«Majagora. Un hallazgo excepcional» (I), por Mercedes del Arco, Mercedes Martín y Conrado Rodríguez-Maffiotte
La cueva sepulcral de Majagora fue descubierta de forma casual en el año 1974 cuando se realizaban unas obras de desmonte en una finca del municipio de Guía de Isora.
El yacimiento que se ubica en el borde de una colada lávica a 600 msm, en la localidad de Majagora, es de planta irregular (3,50 m. de ancho x 4,45 m. de fondo x 1,60m de alto) y una boca (1,90 m de largo x 1,50 m de alto) cerrada por una pared de piedra seca que fue derruida en el momento del hallazgo.
El espacio sepulcral fue acondicionado con una pequeña capa de conglomerado volcánico y sobre ella un lecho vegetal de sabina (Juniperus phoenicea L.), en la que se colocaron los cadáveres.
Las dataciones obtenidas, hasta el momento, nos indican que el espacio sepulcral se utilizó durante un largo período de tiempo, que abarca desde el 705 AD al 970 AD.
Se trata de un enterramiento colectivo, en el que restos esqueléticos cubrían la superficie del yacimiento desordenados anatómicamente, un aspecto que parece derivar de la alteración sufrida por el espacio en el momento del hallazgo, lo cual nos impide tener certezas sobre el tipo de depósito que se realizó y conocer si se usaron rituales primarios o secundarios. Se recuperaron once cráneos y material postcraneal; entre ellos una pieza excepcional, una vértebra dorsal atravesada por una punta de madera que corresponde al extremo distal fracturado de un arma arrojadiza, un dardo de madera. No se halló material arqueológico que pudiera ser indicativo de ajuar funerario, un aspecto, por otro lado, bastante frecuente en los rituales funerarios de la isla y del Archipiélago.
Datos demográficos y aspectos bioantropológicos generales
En Majagora se han encontrado restos de al menos 32 individuos: 17 hombres, uno de ellos un adolescente, y 15 mujeres. Las edades en el grupo masculino oscilaban entre los 20 y los más de 50 años mientras que el femenino se encontraba entre 15 y más de 50 (con esperanza de vida al nacimiento de algo menos de 30 años para ambos grupos). El estudio de la fecundidad a través de las denominadas “escaras” o huellas de parto a nivel de la pelvis y del sacro del grupo femenino indicó que un 40% de las mujeres presentaban estas señales lo que se corresponde con la media de la isla.
Es importante señalar que en este pequeño grupo poblacional se han observado variaciones discontinuas del cráneo y del esqueleto postcraneal cuya presencia orienta hacia posibles relaciones familiares entre, al menos, algunos de los individuos enterrados en la necrópolis. Estos datos serán confirmados en un futuro mediante los correspondientes análisis genéticos.
La reconstrucción química de la dieta indica que estaba compuesta por algo más del 60% de vegetales siendo el resto carne y productos lácteos con una fracción marina mínima. Por su parte, los análisis del status nutricional del grupo muestran que los marcadores y medidas de stress metabólico-nutricional (líneas de detención del crecimiento o de Harris, hipoplasia del esmalte, estatura media y longitud de los huesos largos) apuntan a que los individuos que habitaron en este lugar pasaron por períodos de hambruna (escasez de nutrientes). Es importante indicar que todos estos marcadores y medidas fueron más frecuentes y en mayor número en el grupo de las mujeres cuya estatura media, como otro indicador más de stress metabólico, quedó entre 1.53 y 1.54 m lo que está lejos de la media para el sexo femenino en la población guanche femenina general (1.59-1.60 m). Con respecto a este último parámetro, los varones mostraban una estatura de 1.67 m, también por debajo de la media que se situaba entre 1.70 y 1.71, aunque no tan marcadamente como las mujeres.
El estudio de los marcadores de actividad física – a través de las huellas que dejan las inserciones tendinosas y la actividad articular en el tejido óseo por la acción muscular productora de los movimientos correspondientes – en este yacimiento orienta hacia un ejercicio intenso tanto con los miembros superiores como inferiores y, también, de la columna vertebral. Las actividades más probables incluyen el uso de los miembros superiores en actividades como el descuerado animal, que se presenta tanto en hombres como en mujeres; carga de objetos pesados sobre los hombros y actividades agrícolas y de recolección en ambos sexos. El uso de pértigas para ayudarse en los desplazamientos, especialmente por los barrancos de la zona; el lanzamientos de banot u otras armas, como jabalinas; los tiros de piedras con la mano y hondas; el uso de las mazas-boleadoras utilizadas por los guanches en sus combates y las luchas cuerpo a cuerpo aparecen en bastante mayor proporción entre los varones. Por lo que respecta a los miembros inferiores, y como no podía ser de otra manera, los marcadores relacionados con largas caminatas por terrenos muy accidentados o el desplazamiento dando zancadas ayudados por pértigas, especialmente en el descenso por las laderas de los barrancos, y, todavía en mayor proporción, los relacionados con la postura de cuclillas o squatting son muy abundantes en ambos sexos. Por último, el esqueleto axial (cabeza y columna vertebral) muestra que la carga de peso sobre la cabeza y la región lumbosacra en hombres y mujeres fue importante y, en el sexo femenino, corresponde en gran medida al transporte de niños a la espalda.
