La leyenda del Fantasma de la lagunera Plaza del Juego de Los Bolos (y VI). Por Julio Torres Santos

concepcion junta suprema

¿Se captura al Fantasma de la lagunera Plaza del Juego de los Bolos?

La noche del 2 de noviembre de 1865, el joven indiano Gallardo, vestido completamente de negro, se apostó en la pila de la plaza del Juegos de los Bolos (Plaza de la Junta Suprema de Canarias).

El único ser que se cruzó en su camino durante un buen rato fue un flaco gato callejero, que le dirigió unos maullidos entre furiosos y asustados y, tras una mirada, se alejó rápidamente de él. Así continuó unas horas más.

“¡Las once en punto y sereno!”….se escucha en la lejanía. En ese preciso instante, el fantasma emergió de entre las sombras de la calle de San Agustín, para cruzar la Plaza y tomar de nuevo el Callejón; antes se paró delante de Gallardo y, sin descubrir su presencia, después de mirar bien el callejón, depositó una cadena en el frío y húmedo suelo, que fue arrastrando con la intención de ahuyentar a los serenos.

Éstos, aterrorizados, formando un corrillo en una esquina, oyeron el tenebroso sonido y murmuraron “Ya está el fantasma en el Juego de los Bolos. ¡Qué miedo!… La ciudad es suya. ¿Hará alguna fechoría?” A continuación, lo ven pasar por el Lomo de La Concepción.

Gallardo, guiado por el ruido de las cadenas, lo siguió a distancia por las calles de Las Candilas, Pescadores (Manuel de Ossuna), dirección al barranco Cha Marta con dirección al Campo Santo.

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A la altura de Los Molinos que precedían el cementerio de San Juan, Gallardo, preso de pánico, pero superando toda adversidad, observó cómo una grácil figura hacía su aparición con dos teas encendidas. Al igual que él, vestía ropas de lienzo blanco que hacían que su silueta destacase en la oscuridad del entorno.

-A juzgar por su complexión –pensó-, se trata de una mujer.

La figura avanzó unos pasos y, entonces, se quitó una capucha que llevaba, descubriendo su faz.
-¡Qué hermoso rostro! – tuvo que admitir Gallardo.

Pero aquella belleza tenía algo especial, era de naturaleza salvaje como la luna, los bosques o las montañas. Una belleza que pocos se atreverían a tocar. El cabello, largo y negro, le daba un aspecto exótico. Sus labios gruesos y su figura atractiva haría hervir de envidia a muchas beatas de la sociedad lagunera que se suponían guapas.

Gallardo oyó cómo el fantasma le preguntaba:
– ¿Dónde está tu marido?

– Para Tacorente a por más trigo, Señor –contestó tras una sonrisa.

Entonces, Gallardo lo entendió todo. Para él era una lástima que esos bellos amoríos del señor y la molinera tuviesen que llegar a su fin, especialmente en una noche como aquélla, pero….¡Qué se le iba a hacer!

Con una sonrisa dibujada en su rostro, dijo:

– A la Paz de Dios, que ustedes lo disfruten antes de que llegue el marido…

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Desde aquella noche no se volvió a ver al fantasma del Juego de los Bolos; triste final para unos bellos amoríos. El Fantasma fue un auténtico romántico, un enamorado lagunero que buscó y encontró como única salida a su frustración la ironía, el arrojo, la ocurrencia y la inteligencia para aprovecharse de la superstición y el temor de los serenos…. Eso sí, con “nocturnidad”.

A nadie se le escapa que, para relatar esta leyenda de Fieles Difuntos, nos hemos apoyado en «La Molinera», una fantasía popular que se localiza en diversos lugares de la geografía española. Y es que La Laguna del XIX no podía ser menos.

Desvelamos pues, el final: la leyenda consiste en el enamoramiento de un Corregidor de una bella joven casada con un molinero, y del ardid de que se valió para seducirla.

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