Pregón de la Semana Santa de La Laguna 2023 (III). Por Pedro López

Vivencia personal
Ya de manera más personal, cuando era pequeño, veía con curiosidad como esos pasos caminaban por mi ciudad, caminando por La Laguna sumían a la ciudad en un espectáculo sorprendente en el que se suceden las huellas vivas y permanentes del arte, la cultura y la historia. No entendía cuál era su significado, pero solo sabía que me atraía, que me atraían esos hábitos, esos cirios y esas capas al viento moviéndose y flotando en el aire, veía los ojos de esas personas que transmitían un amor y un convencimiento a cada paso que daban y poco a poco me fui dando cuenta que yo quería ser uno de ellos para poder seguir queriendo a Jesús y a Maria su madre.
Por fin logre pasar de estar en una ventana o en una acera a ser uno de ellos. Recuerdo que fue en la Cuaresma de 1992, y tras rellenar el documento de inscripción a la Cofradía de penitentes de la Misericordia, días después,mi querida hermana Marta me comenta que debemos ir a la parroquia a recoger nuestros primeros hábitos para poder salir ya, en esa misma Semana Santa.
En ese momento en que me visto por primera vez de cofrade entiendo que debía ser testigo de Maria y de su hijo Jesús sintiendo un escalofrió interior que me transmitía, que el hecho de pertenecer a mi Cofradía implicaba formar parte de una gran tradición.
Me fui dando cuenta que en una Semana Santa tan llena de fervor, tan llena de sueños de tantas familias y con la constante lucha de mantener la tradición y con la entrega de cuidar esos pasos, pasos llenos de plata en sus encajes y de oro sus canastillas, era un honor y también una obligación.
Ver el caminar tranquilo de los cofrades y el racheo de los pasos de todos esos que quieren cargan a nuestra madre Maria, nos hace pensar sobre como en La Laguna se palpa la fe y el sentimiento religioso.
Durante mis primeros años cofrades, empecé a conocer, a entender lo que significa ser cofrade, empecé a comprender lo que es la vida interior en una cofradía siendo miembros activos enfocándonos en la formación espiritual y la promoción de la devoción religiosa entre sus miembros. Esto puede incluir prácticas como la oración en común, la meditación, la lectura de textos sagrados, la participación en retiros espirituales y la colaboración en obras de caridad y asistencia social. Pero, también nos involucramos dentro de las hermandades y cofradías, participando en la organización de procesiones, la preparación de altares, junto a exposiciones, conferencias y otros actos que muestren nuestra fe como parte de la catequesis que debemos hacer divulgando nuestras creencias tal y como Jesus nos pidió, centrándonos en la práctica de la fe y la promoción de los valores religiosos, que pudiera ser una fuente de apoyo emocional y espiritual para sus miembros.
Pero no solo aprendí y viví estos momentos, sino que comprendí que, también, las hermandades y cofradías son comunidades muy unidas y fraternales, en las que los miembros comparten un fuerte sentido de pertenencia y compromiso mutuo.
Las vivencias como cofrade pueden variar mucho dependiendo de la cofradía a la que se pertenece, pero en general suelen incluir momentos de devoción, esfuerzo y compromiso, que requiere una gran cantidad de trabajo y dedicación.
En resumen, todo esto hace que sea una experiencia muy enriquecedora desde el punto de vista espiritual, estableciendo, así mismo, lazos de amistad y solidaridad con otros miembros de la cofradía y con la comunidad en general, lo que demuestra ser una experiencia muy gratificante.
Todas estas enseñanzas y reflexiones las he ido aplicando en vida de Hermandad, reflexionando cada vez más sobre la devoción que iba creciendo dentro de mi hacia mis titulares, el Señor Difunto y sobretodo el Señor de la Humildad y Paciencia. Son innumerables los momentos, que me quedaba absorto mirando la imagen de mi Señor, meditando contigo tantos instantes de mi vida, tu siempre has tenido una palabra acertada, una palmada adecuada en mi hombro, y has sido un bastón sobre el que apoyarme, solo pido no fallarte, y si lo hago, perdóname, sé que siempre estas acompañándome con tu cara reflexiva y tu mirada intensa llena de amor.
