
Porque, al final, las tradiciones son eso: un hilo invisible que une los corazones y las manos, que conecta a abuelos con los nietos, y que nos recuerda que, aunque pase el tiempo, siempre habrá algo que nos mantendrá unidos.
Y en La Laguna y en toda Canarias, esa unión se vive con la magia de la Navidad.
Y es esa magia la que hoy nos convoca. Una magia que no proviene de adornos brillantes ni de los escaparates llenos de luces y regalos, sino de algo mucho más profundo: la calidez de un abrazo sincero, el reencuentro esperado, una sonrisa compartida.
Es esa magia silenciosa, pero poderosa, que ocurre en nuestros corazones cuando, al llegar estas fechas, volvemos a lo esencial: el amor que nos une, la esperanza que nos guía y la fe que renueva nuestro espíritu.
Hoy tengo el inmenso honor de ser pregonera de este acto que se convierte en el latido vivo de una tradición que cada año renace con fuerza en el corazón de nuestra ciudad.
San Cristóbal de La Laguna se transforma en Navidad en un lugar donde el tiempo se suspende y donde cada rincón respira historia.
Las calles empedradas, los edificios coloniales, los patios abiertos al cielo… todo adquiere un brillo distinto, un aire cargado de memoria y promesa, evocando lo que fuimos, lo que somos y lo que soñamos ser.
San Cristóbal de La Laguna que ha sabido preservar lo mejor de sus raíces mientras abre sus puertas al mundo. Y entre todas nuestras tradiciones, hay una que late con especial fuerza: el arte del belenismo.
Porque en cada belén que vemos, sea modesto o grandioso, dioramas, tradicionales o no tradicionales, bíblicos… cada uno de esos belenes, son mucho más que una representación navideña.
La Navidad en La Laguna es una festividad profundamente enraizada en la historia y en el alma de la ciudad. Unas fechas que nos invitan a revivir tradiciones que han perdurado a través de los siglos.
Y entre esas tradiciones, el belenismo ocupa un lugar privilegiado, siendo una de las expresiones más queridas y representativas.
Una tradición lagunera que ha evolucionado desde sus primeras manifestaciones hasta consolidarse como un símbolo de identidad y pertenencia en el municipio, situándose entre las más importantes de España.
Es aquí donde vemos la verdadera magia de la Navidad. No en lo que admiramos desde fuera, sino en el esfuerzo, la dedicación y el cariño que hay detrás de cada detalle. Porque detrás de cada belén, más allá de las figuras, los paisajes y los escenarios cuidadosamente recreados, están las personas.
Personas que dedican su tiempo, su creatividad y su pasión para dar vida a esta tradición tan nuestra.
Personas que, con sus manos, no solo recrean y crean, sino que también imprimen en cada detalle un mensaje de vida y significado, eternizando nuestras raíces.
Cada belén cuenta historias que van mucho más allá de lo visible.
Hay quien, con paciencia infinita, dedica semanas incluso meses a construir un paisaje que recrea a la vez la esencia de Belén y la identidad de nuestras islas, con barrancos, casas encaladas y paisajes que nos son propios.
Hay quienes, año tras año, perfeccionan su arte, aportando nuevas ideas y transmitiendo su pasión a las generaciones más jóvenes.
Y están nuestros mayores, verdaderos guardianes de esta tradición, que atesoran en sus manos décadas de experiencia y que nos enseñan que el belenismo es más que un arte: es una expresión de memoria y de identidad.
Y luego están los más pequeños, con sus ojos brillantes y su entusiasmo puro, que colocan al Niño Jesús en su pesebre como si el acto mismo encerrara toda la magia del mundo.
Cada persona que participa en esta tradición aporta algo único, un pedacito de su corazón que queda plasmado en cada detalle.
Y es gracias a ellas, gracias a su esfuerzo, a su dedicación y a su amor por mantener viva esta costumbre, que los belenes de La Laguna no son solo una recreación de la Navidad, sino una expresión de lo mejor de nosotros mismos: nuestra capacidad de trabajar juntos, de crear belleza, de transmitir valores y emociones que trascienden el tiempo.
Más que un reflejo entre pasado y presente, los belenes son un hilo vivo, una conexión constante entre generaciones que han encontrado en esta tradición una forma de contarse unas a otras quiénes somos y qué nos une.
Esta magia no está solo en el resultado final, en lo que vemos expuesto en una iglesia, en un hogar o en una plaza.
La verdadera magia está en las manos que modelan, en los ojos que buscan el detalle perfecto, en las conversaciones que surgen mientras se eligen las figuras, mientras se montan los escenarios o se colocan las luces.
Es una magia que se teje con dedicación y cariño, una magia que no puede comprarse, porque nace de las personas y de su amor por esta tradición.
Y es esa misma magia la que hace que, generación tras generación, los belenes sigan siendo un reflejo de nuestra identidad y una fuente de unión y orgullo para todas y para todos.
Y en este contexto, nuestra ciudad, San Cristóbal de La Laguna, no es solo un escenario perfecto para la Navidad, sino un símbolo vivo de lo que significa preservar lo esencial.
Yaiza López Landi
Diputada en el Parlamento de Canarias y exconcejala de Cultura del Ayuntamiento de La Laguna
