Pregón de las Fiestas de San Juan Bautista 2019. Por Manuel Luis Ramos García (III)

ERMITA, CEMENTERIO
(…) Según cuentan las crónicas, San Juan mantuvo desde siempre una actividad muy superior a la de otras ermitas de la ciudad, celebrando tantos cultos como si fuera una parroquia. La primera persona que se enterró en el camposanto de La Laguna fue Juan Rodríguez Toste, el 4 de julio de 1814, siguiendola tradición de poner al cementerio el nombre de la primera persona que era enterrada en el lugar.
Mi recuerdo más lejano sobre los acontecimientos que vivió aquella ermita,que se empezó a edificar en 1584 y se convierte en parroquia en 1963, tiene una gran relación con los años del Instituto, los amigos de la clase, los accidentes aéreos y la profesión que ejercí durante 42 años.
La noche del 5 de mayo de 1965 sucedía un terrible accidente en el aeropuerto de Los Rodeos, en el que un avión Super Constellation de Iberia se estrellaba al aterrizar.Entre los fallecidos estaba el padre de mi compañero Paquito Duque, que regresaba de Madrid en viaje de trabajo.Este suceso mi impactó de manera trágica, y al mismo tiempo, fue el motivo que me animó a interesarme por el mundo de la aviación, decidiendo desde aquel momento estudiar ese bonito oficio de poder llegar a conducir aviones.
Al día siguiente de la tragedia, la parroquia de San Juan se convirtió en morgue, acojiendo a los familiares de los fallecidos en un funeral que conmovió a este barrio y a la Ciudad de La Laguna. Unos años después, el 3 de diciembre de 1972, un avión Convair Coronado perteneciente a la compañía Spantax sufre la explosión de un motor en el momento del despegue.De igual modo que el anterior, la parroquia de San Juan fue el lugar elegido para custodiar los restos de los fallecidos, hasta ser trasladados a sus lugares de procedencia en Alemania.

ENTIERROS
La iglesiay el barrio de San Juantuvieron siempre una gran importancia en las ceremonías de entierros y funerales, tanto por su proximidad al cementerio como por la cantidad de famiias laguneras que sin residir en este lugar, loeligían para las celebraciones de honras fúnebres.
Hace unas dos semanas, cuando me acerqué a la puerta del cementerio para tomar unas fotografías, recordé cómo era este camposanto en el año 1972, última vez que visité el lugar, cuando falleció mi abuelo Manuel. Me vino a la memoria aquel arbolado a cada lado del paseo que acababa en el acceso principal, desde donde se apreciaban los sepulcros familiares labrados en mármol y acotados por varandas de rejas.
Estando en la puerta recordé una anécdota con tinte humorístico. Y como dice el refrán que ”no hay entierro sin risas ni boda sin lágrimas”, les relato lo protagonizado por mi primo Manuel Medina, conocido como ”El Minuto”, en el entierro de su abuela doña Concha Ramos. He de reconocer que este familiar, gran folclorista y amigo de perras de vino, era un lagunero socarrón y con gran sentido del humor, que acentuaba esta forma de ser cada vez que iba a visitar Casa Maquila. Él se encargó de acompañar al vehículo mortuorio que portaba el féretro de su abuela desde una clínica de Santa Cruz hasta el domicilio lagunero donde se celebraría el velatorio. Cuando el coche fúnebre comienza su recorrido por la Rambla, mi primo hace parar al conductor para pedirle que trajera otro, diciéndole que a su abuela no le daban el último viaje en un coche matrícula de Gran Canaria. Ahora doña Concha y su nieto descansarán allá arriba, tal vez riéndose de quienes todavía estamos en este mundo. Q.D.E.P. (…)