Durante estos años iniciales, aprendí las distintas labores que tiene que tener un cofrade, no solo en el cuidado de nuestros enseres, en como montar el trono, sino también en convivir en el día a día con otros cofrades que tenían la misma devoción y las mismas inquietudes que yo, junto al cuidado y crecimiento de mi sentido cristiano, involucrándome en las enseñanzas que me han transmitido mis párrocos que son las personas que nos guían en la formación y el cultivo de la Fe, no olvidandoque la procesión es una expresión cultual de carácter universal en la cual la piedad popular y la liturgia establecen una relación muy peculiar, pero donde debemos evitar que ésta sea el acto culminante de la Liturgia.
En esta época, fui formándome más, conociendoa otros cofrades de otras Hermandades y Cofradías, conociendo también sus propias inquietudes, intentando ayudar en todo lo que me pedían, colaborar en todo lo que fuera necesario para que nuestra Semana Santa tuviera un gran reconocimiento sirviendo como herramienta para mostrar nuestra Fe al resto de personas ejerciendo uno de los objetivos primordiales, que tenemos todos los cofrades como es la evangelización.
Tengo que reconocer que he aprendido muchísimo de cada uno de vosotros, de todos los cofrades, no ha importado la edad de cada uno, han sido experiencias enriquecedoras siempre aportándome su amor por Jesus y por su madre Maria y su fervor por celebrar el Misterio Pascual.
Sí quisiera, recordar en estos años iniciales, algunas de mis vivencias y anécdotas, recuerdo acudir cada día en cuaresma a la parroquia para comenzar o continuar con los preparativos, muchas veces llegaba a la parroquia con mi compañero Fran en pantalones cortos y como nos miraba nuestro párroco en plan…..en serio??… no tienen otra manera de venir a la casa de Dios??, casi ni le mirábamos, seguíamos adelante a nuestras tareas…. si si les recuerdo lo que comenté hace un rato, era el mismo párroco que muchos años ante salía a la plaza a decirnos basta ya de darles pelotazos a la puerta de la iglesia… todo muy oportuno por mi parte, era todo ejemplo de buen cristiano, de seriedad y recogimiento.
En realidad, para nosotros acudir a la iglesia era como ir a la plaza, de fiesta, nos sentíamos tan a gusto allí que estamos encantados de ir cada día, junto a nuestras imágenes. Y sin duda esas experiencias hacen que se cultive la fe de una manera más natural, sin obligaciones.
Recuerdo, como venían los fines de semana con nosotros, innumerables cofrades de la sección infantil, que maravilla encontrar su devoción sus ganas de colaborar, sus ansias por aprender, intentábamos inculcarles no solo como hacer las cosas sino también las vivencias en la fe, la responsabilidad de hacer un buen trabajo, recuerdo como muchos de ellos, son grandes amigos y mejores cofrades, Montse, Maria, Eduardo, Cristina, Carlos, Jony, David, son algunos de ellos, gracias a ellos por compartir su alegría, también por compartir como algunos de ellos jugaban con pasos, imaginándose procesiones… No nos olvidemos, somos responsables también de fomentar la fe, de fomentar la devoción y los cultos de nuestras hermandades a los más pequeños, son nuestro futuro, nuestra esperanza de que nuestra vida de hermandad se perpetúe en el tiempo.
En esta época empecé a tener mis primeros contactos con la Junta de Hermandades y Cofradías, era como acudir al centro neurálgico de toda la Semana Santa, conocer de primera mano donde se gestionaba todos los actos, procesiones, celebraciones. Ahí conocí, personas con una sabiduría increíble, personas que transmitían conocimientos sobre la vida cofrade que me enseñan mucho. Es indudable que debemos abrir más la Junta de Hermandades y Cofradías a todos los cofrades, con responsabilidad, con ganas de colaborar y aprender.
