La sonrisa del Papa que no perdió en todo momento

John Lydon: “Robert Prevost entendía la autoridad como un servicio y siempre quiso caminar con la gente”
John Lydon, religioso agustino nacido en Toronto, que compartió durante casi diez años comunidad con Robert Prevost en Perú. Su testimonio permite asomarse a una etapa decisiva en la vida del actual papa León XIV: la de misionero en uno de los periodos más convulsos de la historia reciente del país andino.
Lydon conoció a Prevost años antes en la Universidad de Villanova, pero fue en Perú donde nació una convivencia más profunda. Ambos coincidieron en la misión agustiniana de Trujillo durante la década de 1990, marcada por la violencia de Sendero Luminoso, la crisis social y el endurecimiento político del régimen de Alberto Fujimori.
“Fueron años muy difíciles, pero el padre Roberto siempre tuvo claro que nuestra misión era acompañar al pueblo”, recuerda.
En medio de aquel contexto, Prevost desempeñó un papel decisivo en la organización pastoral de las parroquias del sur de Trujillo. Según explica su antiguo compañero, impulsó una estructura en la que los laicos asumían responsabilidades reales dentro de la vida eclesial, anticipando una visión de Iglesia que hoy muchos identifican con la sinodalidad.
“Teníamos una experiencia de Iglesia sinodal mucho antes de que esa palabra se hiciera común”, afirma.
Pero su labor no se limitó al ámbito parroquial. La comunidad agustiniana decidió permanecer junto a la población pese a la violencia, rechazando incluso la posibilidad de abandonar el país:“Cuando nos pidieron un plan de salida, presentamos un plan para acompañar al pueblo en su tiempo de cruz”.
Lydon recuerda también el compromiso del entonces padre Prevost con la defensa de los derechos humanos durante aquellos años. Desde las parroquias promovió campañas, movilizaciones y recogidas de firmas en favor de la dignidad de las personas más vulnerables.
Como formador, destaca su paciencia y su capacidad para acompañar personalmente a cada joven en su discernimiento vocacional: “Era una persona muy serena. Escuchaba mucho. Nunca imponía desde arriba; prefería caminar con los demás”.
Ese mismo estilo se reflejaba en su forma de gobernar. Para Lydon, la autoridad en Prevost nunca fue ejercicio de poder, sino una forma concreta de servicio.
Entre los recuerdos más entrañables, su antiguo compañero evoca una costumbre que reflejaba el cariño del pueblo peruano hacia quien hoy es León XIV: sus cumpleaños en Trujillo podían prolongarse durante varios días: “Cada barrio quería celebrarlo. Durante más de una semana tenía cenas, misas y fiestas porque la gente quería agradecerle cómo los trataba”.
Para quienes compartieron aquellos años con él, el pontificado de León XIV no ha cambiado lo esencial de su personalidad: “Lo que hoy ve el mundo es el mismo hombre que conocimos en Perú: un pastor cercano, firme y profundamente humano”.
