Plaza del Cristo. Por Domingo Medina

En la Plaza del Cristo siempre se han visto coches… Pero no fúnebres…Foto: Rafael Llanos (La Laguna 1934).

Desde la espadaña del Santuario repican las campanas…De pronto, como cuando cambia el escenario en el teatro,La Laguna adquiere otro aspecto aún sin terminar el verano;falta el veranillo de San Miguel, para finales de mes. La ciudad cambia de color, llegan las primeras lluvias, los estudiantes, los ventorrillos y los cochitos a la plaza. Hasta al Cristo cuando recorre las calles, que lo hace en su cruz de plata, se le ilumina el rostro, parece más alegre que cuando lo hace durante la Semana Santa en la cruz de madera. Sin mirar el calendario sabemos que estamos en septiembre, el mes del Cristo, el mes de La Laguna. Esta ciudad, la más regional del archipiélago, debe convertirse oficialmente en la capital autonómica de Canarias, y sería ahora la oportunidad de plasmar ese sentimiento de justicia en la redacción del nuevo Estatuto.

Para los canarios en general y particularmente para los laguneros, septiembre es lo mismo que decir La Laguna, es lo mismo que hablar del Cristo, pues no en vano lo hemos llamado siempre el Cristo de La Laguna, imagen que llega a la ciudad en el año 1520, poco después de su fundación en 1946. Esta hermosa y venerada talla perteneciente al gótico sevillano llega desde la capital andaluza vía Cádiz, enviada por el duque de Medina Sidonia, según nos cuenta el historiador don Buenaventura Bonnet y Reverón.

Las fiestas que se celebran desde 1607 tienen su origen en la cantidad de milagros que favorecieron a muchas personas  encomedadas al Cristo, que por parte de las autoridades de la época, los señores de Justicia de la Isla y una ordenanza promulgada el 17 de septiembre de 1612, se instituyen las fiestas y su día principal el 14 del mismo mes. Así nos lo cuenta el Padre Quirós en su hermoso libro dedicado al Santísimo Cristo y sus milagros, en la edición publicada en Zaragoza en 1612, y posteriorente en la obra titulada ”El Santísimo Cristo y su culto” realizada por don Buenaventura Bonnet publicada en el año 1957, y reeditada por parte de la Esclavitud con la ayuda del Cabildo de Tenerife en 1985. Tanto la reedición de la primera obra, del Padre Fray Luis de Quirós, como la de don Buenaventura Bonnet, se deben al magnífico trabajo del historiador don Enrique Romeu Palazuelos, que se empeñó en que estos libros no se perdieran.

Recuerdo cuando me visitó en la sede del Palacio Insular, acompañado de mi buen amigo el abogado lagunero y dos veces esclavo mayor don Ramón Álvarez Colomer, para solicitar la ayuda del Cabildo Tinerfeño.

Resulta al menos curioso que se pretendan cambiar unas fechas tan arraigadas en la población, tan significadas para la celebración de las Fiestas del Cristo, alejándolas del día de la Exaltación de la Santa Cruz, con argumentos de poco peso y falta de rigor histórico. Como dice la copla…”…Cuando termine la Entrada solo serás para mi como polvo de bengala”.

La Plaza del Cristo siempre ha sido un lugar de alegrías, un espacio para el ocio, tanto para los mayores como para los niños. El recinto en el que se celebran las fiestas, donde los más pequeños dieron las primeras patadas a un balón, donde aprenden a manejar  una bicicleta o un patín. Un lugar de juegos y de fiestas, nunca un sitio de tristeza, de duelos, como parece que algunos pretenden ahora.

Históricamente la Plaza del Cristo fue Campo de Marte, lugar donde las milicias hacían los ejercicios; así lo dejó escrito el insigne sacerdote e historiador lagunero don José Rodriguez Moure. La plaza fue el lugar donde el 14 de septiembre de 1921, partió de La Laguna un numeroso grupo de artilleros del batallón de montaña con destino a la guerra de África, participando en catorce combates y regresando todos, excepto un soldado que murió de tifus. Se habían encomendado al Cristo de La Laguna que salió de su Convento a despedirles en la madrugada de aquel día. La plaza estaba llena de los familiares de estos soldados y gran parte de la población lagunera.

También se utilizó la plaza durante algunos años como campo de fútbol. Allí jugaba el recordado equipo del San Francisco, del que formaban parte muchos laguneros que se iniciaron en las categorías infantil y juvenil, pasando algunos a categorías superiores, como el Ciprés del barrio de San Juan o el Estrella de la zona de la Concepción, llegando a ser fichados por el Tenerife y equipos peninsulares.

La Plaza del Cristo, en su actual espacio, unida al cuartel del antiguo Grupo de Artillería, debería convertirse en la GRAN ZONA VERDE de la ciudad, con espacios de ocio, senderos, jardines, fuentes e incluso con un pequeño lago, etc..El Santuario  y sus actuales dependencias constituirían el núcleo central de esa gran plaza, integrada en la maravillosa zona que forman el Camino de las Peras y los Parques de la Vega y de la Constitución. No sería cuestión de dinero, sino un proyecto que requeriría imaginación y amor por una ciudad que lo tiene todo. No sigamos destruyendo el legado de nuestros antepasados, esa ciudad alegre, universitaria, abierta sin murallas, llena de vida y no de muerte.

Domingo Medina 

Ex teniente de Alcalde del ayuntamiento de La Laguna. Ex consejero del Cabildo de Tenerife.

Septiembre de 2018

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