Así mismo, recuerdo con mucha devoción, la visita de la Virgen de la Candelaria a La Laguna en el año 1997. Hace ya 26 años de esa visita, y fue mi primer contacto con la imagen mariana, patrona de todos los canarios, fue una experiencia vivida de una manera intensa. Tuve la fortuna de colaborar en esa visita, de seguir adquiriendo experiencias que forjaban más y más mi devoción, mi sentimiento de cristiandad y de religiosidad, entendiendo como en las situaciones más sencillas se veía el amor más incondicional por nuestra fe. Pudimos junto a otros cofrades de nuestra parroquia llevar a la Virgen a su Basílica en Candelaria con solo nuestro esfuerzo pasando por numerosos barrios incluso llegando hasta la Iglesia de Machado empujando, ayudando y sosteniendo a nuestra Madre.
Quisiera aprovechar ahora, haciendo un paréntesis, para agradecer que confiaran en mi para coordinar la visita y a todo el voluntariado en la pasada venida de nuestra patrona en 2018, fue un gran honor para mí, que me lleno profundamente porque el clima de unión de todos los voluntarios, muchos cofrades, otros muchos fieles de distintas parroquias, fue simplemente, maravilloso, fueron 15 días inolvidables, muchos de esos voluntarios están aquí, muchos voluntarios todavía me paran por la calle y a veces ni los reconozco pero siempre reflejan como su fe se enriqueció durante esos días. Fueron días de fervor, de pasión y sentimiento cristiano, con una devoción incalculable por nuestra Madre María, que también hicieron crecer mi fe. Este es otro ejemplo maravilloso, en que la piedad popular une a todos los fieles y esta labor común de manifestar la fe es incalculable, no perdamos nunca estas oportunidades…
Posteriormente, tras volver de mis estudios en Italia, sin dejar de venir cada Semana Santa a certificar mi compromiso con mi fe cristiana a seguir renovando mi deber con mi semana santa, tuve el honor de que para su proyecto al frente de la JHC, D. Pedro Gutiérrez, me pidiera formar parte de su equipo, evidentemente pasaron por mi cabeza, pensamientos de si sería una persona con el suficiente bagaje, el suficiente conocimiento de poder colaborar ya en primer plano con la Semana Santa de La Laguna, al final forme parte de su equipo y fue el inicio de mis vivencias en la Junta de Hermandades y Cofradías, una época que quiero decirles que fue enormemente gratificante, pude formar parte de una tradición de una historia que todavía hoy por hoy me parece formidable. Tuve el placer de conocer todas las hermandades, de conocer sus vivencias, sus experiencias, sus inquietudes. Y todo esto solo hizo sino tener más fe, tener más fe en mi educación cristiana en mis reflexiones, adquiriendo como mías palabras de nuestro Papa en el que nos anima a vivir esta celebración como un «tiempo de gracia» tal y como aparece en la segunda carta a los Corintios, en el que nos recuerda que Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes, instándonos a que no nos olvidemos de los demás, de los que sufren y de las injusticias que viven. En definitiva, no siendo indiferentes. Y para vencerla debemos “dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando recibimos la Eucaristía, donde nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia”.
Posteriormente, forme parte del equipo de Dª. María Cabrera, confirmando que se inició una época de progreso en el mundo cofrade lagunero, de aumento de celebraciones, de un aumento y mejora en nuestra formación cofrade, en la divulgación y el conocimiento de nuestras tradiciones, en poder por fin tener una sede propia, hecho que en el momento actual ya no tenemos, y esto sin duda llena de desasosiego a todos los cofrades. Pido, solicito, a las instituciones que puedan o tengan posibilidad de mejorar esta situación que busquemos alternativas para que ya que no sea solo la casa de la JHC, sino el lugar de encuentro de todos los cofrades, ese fue el objetivo que desgraciadamente nunca pudimos llevar a cabo. Necesitamos un lugar donde numerosas hermandades que no tienen espacios para reunirse, para guardar sus enseres, sus pasos, tengan un lugar donde poder sentirse en casa.
