La Laguna en otoño: Rincones (V)

El Monasterio Santa Catalina de la Siena está ubicado en la Plaza del Adelantado en el centro histórico de la ciudad de La Laguna
Su fundación, en 1611, es obra personal de Juan de Cabrejas – a quien algunos historiadores confunden con su padre, Francisco de Cabrejas -, natural de Telde, regidor de la isla de la Palma, y de su esposa María de Salas, natural de Tenerife. Desde entonces, el convento continúa alojando a las monjas dominicas de clausura.
Desde el 15 de septiembre de 1600 Cabrejas había comprado las casas propiedad de los Adelantados de Canarias, por 2.000 doblones de oro. El 3 de mayo de 1605 dio posesión de las mismas a los frailes dominicos y, junto con su mujer, otorgó escritura de fundación del convento, en Santa Cruz de La Palma, el 20 de agosto de 1606.
En estas casas, cuenta Rodríguez Moure (1935, p. 134), “fabricaron la iglesia y claustro tal cual se ven en el presente, correspondiendo aquélla a la que fue frontis de la casa en su crujía principal; más tarde (…) pudo adquirir el convento, por compras sucesivas, toda la manzana que ocupa en la actualidad”.
La iglesia fue construida en torno a 1607-1608, corriendo la obra de albañilería, según Cioranescu (1965), a cargo de Benito Afonso y, después, de Juan González; la cantería fue obra de Marcos Báez, de Gran Canaria.
Transcurrido menos de un año del fallecimiento de su fundador, el 23 de abril de 1611, se inaugura el convento de Santa Catalina, por la entrada en clausura de cuatro monjas procedentes de Sevilla.
Con el tiempo, el convento llegó a una riqueza que lo situó entre los primeros de la Isla. Como muestra este dato: el número de sus monjas llegaba a cien a finales del siglo XVII. Sin embargo, en palabras de Cioranescu (1965, p. 107), “el convento ha perdido sus bienes raíces de resultas de la desamortización; después de ésta, las condiciones económicas de la comunidad han sido siempre muy precarias”.
La iglesia es de una sola nave, formando un gran rectángulo luminoso, con piso de mármol y con paredes imitando la piedra; el techo del artesonado ha sido encalado, pero conserva su forma característica y los siete travesaños de madera labrada y pintada.
La iglesia contiene diversas obras de interés. De las escultóricas destacan el retablo mayor, la Virgen del Tránsito y Santa Rosa de Lima.
El retablo mayor fue realizado entre 1665 y 1667 por Antonio de Orbarán y Antonio Álvarez. De estilo barroco, muy recargado, en él se distinguen las dos manos que trabajaron en su composición. Lo integran dos cuerpos con doble remate. En el cuerpo inferior, el nicho central está ocupado por la imagen de la Virgen del Rosario, entre Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Sena, las tres imágenes de vestir. En el cuerpo alto está un cuadro del Corazón de Jesús, entre dos lienzos de San Vicente Ferrer y de San Pedro de Verona.
La Virgen del Tránsito (o Difunta) fue esculpida en el siglo XVIII por fray Miguel Lorenzo Villanueva (1674 – 1728). Rodríguez Moure (1935) cuenta que perteneció, con la magnífica urna de plata, alhajas y ricos vestidos de la imagen, a la capilla que en el claustro de San Agustín poseían los Abreu.
La imagen de Santa Rosa de Lima, es obra de Rodríguez de la Oliva (1695-1777), quien según Rodríguez Moure (1935, p. 128) “supo interpretar la pureza y candor de la virgen cristiana, sin tener que quitar nada a la hermosura tropical propia de la tierra en que nació y murió la azucena de Lima”.
Las pinturas de ángeles y santos de los laterales son también obras a resaltar. Guarda asimismo unos frontales de plata y un Sagrario dignos de mención.
No podemos terminar este breve esbozo histórico del convento de Santa Catalina de Sena sin nombrar a la más ilustre de sus monjas: la Sierva de Dios María Jesús León y Delgado (1643-1731), fallecida en opinión de santidad, cuyo cuerpo incorrupto se conserva en su interior desde el siglo XVIII y que está en proceso de beatificación.
