La Laguna que tuvo carnavales desde siempre pero ya en el siglo XX, el centro, o, mejor dicho; el epicentro de aquél terremoto carnavalero, fue el Teatro Leal.

También conocido como bar Alemán.

Ya en los carnavales de los años 50 Enrique Martín «Kike» y Miguel Lemus, pasearon los adoquines de La Carrera sobre patines como si fueran las actuales chicas de los centros comerciales. Salían a cara descubierta en la época de la máscara ensabanada y voz de falsete que repetía insistentemente

«Bandido, bandido…» mientras te azotaban con un abanico sujeto por un guante con mas pelos dentro que el pecho de un gorila. La máscara de careta sufría enormemente al ser descubierta, tapada de pies a cabeza, se delataba por sus andares característicos.

Kike se caracterizaba perfectamente de Daniel, el grandísimo bastión del bar Alemán, y terminaba detrás de la barra haciendo su servicio junto a su doble caricaturizado.

Kike de Joe Carioca en el Leal, finales de los 50.

Pero su disfraz favorito era el de Groucho Marx, al que imitaba maravillosamente, consumiendo un interminable habano al grito de: «Más madera».

Aquel embrión del folclore que más tarde sería «Los Sabandeños» solía disfrazarse en grupo. Una vez como componentes de un Kindergarden y otra, memorable, reproduciendo un esperpéntico grupo musical, antecedente claro de Les Luthiers, en donde Pepe Abad interpretaba magistralmente, -en el sentido lagunero, se entiende- el Danubio Azul o el Adiós a la Vida de Tosca. Los espectáculos se celebraban en el interior del bar o en la contigua terraza del Casino, grada natural que inmortalizó las mejores instantáneas del carnaval lagunero.

Grupo de bañista en la fría calle La Carrera en febrero del 69. De pie: Tono, ¿?, Ángelito Oliva, sentados Fernando «el Largui» y Eduardo «Porreto».

La Laguna ha tenido durante muchos años máscaras fijas como el dúo formado por Antonio Caridad y Emilio «el Pupi», las insuperables versiones de lecheras de Fernando «el Largui» o de Eduardo «el Porreto», y, cómo no recordar ahora a nuestro queridísimo Chuchin, venciendo la adversidad con sus magníficas entregas carnavaleras. Todo ello pasaba impepinablemente por el bar Alemán, y más tarde por su sustituto, en nombre y forma, que no en lo demás, bar Carrera.

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