La mágica noche de San Juan envolvió un año más a la isla de Tenerife

La Laguna, con sus barrios y pueblos que van de la cumbre al mar ardieron la pasada noche con las hogueras de San Juan. Mientras, en Icod de los Vinos los protagonistas fueron los hachitos, que iluminaron toda la montaña
La fiesta de San Juan, con sus prácticas mágicas, envolvió anoche todos los pueblos de Tenerife, siendo la gran protagonista la hoguera, en torno a la que jóvenes y adultos cantaron, degustaron los productos típicos y saltaron las llamas para purificar sus cuerpos.
Las que más saltaron las hogueras fueron las jóvenes para no quedarse sin novios, como dice la copla:
«Salten muchachas saltaderas
fuego del Señor San Juan
la que no salte el fuego
soltera se quedará».
Las hogueras tienen sus orígenes en el culto al sol durante el solsticio de verano, cuyas prácticas y ritos, a pesar de la Iglesia, han sobrevivido hasta la actualidad, sin perder su esencia tradicional.
En Tenerife, la festividad surge a raíz de la epidemia de las landres o peste que azotó principalmente La Laguna y Santa Cruz, con una cifra de víctimas que, según el historiador José de Viera y Clavijo, se aproximó a las 1.000 personas. La enfermedad penetró a través de unos tapices de Levante que se trajeron para el Corpus lagunero.
La enfermedad desapareció a raíz de las rogativas que hizo el pueblo a San Juan Bautista, el cual fue tomado como patrono y abogado de la peste ante el escribano mayor del Cabildo, el 25 de junio de 1582.
Aunque las hogueras alumbraron todos los pueblos tinerfeños, hay actos que han desaparecido y que las comisiones de fiestas, como la del Ayuntamiento de Santa Cruz, deberían recuperar, como las verbenas populares de la plaza de San Telmo, el baile de los mantones, los arcos de frutas y flores en el puerto, las carreras de sortijas o la lucha canaria.
El mensaje de la hoguera encendida en el centro de los pueblos se puede interpretar como una forma de preservar, con el objetivo de transmitir al fuego purificador las enfermedades o las cosas negativas, pues el fuego todo lo destruye.
