La Laguna en diciembre: Tradiciones Navideñas (IV)

Monseñor Franco Cascón, acudía al Orfeón La Paz a interesarse por la campaña de recogida de juguetes para los niños más necesitados, allí era recibido por su presidente don José Hernández Abrante y su junta directiva. Siempre, gracias a dios,  los salones del viejo Orfeón en la plaza de la Concepción rebozaban de la solidaridad de nuestro pueblo lagunero.

Las vacaciones de Navidad

Por las mañanas La Laguna era prácticamente como un día cualquiera del año, los padres y abuelos trabajaban, mientras las mujeres acudían al mercado o “la venta la esquina” para la compra diaria y abastecerse de chucherías para Navidad y reyes.

Por las mañanas las calles de La Carrera y Herradores no despertaban gran animación, por la tarde sí, cuando los padres volvían del trabajo. Entonces los que trabajaban en la administración del estado, el muelle, el aeropuerto, y otros Cuerpos de la Seguridad del Estado disfrutaban de aquellos Economatos (donde no faltaba la mantequilla y la leche holandesa, los polvorones, el turrón de Xijona, los dulces de estepa, las figuritas de mazapan de Toledo; los piñones, las peladillas, las frutas escarchadas ni el chocolate Ingles) donde todo era más barato que en los ultramarinos, comercios y ventas de barrio. A mediados del mes de Octubre, se exponían también juguetes “de muestras” para los padres; anotándose la referencia se pedía. Con la misma, varias semanas después había que recoger los reyes; en las casas de los abuelos existían habitaciones infranqueables para los chiquillos; había que esperar a que en la noche mágica se los “echaran”. Las trampas (denominación de las compras a plazos) del día de reyes se pagaban en varios meses, anotándose en libretas o libros de deudas en los comercios.

En estas fiestas había una figura “Guayo el Cartero” -por supuesto con uniforme de color gris y gorra de plato-, cargando y soportando un gran peso en uno de sus hombros de una gran maleta de cuero, llena de sobres y paquetes a entregar a domicilio, libros de acuse de recibo de los certificados o reembolsos. Felicitaciones o cartas, provocando lágrimas de felicidad, y otras de desilusión por aquel familiar que se encontraba fuera de las Islas, y llegaba para estar con los suyos en las fiestas.

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