La Lotería de Navidad en otros tiempos no lejanos en el Casino de La Laguna. Por Julio Torres

Era costumbre desde el viejo edificio de la calle de La Carrera que el conserje de portería vendiera décimos de lotería para el sorteo de Navidad, y en los casos que “sonara la flauta”, se repitiese con el sorteo de “El Niño”.
Aquel hombre mayor con un pie perjudicado, no sé si por una enfermedad infantil, si por un “accidente” en la contienda civil, cuando llegaba el mes de noviembre, allá por Todos los Santos, te decía “ya se aproxima La Navidad y ya tengo los primeros decimos a le venta…El número es el mismo, que termina en 13, y a lo mejor este año toca”.
Décimos de lotería que los socios se los comprobamos a él como una especie de propina que le dábamos por sus atenciones durante todo el año, además de que las propinas las repartía con las señoras de la limpieza y camareros.
Una costumbre que todos los años en días como el de hoy, víspera de la celebración del sorteo y antes que devolviese los décimos sobrantes, hacía que nos reuniésemos a comer los habituales de aquella cocina familiar, aquella cocina de pucheros y filo con salsa y ensaladilla… Allí, entre otros, don Melchor Luz, Luis Miranda, algún Oliva, no faltaban los Godiños, Carlos Hamilton y otros…Entre estos últimos bastantes miembros de la “Pandilla de la Manzanilla”.
Normalmente yo me encargaba de preguntar al portero mayor, Alcibíades, que así se llamaba, cuántos decimos tenía para devolver. Quizá sólo quedaban cuatro o cinco, que a 2.000 pesetas más 100 de propina, no pasaba normalmente de unas 10.000 pesetas. Abonando esta cantidad entre todos, entre a 600 ó 700 pesetas, evitábamos que se devolviera a Penedo aquellos billetes del dichoso 13.
El bueno de Alcibíades ponía una carita de alegría tremenda cuando le comprábamos el “remante”, y con la misma ilusión que hoy tenemos la mayoría de los españoles con el sorteo que comenzará mañana a las 7:30, hora canaria.
No falta la cuenta de cuantos millones nos tocarían con los décimos y el reparto que correspondería a “La peña del Remate del sorteo de Navidad”.
Además era una satisfacción tremenda saber que las propinas iban a parar a los estrechos sueldos del servicio del Casino.
No hace muchos años, por Navidad, se instaló una especie de usura en el Casino. Un ser raro, extraño y un tanto usurero, aterrizó en los mandos de la entidad y allí, en una junta de gobierno, decidieron “nacionalizar” la lotería de Navidad, así como las propinas que a partir de ese momento quedarían para la entidad. Una fuente de ingresos que no se podía dejar en manos del personal.
A partir de ese momento, se terminó el susurro de “Ya llegó el numerito, que seguro que este año toca”. Ahora, grandes carteles, te anuncian que pases por secretaría y te lleves el billete al precio de 23€ y que tengas suerte.
Todos los años sigo comprando el número, aunque me di de baja del Casino, desde que ciertas prácticas y chabacanerías se instalaron en esta otrora señera sociedad lagunera.
PD. Igual mañana sale y por allí no pasaré a celebrarlo…No me gustaría ver la cara de parte del personal viejo recordando que, si hay propina por el premio, a ellos no les tocará nada por ser la mano inocente que vendía el número a los socios. Eso sí, llevo el décimo comprado directamente en la administración, donde no di propina para ningún usurero
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