No debemos olvidarnos que el hecho de tener una sede, proporciona un lugar con identidad propia, un lugar de conocimiento cofrade donde podamos cumplir nuestros fines primordiales, ser ejemplos y transmisores del evangelio, ejercer de misioneros en cada parte en la que nos encontremos y por últimoque seamos eclesiales formando parte de una Iglesia viva; con esto demostraremos que la piedad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, siendo en las parroquias y fuera de ellas un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana.
Ya en 2012, afronté uno de los mayores retos de mi vida, en el que varias hermandades me escogieron como candidato y fui nombrado como Presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías de San Cristóbal de La Laguna, hecho de gran responsabilidad y honor hacia mi persona, ya que me considero un cofrade más. Es importante seguir fomentando el espíritu de unión entre las Hermandades que integran la JHC, respetando la idiosincrasia y la autonomía de cada una de ellas, pero haciéndolas partícipes de cada una de las actividades y decisiones que se realizan, colaborando con ellas.
En estos 6 años de mandato al frente de esta gran manifestación de fe, el balance es gratamente positivo, porque los innumerables sinsabores que afrontas en un lugar como este donde te pone a prueba lo más importante que tenemos los cristianos que son nuestras creencias y nuestra fe, hicieron que estas dificultades se transformaran en una mayor devoción, en un aumento de mi fe en Jesucristo, en el ejemplo cristiano de Maria, viendo como su hijo entregaba su vida para salvarnos a todos.
Fueron innumerables acciones que llevamos a cabo los cofrades en estos años, no solo fomentamos labores que fueran fuente de Fe y devoción para todos, sino también fuente de conocimiento de arte y cultura patrimonial de un pueblo que ha vivido y convivido con la Semana Santa desde que esta ciudad se fundó, como si las propias piedras que conforman esta ciudad sintieran que llega la Semana Grande.
Todo esto sin duda, se puede realizar gracias a la unión y la fraternidad de un grupo humano que me acompaño a lo largo de los años, sin ellos nada podía haberse llevado a cabo. Se merecen mi reconocimiento público porque,también gracias a ellos, hicieron que creciera mi fe, gracias a Conchi, Carlos, Ana, Roberto, Hilario, Celestina, Luis, Erick, Octavio, Eliezer y Fran, sin olvidar a mi querido Delegado Episcopal D. Jorge Manuel Fernández Castillo, que se convirtió en confesor y amigo en la fe, en cada uno de los momentos que vivimos juntos.
Sin duda después de todas estas experiencias, hoy, igual que en esos años de niñez, admiro cada paso, cada procesión hace que dia tras dia me siga emocionando, recorriendo en mi piel un escalofrió al sentirme cercano a ti, Señor, a ti que diste tu vida por mí, ofreciéndome tu perdón, y renovándome interiormente. Sin esta convicción sería imposible que desde aquí les transmita lo más importante de esta historia, que con su vida Cristo Resucitó para mí, para ti, para todos los cofrades.
Creo imprescindible que recuerde todas las persones al frente de nuestra Semana Santa, en primer lugar a los Delegados Episcopales que inicialmente fueron Presidentes de la misma, D. Manuel Diaz Pacheco, D. Luis Van de Walle, D. Pedro Juan García Hernández y ya posteriormente solo como Delegados episcopales, D. Daniel José Padilla Piñero, D. Jesús Manuel Gil Agüín, D. Jorge Fernandez del Castillo, D. Juan Antonio Guedes Suarez, y D. Norberto Carlos Hernández Delgado delegado episcopal actual. De igual manera debemos agradecer la dedicación de los secretarios en esa primera época, D. Luis Olano, D. Francisco García Fajardo, D. Jose Luis Álvarez Arvelo, D. Enrique García Melón, D. Jose Antonio Afonso Castillo, D. Alberto Jorge de la Rosa. Tras ellos ya vinieron, los presidentes D. Domingo José Hernández Yanes, D. Juan Antonio Pérez Gómez, en una primera época, D. Pedro Ramón Gutiérrez Hernandez, Dª. María del Mar Cabrera Carballo, D. Manuel Capote Pérez, D. Miguel Ángel Martin de León, y actualmente, D Juan Antonio Perez Gómez de nuevo Presidente actual.