Estudio patológico
En Majagora destacan cuatro grupos patológicos (enfermedad articular degenerativa o artrosis, osteocondritis disecante, malformaciones congénitas y traumatismos) que están muy relacionados con los datos proporcionados por el estudio de los parámetros observados anteriormente.
La enfermedad articular degenerativa o artrosis es bastante frecuente afectando a casi el 30% de los individuos presentes en este yacimiento, independientemente del sexo y a partir del intervalo 25-29 años de edad. La artrosis afecta fundamentalmente a la rodilla, y en bastante menor proporción a la cadera, miembros superiores y columna vertebral. Esto es, sin duda, indicativo del rudo estilo de vida al que tenían que adaptarse sus habitantes y este patrón se confirma al analizar la presencia de osteocondritis disecante (trastorno articular relacionado con el esfuerzo físico, la vascularización ósea y los microtraumatismos que suele aparecer en adolescentes y adultos jóvenes, afectando en mayor proporción a varones), fundamentalmente de rodilla. Esta última patología muestra una prevalencia de casi el 20% y, en este particular yacimiento, muestra una predilección por el sexo masculino de 3:2 que no es tan marcada como en otros lugares de la etapa aborigen de Tenerife, donde la proporción masculina – femenina es el doble e incluso el triple.
Al igual que sucede en otras demarcaciones territoriales de la isla, la presencia de una alta frecuencia de malformaciones congénitas – mayormente localizadas a nivel de la columna vertebral (espina bífida oculta, sacralización de la 5ª vértebra lumbar o lumbarización del primer segmento del sacro) – es señal inequívoca de que la endogamia estuvo muy presente en Majagora, como no podía ser de otra manera por los condicionantes oro-geográficos que tiene esa zona que, sin duda, limitaron de algún modo la movilidad de la gente.
Pero si algo llama la atención en este lugar de Tenerife es la alta frecuencia de traumatismos – un 30% de los individuos de la muestra -, que en una gran proporción se relacionaron con accidentes debido a lo abrupto y escarpado del terreno en el que tuvieron que desarrollar su vida cotidiana con presencia muy importante de malpaíses, desniveles y barrancos. Así, fracturas y luxaciones están presentes con una frecuencia muy elevada, afectando fundamentalmente a los miembros inferiores y observándose más frecuentemente, en una proporción de 2:1, en el sexo masculino. Esta prevalencia de traumatismos accidentales supera con mucho a la del resto de la isla que fluctúa entre el uno y el cinco por ciento, dependiendo de la zona que se estudie.
En lo que hace referencia a los traumatismos provocados por violencia, en el yacimiento de Majagora el hallazgo más importante – y por ello ocupa un lugar destacado en la sección de Arqueología del MUNA como un hallazgo excepcional – es la presencia de una vértebra dorsal media (6ª-7ª) que presenta una lesión causada por un arma punzante (dardo) incrustada en ella y con signos de haber sido roto a propósito tras el ataque. La vértebra pertenece a un varón que en el momento de la muerte tenía entre 30 y 34 años de edad. Se trata de un traumatismo perimortem (aquel que ha tenido lugar alrededor del momento del fallecimiento del individuo) por un dardo o lanza de madera que tiene un diámetro de 5 x 7 mm y que perforó completamente la lámina, traspasando el canal medular de parte a parte y produciendo una sección de la médula espinal con la consecuente e inevitable paraplejia (Fotos 1, 2 y 3). El fragmento de dardo que se conserva mide unos 8 cm de largo, de los cuales 3 se encuentran en el interior de la vértebra. La no existencia de ningún signo de reparación ósea postraumática hace pensar que el tiempo de supervivencia de la víctima fue mínimo y pudo morir inmediatamente, horas o días después de haber sufrido la agresión como consecuencia de las secuelas y complicaciones (agentes infecciosos introducidos en la herida) o a causa de otros traumatismos que la ausencia de otros elementos óseos ha impedido aseverar. Tanto el agresor como la víctima parecen haber estado en posición erecta en el momento del ataque y el lesionado fue alcanzado por detrás bien en una emboscada o bien tratando de huir del agresor (…).

