La Laguna en enero: La Tradición de los Reyes Magos (III)

Las Cabalgatas y Autos Sacramentales de los Reyes Magos en San Cristóbal de La Laguna (III). Por Julio Torres
La versión de Punta del Hidalgo ya no se representa en la actualidad y en Tejina se afirma que procede de la de ésta localidad. Este auto incorporaba un efecto conocido como “correr la estrella”. Para describirlo, valgan las palabras de Juan Primo de la Guerra, aunque se circunscriban a la iglesia del Pilar : “efectivamente, un farol en figura de estrella, que tirado por cuerdas sale de la baranda del coro, va hasta la capilla colateral en donde está el nacimiento”.
En torno a “correr la estrella” en la Punta del Hidalgo se cuenta una graciosa anécdota. Hasta que no le tocaba entrar en escena, el actor encargado del papel de Herodes permanecía escondido en el confesionario que, convenientemente enmascarado, hacía las veces de su palacio. En cierta ocasión, la cuerda que transportaba el “farol-estrella” se rompió a causa del calor que desprendía la vela, con tan mala suerte que el farol golpeó fuertemente el improvisado palacio. El estruendo y el fuego hicieron salir despavorido a Herodes de su escondite. Sucedió en torno a 1920.
Esta rivalidad entre lugares cercanos (como entre Tegueste y Tejina), es una constante en las representaciones del auto de los Reyes Magos en Tenerife, de forma que cada uno acusa recíprocamente a su vecino de plagiario; de ahí la dificultad de establecer con exactitud la fecha en que comenzaron las representaciones en cada localidad. Así, por ejemplo, mientras Navarro Artiles afirma que la representación en Tejina comenzó en 1916, María Ángeles Sánchez establece que fue en 1905. Con relación a esto cabe afirmar que, al parecer en 1906, se celebró el auto en el interior de la iglesia y que, debido a la gran cantidad de gente que se dio cita en el coro para presenciarlo, las maderas de la construcción cedieron. Para evitar que se repitiera este suceso, el párroco obligó a que se celebrase en la calle. De todas formas, otra constante en estas representaciones en Tenerife fue las frecuentes prohibiciones de los párrocos para que tuvieran lugar en el interior de los templos.
