Mercosur: un salto a lo desconocido

Ahora le corresponde al Parlamento Europeo decidir sobre el futuro del acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, tras su adopción por mayoría cualificada de los representantes permanentes de los Estados miembros de la UE

Al tomar sus decisiones, los eurodiputados deberán tener en cuenta no solo las cuestiones geopolíticas y económicas, señaladas por la Comisión Europea para acelerar la ratificación, sino también las graves consecuencias de este acuerdo para la agricultura europea.

Esta última carece actualmente de las herramientas necesarias para hacer frente a la competencia de los países latinoamericanos.

Las medidas adoptadas por la Comisión Europea en los últimos días no restablecen el equilibrio y no podrían justificar ningún cambio de posición sobre los aspectos agrícolas de este acuerdo, que perjudica a los agricultores europeos.

En concreto, reducir al 5% el umbral de seguimiento para la activación de la cláusula de salvaguardia para productos agrícolas no modifica la situación. Esta cláusula de salvaguardia es meramente cosmética. No ofrece garantías adicionales a las negociadas en el propio acuerdo.

Además, se han descartado las cláusulas de reciprocidad reales, automáticas y sólidas propuestas inicialmente por el Parlamento Europeo.

En estas condiciones, los agricultores europeos se enfrentarían a una competencia desleal, atrapados entre las normas europeas, con un fuerte impacto en su competitividad, destinadas a proteger el medio ambiente y a los consumidores de la UE, por un lado, y los productos importados que incumplen estas mismas normas, por otro.

La finalización de este acuerdo asestaría un golpe fatal a la credibilidad de las normas establecidas en la UE durante los últimos 20 años para regular la actividad agrícola.

PAC

En cuanto a la reciente declaración presupuestaria sobre la PAC de la presidenta Ursula von der Leyen, esta no constituye en modo alguno una garantía para los agricultores europeos.

Si bien la Comisión Europea ha reconocido que se necesitarían al menos 400.000 millones de euros para preservar el presupuesto de la PAC, en lugar de los 300.000 millones de euros del sobre protegido, la reciente carta de Ursula von der Leyen no ofrece garantías en este momento ni la visibilidad necesaria para los agricultores europeos.

Al contrario, la presidenta de la Comisión Europea deja pendiendo dudas perjudiciales sobre posibles distorsiones de la competencia, no solo de terceros países, sino también dentro del propio mercado interior, en función de las decisiones que los Estados miembros tomen después de 2027 al implementar sus programas nacionales.

Además, la Comisión enfrenta a los líderes nacionales a una ecuación financiera irresoluble, tras haber recortado la PAC en un 20%, la cohesión en un 40% y el Fondo Social Europeo en un 100% dentro del fondo único propuesto.

En estas condiciones, ¿cómo puede la UE garantizar un arbitraje sereno y ofrecer a los agricultores perspectivas claras después de 2027 dentro de un marco común?

Mercosur

Apoyar o no apoyar

En los próximos días, los eurodiputados se enfrentarán a una de las decisiones más importantes de la legislatura actual: apoyar o no el acuerdo del Mercosur.

A estas alturas, dicho apoyo sería malinterpretado por casi todos los agricultores de la Unión Europea. Sembraría las semillas de una profunda ruptura entre Europa y su comunidad agrícola, una de las más comprometidas con este proyecto, que hasta ahora ha permitido a la UE convertirse en una potencia agrícola.

La UE se encuentra en una encrucijada, en una posición extremadamente frágil, en un momento en que las potencias mundiales están convirtiendo la agricultura en una importante arma geopolítica del siglo XXI.

El acuerdo negociado por la Comisión Europea con el Mercosur está obsoleto en este aspecto. Sigue los pasos de todas aquellas negociaciones en las que la agricultura europea ha sido el banquero, el sector perdedor, siempre que se esperaba un beneficio global potencial para la Unión.

En un momento en que la soberanía europea es un leitmotiv repetido hasta la saciedad por los medios políticos europeos y nacionales, esta soberanía depende, en primer lugar, de nuestra capacidad de aumentar nuestra producción agrícola para satisfacer nuestras necesidades de seguridad alimentaria, de nuestra capacidad de abastecer a nuestros socios importadores y de nuestra seguridad de poder construir una base autónoma para nuestra bioeconomía emergente.

Queda por ver la sinceridad de su utilización por parte de algunos, a menos que sea un síntoma de una Europa sin brújula económica, que negocia acuerdos, medidas y contramedidas en función de intereses particulares, sin una estrategia para situar a Europa y a los europeos en la vanguardia de la acción comunitaria.

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